Enguerrand Artaz (LFDE): "Los proyectos de incremento de la capacidad energética asociados a la IA propiciarán un aumento notable de la actividad"
Con las elecciones legislativas de mitad de mandato recortándose en el horizonte, en EE. UU. está planteándose una cuestión política de primera magnitud como es el encarecimiento del recibo de la luz y, más concretamente, el riesgo de que se disparen los precios debido a un fuerte aumento de la demanda en un contexto de expansión acelerada de los centros de datos para la IA. Varias grandes figuras del Partido Demócrata han vertido críticas virulentas, hasta el punto de que el senador Bernie Sanders ha reclamado una pausa a escala nacional. La inquietud ha calado también en el bando republicano y la ha expresado el mismísimo Donald Trump, quien ha instado explícitamente a las empresas tecnológicas a pagar el sobrecoste energético creado por su consumo, sin que ello afecte al ciudadano estadounidense.
Sin embargo, los diferentes estados de la Unión no se han conformado con estas declaraciones y ya han tomado medidas. Seis de ellos, entre los que se encuentran Georgia, Virginia y Oklahoma, han propuesto moratorias a la construcción de centros de datos con el fin de disponer de más tiempo para fijar el marco normativo. Eso ha provocado a escala nacional un aumento sensible de los proyectos de construcción de centros de datos aplazados o cancelados. No obstante, la reacción más habitual es hacer pagar el sobrecoste a las empresas propietarias de los centros de datos, empleando para ello varios mecanismos. El más sencillo —y el más extendido— es la creación por parte de los estados federales de una tarifa regulada específica (large-load tariffs), distinta de la tarifa industrial clásica, que permite reflejar en el precio los costes generados por este incremento de la demanda (sobre todo en términos de refuerzo de la red y creación de nueva capacidad de generación) sin que dichos costes repercutan en las demás categorías de consumidores. Este mecanismo a menudo va asociado a compromisos a largo plazo y a facturas mínimas, todo ello respaldado por garantías financieras. El objetivo en este caso es asegurar las inversiones «de red» y evitar que lastren la factura del resto de consumidores si los centros de datos finalmente consumen menos de lo previsto por razones diversas. Ohio, por ejemplo, impone una facturación mínima del 85 % sobre una demanda de referencia.
Aunque encontramos estas medidas en un gran número de estados, cada vez se incita más a las empresas tecnológicas a financiar directamente una parte importante de las nuevas capacidades de producción, incluso a dotarse de fuentes de suministro específicas. Es el caso, por ejemplo, del proyecto de central de gas Socrates South en Ohio, destinado a abastecer exclusivamente un centro de datos de Meta Platforms, sin estar conectado a la red física. También cabe citar las alianzas formalizadas por Amazon para la construcción de pequeños reactores nucleares modulares o el reciente anuncio de Anthropic: esta empresa de IA se ha comprometido a asumir íntegramente el coste de la modernización de la red eléctrica destinada a sus centros de datos y a contribuir decisivamente a poner en servicio nuevas capacidades de generación. Con su plan Community-First AI Infrastructure, anunciado a comienzos de este año, Microsoft se ha inscrito en la misma lógica de financiación integral de los refuerzos de la red necesarios para sus centros de datos. En la mayoría de los casos, la dimensión política está bien presente por medio de un discurso claramente articulado sobre el compromiso de no repercutir el desarrollo acelerado de la IA en la factura energética de los hogares.
Para las empresas tecnológicas, el acceso a recursos energéticos suficientes es un reto crucial y una condición sine qua non para alcanzar sus objetivos. Los compromisos que han asumido para financiar en gran medida el aumento de la capacidad de generación eléctrica constituyen un peso adicional en los colosales planes de gasto desplegados, si bien deberían terminar facturándose en buena parte al cliente final. Esta circunstancia refuerza la importancia del pricing power[1] en la IA, una cuestión que no es trivial en un momento en el que estas empresas están pasando de modelos de tesorería abundante y elevadas rentabilidades para el accionista a otros orientados hacia la inversión, lo que cambia su estatus a ojos de los inversores. Por el contrario, desde el punto de vista de la economía estadounidense, los efectos positivos pueden ser importantes. Estos proyectos de incremento de la capacidad energética propiciarán un aumento notable de la actividad y, sin duda, también del empleo en los sectores afines, sobre todo la construcción y la ingeniería energética, contribuyendo al mismo tiempo a desarrollar y modernizar la red eléctrica estadounidense, y todo ello con un pequeño impacto en el gasto público. En última instancia, podría beneficiarse de ello el conjunto de la economía. Todos estos factores refuerzan la idea de una economía estadounidense que podría volver a acelerar y, en el plano bursátil, la continuidad de esa rotación por la que los grandes valores tecnológicos atraen menos interés, pero lo ganan claramente los valores de pequeña y mediana capitalización.
Terminado de redactar el 20.02.2026. Por Enguerrand Artaz, estratega de La Financière de l’Échiquier (LFDE)
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[1] Capacidad de una empresa para subir sus precios sin que se resienta la demanda