Acaban de cumplirse veinte años del nacimiento del Euro y parece que haya existido toda la vida. Es interesante realizar una pequeña reflexión sobre lo que han supuesto estos dos decenios, para los inversores-ahorradores, empresarios exportadores o importadores, empresas y entidades financieras. Solemos estar muy preocupados por la evolución futura de las divisas, incluso llegan a condicionar muchas de nuestras inversiones. No es la primera vez que explicamos que los inversores deberían preocuparse menos por la cotización de las divisas fuertes de las principales economías mundiales. Un solo dato, el Euro nació en enero de 1999 con una cotización de 1,14 Euros en relación al dólar norteamericano.  ¿Sabéis a cuando cotizaba 20 años después, a finales de diciembre de 2018? Exactamente al mismo precio de 1,14 €/$. En la bolsa en cambio, la volatilidad de las cotizaciones es mucho mayor y los ciclos a corto se superponen a los ciclos a medio y largo plazo, lo que condiciona mucho la rentabilidad futura de cada inversor. Solo existe una verdad absoluta, cuanto mayor sea el plazo de inversión, menor es la probabilidad de incurrir en perdidas mediante una inversión en renta variable.

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