Columbia Threadneedle Investments
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La incertidumbre de la guerra y la política monetaria

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Por Anthony Willis, Senior Economist, Columbia Threadneedle Investments

  • La posibilidad de una mayor escalada en la guerra de Irán ha situado a los bancos centrales globales ante un dilema sobre la futura trayectoria de los tipos de interés.
     
  • Cuatro grandes bancos centrales se reunieron la semana pasada y, aunque no adoptaron medidas, el tono fue claramente restrictivo, con los elevados precios del petróleo incrementando la inquietud.
     
  • Ahora se espera que el Banco de Inglaterra y el Banco Central Europeo lleven a cabo tres subidas de tipos este año para contrarrestar cualquier presión inflacionaria derivada del shock inicial de los precios energéticos.
     
  • La solución para unos precios altos del petróleo son los propios precios, que terminarán ralentizando la economía y provocando una desaceleración de la demanda, lo que también podría permitir a los bancos centrales bajar tipos.
     
  • No obstante, la incertidumbre es actualmente el principal problema: ni los bancos centrales, ni los políticos ni los operadores petroleros tienen una idea clara de lo que sucederá a partir de ahora.

Hoy analizaremos el conflicto en Irán y su impacto en la política monetaria de los bancos centrales. La semana pasada estuvo marcada por una intensa ronda de reuniones de política monetaria de los principales bancos centrales, y el tono ha cambiado por completo en relación con la futura trayectoria de los tipos de interés. En cuanto al conflicto, no hay señales de resolución. De hecho, los riesgos de una mayor escalada siguen al alza, dado el ultimátum del presidente Trump para reabrir el estrecho de Ormuz, acompañado de amenazas de ambas partes de nuevos ataques contra infraestructuras energéticas. Irán, por su parte, ha vinculado la reapertura del estrecho al levantamiento de sanciones económicas más amplias. La situación no parece tener una solución a corto plazo.

Mientras tanto, los bancos centrales se encuentran en una posición especialmente delicada. Los cuatro principales se reunieron la semana pasada y, aunque ninguno modificó su política monetaria, el cambio en su lenguaje es evidente. De cara a lo que viene, son plenamente conscientes del riesgo al alza para la inflación derivado de los precios energéticos. Como referencia, el Brent cotizaba el 23 de marzo en torno a los 114 dólares por barril, tras haberse mantenido por encima de los 100 dólares durante toda la semana pasada. Encadena cinco semanas consecutivas de subidas y acumula un alza del 56% interanual. Los bancos centrales han dejado atrás el “buen momento” al que Christine Lagarde se ha referido durante meses: ahora, las subidas de tipos están en el horizonte y los riesgos inflacionarios siguen sesgados al alza. Si se observa la curva de futuros del petróleo, los precios superan los 100 dólares por barril hasta julio y se sitúan aún entre 85 y 90 dólares para los contratos de diciembre. Conviene recordar que, a comienzos de año, el consenso situaba el precio del petróleo en torno a los 60 dólares para 2026, en un contexto de abundante oferta. Ahora, ese escenario ha quedado claramente superado.

Desde la perspectiva de los bancos centrales, las subidas de tipos tienen un impacto limitado sobre un shock energético, pero el recuerdo de lo acontecido en 2022 sigue muy presente. Entonces, reaccionaron con lentitud ante la crisis energética, pese a que ya existían presiones inflacionarias y el contexto era distinto. Sin embargo, el lenguaje actual sugiere que los bancos centrales consideran necesario subir los tipos con relativa rapidez para contener los efectos de segunda ronda de la inflación tras el shock inicial de precios energéticos. También buscan influir en las expectativas de inflación. Todo apunta, por tanto, a que los bancos centrales continuarán subiendo tipos mientras persista el conflicto y no se produzca una desescalada en las próximas semanas.

Las expectativas del mercado apuntan a que tanto el Banco de Inglaterra como el Banco Central Europeo acometerán tres subidas de tipos este año, un giro notable respecto a hace apenas unas semanas. En Estados Unidos, se espera que la Reserva Federal (Fed) no baje tipos este año, aunque podría hacerlo el próximo. Con todo, a estas alturas reina la incertidumbre. Como señaló la semana pasada el presidente de la Fed, Jay Powell, “nadie lo sabe”. Y ese es precisamente el problema: ni los bancos centrales, ni los políticos, ni los operadores petroleros… en definitiva, nadie dispone de visibilidad sobre lo que vendrá a continuación.

La historia demuestra que la solución para unos precios del petróleo altos son los propios precios. Con el tiempo, estos frenan la actividad económica y destruyen demanda, lo que ha permitido en otras ocasiones a los bancos centrales - tras haber subido tipos- proceder a bajarlos. A corto plazo, la liberación de reservas está contribuyendo marginalmente a contener el precio del petróleo, pero no puede prolongarse indefinidamente. También persiste cierta esperanza de que el conflicto no se prolongue en el tiempo. Sin embargo, en el momento actual los escenarios son claramente binarios: es posible avanzar hacia una desescalada, pero también cabe una escalada significativa, en cuyo caso los 150 dólares por barril volverían a dominar los titulares.

Incluso ahora ya se observan riesgos relevantes: los mercados vuelven a registrar caídas y, aunque los movimientos no son especialmente bruscos, el apetito por el riesgo comienza a resentirse ante la posibilidad de un conflicto más prolongado, que implicaría unos precios del petróleo más elevados y unos tipos de interés altos.

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Columbia Threadneedle Investments es la marca global del grupo de sociedades Columbia y Threadneedle.
 

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