Los bancos centrales toman protagonismo
Por Anthony Willis, Senior Economist, Columbia Threadneedle Investments
- Semana clave para los bancos centrales: el Banco de Inglaterra, el Banco de Japón, el Banco Central Europeo y la Reserva Federal de EE. UU. celebran sus reuniones de política monetaria.
- La falta de claridad en torno a los acontecimientos en Oriente Medio y sus implicaciones hace prever que la política monetaria se mantendrá sin cambios por ahora.
- Aun en “pausa”, los bancos centrales seguirán de cerca la evolución de los datos, vigilando especialmente hasta qué punto el encarecimiento de la energía se traslada a la inflación subyacente.
- Anticipamos un enfoque paciente: los bancos centrales serán conscientes de que unos mayores costes energéticos actúan como freno natural de la actividad económica, lo que a su vez debería aliviar las presiones inflacionarias.
- No prevemos un shock inflacionario de la magnitud del asociado al conflicto en Ucrania, aunque somos conscientes de que las consecuencias económicas serán más graves cuanto más se prolongue el conflicto.
Esta semana ponemos el foco en la que se perfila como una semana intensa para los bancos centrales, dado que los bancos centrales de todas las economías del G7 se reunirán a lo largo de los próximos cinco días. La expectativa para los cuatro grandes - el Banco de Inglaterra, el Banco de Japón, el Banco Central Europeo y la Reserva Federal de EE. UU. - es que no haya cambios.
Los bancos centrales - como el resto – han optado claramente por un modo de “esperar y ver”. La escasa claridad sobre la duración, el alcance y el impacto del conflicto con Irán dificulta la adopción de un cambio de política bien fundamentado. No obstante, hemos pasado de prever bajadas de tipos este año a un escenario de estabilidad en los costes de financiación o incluso de posibles subidas de tipos.
Aunque aún no estamos en ese escenario, nos encontramos en una fase en la que hemos transitado de lo que Christine Lagarde, del BCE, describiría como un “buen lugar” a un “lugar muy incierto”. Con todo, los bancos centrales disponen de cierto margen para asimilar los datos y adoptar un enfoque prudente a la hora de decidir sus próximos pasos.
Si atendemos a los datos, es evidente que las cifras de evolución de la inflación ya reflejan el shock de los precios energéticos, con el petróleo encareciéndose en torno a un 20%. En el momento de redactar estas líneas, el crudo cotiza alrededor de 107 dólares por barril y, a medida que la inflación se traslada a los precios de la energía, acabará haciéndose notar en otros ámbitos. Los bancos centrales estarán atentos a posibles señales de contagio hacia la inflación subyacente. Si esto ocurriese, empezarían a encenderse las alarmas.
Por ahora, la paciencia es clave y los bancos centrales evitarán precipitarse con movimientos agresivos. En última instancia, los tipos de interés no pueden contrarrestar el encarecimiento de la energía y podrían resultar más perjudiciales que beneficiosos. Históricamente, los shocks de precios energéticos han actuado como un freno natural a la actividad económica global, lo que, a su vez, debería aliviar las presiones inflacionarias.
También conviene contrastar la situación actual con el conflicto entre Rusia y Ucrania de 2022. Entonces ya existía una inflación derivada de la pandemia de Covid y de los problemas en las cadenas de suministro. Además, el mercado laboral estaba mucho más tensionado y la política monetaria era más laxa. En esta ocasión partimos de un entorno de inflación a la baja, una política monetaria de los bancos centrales más restrictiva y unos mercados laborales más holgados. Como resultado, no consideramos que el shock inflacionario sea tan severo esta vez. La contrapartida es que persiste una elevada incertidumbre y desconocemos cuánto durará el conflicto.
En resumen, esperamos que los cuatro grandes bancos centrales mantengan los tipos de interés en pausa a la espera de una mayor claridad. Desde el punto de vista geopolítico, hay indicios de que en el conflicto en Oriente Medio ambas partes buscan alcanzar algún tipo de acuerdo, por lo que cabe esperar que pronto aumente la certidumbre. Mientras tanto, los acontecimientos ya están teniendo consecuencias económicas y, cuanto más se prolonguen, más severos serán sus efectos.
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