JPMorgan Asset Management
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Perspectivas sobre la asignación global de activos: Insights e implicaciones de la Cumbre de estrategia de Multi-Asset Solutions

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Para un inversor con una cartera equilibrada 60/40 de acciones y bonos, 2025 ha sido un gran año, siempre que se mantuviera invertido. Para mediados de diciembre, una cartera 60/40 de renta variable global y renta fija aggregate estadounidense obtenía una rentabilidad total del 17% en USD, muy por encima de la media a largo plazo, próxima al 7%. Sin embargo, para los que vendieron a principios de abril, preocupados por la volatilidad del "Día de la Liberación"¹, las rentabilidades se redujeron más de un 50%, incluso si volvieron recuperaron sus posiciones para finales de ese mismo mes. En nuestra opinión, 2025 pone de manifiesto el poder de ignorar el ruido y permanecer invertido a largo plazo.

Año nuevo, ciclo antiguo

Entramos en 2026 con una sensación de optimismo, aunque somos conscientes de que la economía estadounidense ha adquirido un claro tono de fase avanzada del ciclo. Prevemos un crecimiento ligeramente por encima de la tendencia, impulsado por el actual ciclo de inversión y por un pequeño repunte del consumo. El riesgo de recesión desciende al 15% para los próximos 12 meses, a medida que el ciclo de relajación de la Reserva Federal (Fed) se vaya filtrando en la economía y se pongan en marcha los estímulos centrados en el consumidor de la ley "One Big Beautiful Bill"².

Es probable que la flexibilización de la normativa y la aceleración de los mercados primarios y de la actividad de negociación mantengan el dinamismo de la economía y los mercados. Pero quienes observan los ciclos pasados notarán que ese entorno suele caracterizar a una economía en una fase avanzada del ciclo. También indicativo de una economía en esta fase es el panorama divergente entre los distintos grupos de consumidores: la revalorización de los activos y el aumento de la riqueza están impulsando el segmento superior, mientras que empiezan a aparecer dificultades entre los consumidores de menores ingresos. Puede que a este ciclo aún le quede algo de recorrido, pero está empezando a “tomar prestado” crecimiento del futuro, una dinámica que habrá que observar de cara a 2026. 

El mercado laboral es clave para la confianza de los consumidores y aquí los datos siguen siendo heterogéneos. Las solicitudes iniciales de prestaciones de desempleo son bajas, pero las continuas son elevadas: un equilibrio de "no despedir, pero no contratar". El contexto explica la debilidad de la confianza de los consumidores, pero también sugiere que el riesgo de una espiral inflacionaria de salarios y precios es reducido. Dado que el doble impacto de la política fiscal y monetaria respaldará la economía en 2026, prevemos que el desempleo descenderá hasta situarse en torno al 4 %, pero la falta de presión salarial probablemente permita a la Fed mantener una política neutral, incluso ligeramente acomodaticia. 

Aunque puede que el protagonismo de los aranceles que dominó el primer semestre de 2025 haya quedado atrás, las noticias sobre el comercio siguen siendo importantes para las perspectivas económicas. Los ingresos reales por aranceles parecen estar estabilizándose debido a diversas exenciones y aún podrían producirse devoluciones de aranceles por valor de hasta 100.000 millones de dólares, dependiendo de las resoluciones judiciales sobre la legalidad de los mismos. 

A escala internacional, las perspectivas para Europa están mejorando. Los índices de directores de compras (PMI) se sitúan por encima de sus medias del primer semestre de 2005 y apuntan a un crecimiento de la zona euro próximo al 1,6%. La inversión fiscal y de capital debería promover el crecimiento en el primer semestre de 2026 y es probable que el consumidor impulse los beneficios más adelante en el año. La escasa confianza de los consumidores ha dado lugar al nivel más alto de ahorro de los hogares fuera de la pandemia, a pesar de una baja tasa de desempleo sin precedentes en la zona euro. Pero creemos que el aumento de la inversión debería limitar el ahorro e impulsar tanto la confianza como el gasto para el segundo semestre de 2026.

Las economías asiáticas también están avanzando. La relajación fiscal china está impulsando el crecimiento por encima de la tendencia y las medidas selectivas están levantando el ánimo en el sector inmobiliario. Unas condiciones crediticias flexibles favorecen en general a los mercados de activos. En Japón, la demanda interna sigue siendo sólida a pesar de la caída del PIB en el tercer trimestre y esperamos que el crecimiento mejore en 2026.

Burbujas, déficits presupuestarios y equilibrio entre riesgos y oportunidades

El optimismo de nuestras perspectivas económicas, basado en el aumento de la inversión y el efecto aplazado de unas condiciones financieras más laxas, justifica un sesgo favorable al riesgo. 

Mantenemos una sobreponderación (OW) en acciones y continuamos próximos a la neutralidad en crédito. En cuanto a la duración, nuestra postura es neutral, pero con una tendencia al aumento de la pendiente y una apuesta por la divergencia regional en los tipos. Mantenemos una infraponderación (UW) en USD. La reciente narrativa del mercado sobre una burbuja de IA es, en nuestra opinión, prematura. Pero la preocupación por los déficits fiscales
tiene fundamento y pone de relieve el papel que sigue desempeñando el oro como elemento de diversificación de las carteras.

Dentro de nuestra sobreponderación a acciones, apostamos por los sectores tecnológico, de servicios de comunicación y financiero en EE. UU.; por regiones, preferimos Japón, Hong Kong y los mercados emergentes frente a Canadá y Australia. Si bien las acciones tecnológicas de los Siete Magníficos han tenido un comportamiento excepcional desde la pandemia, esto ha ido acompañado de fuertes cash flow y rentabilidad. 

Las comparaciones con la burbuja de las “puntocom” son inevitables, pero prematuras: el ratio de capex del sector tecnológico se sitúa hoy³ en el 24%, frente al pico de las “puntocom” de más del 35%. Con el aumento de la inversión, los ingresos del sector tecnológico y de los hyperscalers para 2026 parecen asegurados. El sector financiero se beneficiará del impulso económico y de la actividad comercial. Sin embargo, la tensión crediticia entre los consumidores con rentas más bajas es coherente con las condiciones de una fase avanzada del ciclo, y es probable que los resultados se inclinen hacia la calidad y el tamaño. Los bancos más pequeños y las entidades de crédito non-prime merecen especial atención como indicadores de la salud económica en general. 

La actividad empresarial de una fase avanzada del ciclo suele favorecer a los accionistas sobre los inversores en bonos. Los mercados de crédito público encuentran apoyo en los sólidos balances de las empresas y en las bajas tasas de impago, lo que se refleja en unos diferenciales de la deuda high yield de 270 puntos básicos (pb). Unos yields totales próximos al 6,75% resultan atractivos, pero dado el margen limitado para una mayor compresión de los diferenciales, mantenemos una postura neutral. La deuda de los mercados emergentes es una excepción, ya que parece que la emisión neta negativa prevista y las actuales entradas de capital estrecharán aún más los diferenciales.


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