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Es el momento para el euro de convertirse en la divisa de referencia

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Por Didier Saint-Georges para el Financial Times – Markets Insight - Descargue el artículo


Un dólar de capa caída y el refuerzo del eje Macron-Merkel han revitalizado la divisa única.

El euro podría volver a adelantarse al dólar como moneda de reserva dominante. Normalmente, en lo referente a las tendencias macroeconómicas, un año es un plazo breve, pero, en este caso, ha sido más que suficiente para darle un vuelco a la posición estratégica relativa del euro frente al dólar.

Cuando Donald Trump ganó las elecciones en 2016 y se convirtió en el nuevo presidente de EE. UU., su «promesa económica» era una forma de neomercantilismo que, de cumplirse, tenía el potencial de impulsar el valor del dólar hasta nuevas cotas. Así, el programa de Trump aspiraba a apuntalar el crecimiento económico estructural del país norteamericano reduciendo al tiempo su déficit comercial.

Este singular enfoque doble se haría posible mediante generosas inversiones en infraestructura y una reforma fiscal de amplia envergadura, a las que se sumaría una política comercial sumamente proteccionista. Pero el gran plan de Trump ha quedado en papel mojado.

Sus ambiciones no han sabido sobreponerse a la realidad de las limitaciones presupuestarias y las divisiones políticas. Además de retirarse del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por las siglas en inglés de Trans-Pacific Partnership), el Gobierno de EE. UU. no ha sido capaz ni siquiera de comenzar a materializar sus amenazas de tornarse más proteccionista, además, el déficit comercial estadounidense no ha dejado de avanzar. Así, el Ejecutivo de Trump ha demostrado ser más ladrador que mordedor.

Al mismo tiempo, el futuro político de la zona del euro volvía ponerse en duda por la oleada de movimientos populistas que se propagaba entre los Estados miembros. Poco después de la decisión del Reino Unido de abandonar la Unión Europea, tomada mediante referéndum, las inminentes elecciones presidenciales francesas parecían abiertas a la candidata nacionalista, que abogaba por que la segunda economía de la zona del euro dejara atrás la moneda única para volver al franco francés. No obstante, 2017 ha traído consigo una situación radicalmente opuesta a esta hipótesis.

El partido nacionalista de Geert Wilders sufrió una aplastante derrota en las elecciones generales de los Países Bajos y el pueblo francés votó a un reformista explícitamente proeuropeo, Emmanuel Macron, para ser su nuevo presidente. No en vano, este giro de los acontecimientos brinda una oportunidad de proporciones históricas a la zona del euro. Alemania parecía cada vez más aislada en sus esfuerzos por liderar a sus socios europeos hacia la disciplina presupuestaria. Y dado que tanto EE. UU. como el Reino Unido rechazan categóricamente la visión alemana de la construcción europea, ésta podría haberse visto incluso más aislada.

Sin embargo, gracias a la victoria de Macron, Alemania puede respaldarse por fin en otro líder europeo que comparte su visión de convergencia económica (tal y como se recoge en las reformas Hartz, el modelo que sienta las bases del programa de transformación de Macron para impulsar la eficiencia económica en Francia).

No cabe duda de que Macron necesitará unos cuantos meses más para convencer a los alemanes de que ésta vez será la vencida, y de que las manifestaciones en las calles no frenarán el programa de reformas aprobado por una gran mayoría parlamentaria.

A pesar de ello, el estímulo de un posible eje Macron-Merkel ya ha revitalizado la posición del euro a escala internacional. De manera muy similar al momento de su lanzamiento, la divisa única reivindica cada vez más su condición de rival como moneda de reserva en un momento en que los inversores extranjeros, tanto públicos como privados, trasladan sus capitales a la zona del euro.

Este punto de inflexión revierte una enorme importancia para las divisas, puesto que, mientras que el déficit comercial sigue ampliándose en EE. UU., el superávit por cuenta corriente de la zona del euro supera el 3 % del PIB. Así, si el eje francoalemán demuestra su capacidad de aprovechar esta oportunidad histórica de librar a la zona del euro de sus dudas existenciales, podría dar comienzo una era de bonanza sostenida para la divisa única.

No sorprende que el fracaso del impulso del modelo político estadounidense también esté beneficiando a China. La salida de EE. UU. del Acuerdo de Asociación Transpacífico puede interpretarse como un visto bueno simbólico a las ambiciones regionales y mundiales del gigante asiático. De nuevo, ahora que EE. UU. parece estar dándoles la espalda, los países asiáticos sin duda escucharán la oferta de China de estrechar sus relaciones. El Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras, la nueva Ruta de la Seda (One Belt, One Road) y sus aspiraciones de establecer su propia divisa de reserva, el renminbi, se están viendo favorecidas por la actitud de EE. UU.

Por último, aunque no menos importante, el cuestionamiento del statu quo geopolítico del dólar ofrece también un balón de oxígeno al oro, la moneda de reserva por excelencia, cuyo precio rompe ahora con su tendencia a la baja, iniciada tras el pico de 2011. En conclusión, dejando a un lado los factores técnicos, la fortaleza del euro refleja tanto la debilidad de la divisa estadounidense como las nuevas esperanzas acerca de la capacidad de Europa de pasar página de forma convincente tras seis años de amenazas existenciales. Nada es inamovible: la visión de EE. UU. podría dar de pronto un giro de 180 grados y el desafío de aunar a Europa podría demostrar estar fuera del alcance de Francia y Alemania, a pesar de los esfuerzos renovados de ambos países. No obstante, la oportunidad está ahí para aprovecharla. La opción del euro ofrece un enorme valor.
 

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