Durante los años 80 y 90 las juntas generales de las empresas podían ser muy intensas. Sin embargo, hoy en día esto ya no es así. Por un lado, las juntas generales se han celebrado de manera virtual durante el confinamiento y no se han retomado de forma presencial hasta hace relativamente poco. Aunque solo asisten un número limitado de inversores individuales y los activistas solo aparecen en las juntas más polémicas de la empresa. No obstante, sería preferible que la asistencia fuera más numerosa y que hubiera debates más abiertos en las juntas generales. Por ello, es importante comprender las posibles razones por las que han menguado estas cifras.

Un motivo podría ser que en otros ámbitos se está produciendo, discretamente, un cambio en materia de responsabilidad. Este cambio no es anual, sino que está presente durante todo el año. Se trata del diálogo entre las empresas y nosotros, los gestores de activos que representamos los intereses de la mayoría de accionistas. Estas conversaciones no se prestan necesariamente con facilidad a llamativos titulares de prensa, pero están acelerando un cambio a mejor en las empresas. Es un enfoque diferente a presionar con el fin de lograr progresos con propuestas de resoluciones en las juntas generales anuales, pero a menudo puede resultar más efectivo.

La posibilidad de obtener buenos resultados aumenta cuando el diálogo con la dirección y los miembros del consejo de la empresa es positivo. Para trabajar se necesita adoptar el tono adecuado y tener la cultura apropiada; de respeto y franqueza. En los días anteriores a la pandemia, cuando los clientes podían visitar nuestras oficinas, comentaban la tranquilidad que se respiraba en nuestros centros de inversión. Al contrario de la imagen habitual que vemos en las películas de Hollywood, no nos pasamos el tiempo gritándonos. Lo que puede verse es un respetuoso intercambio de pareceres, análisis profundos y el valor de tratar de conseguir, persistente y pacientemente, las rentabilidades que nuestros clientes nos exigen día a día, semana a semana y año tras año. 

Esto es necesario para crear equipos de inversión eficaces. Se requiere una cultura cimentada en la responsabilidad, la diversidad de opiniones y la confianza. Estos principios no surgen de la noche a la mañana; se tarda años en entablar las relaciones correctas que nos permitan comprender los retos a los que nos enfrentamos y determinar cuál es el mejor camino a seguir. 

En muchos casos nuestra cultura no solo moldea la forma en que interactuamos con nuestros compañeros, sino con todos los grupos de interés con los que trabajamos: nuestros clientes, nuestros proveedores, nuestras contrapartes en los mercados y las empresas en las que invertimos.

La importancia del largo plazo

Cuando se trata de interactuar con empresas, ganarle partidas cortoplacistas a la dirección en las juntas generales anuales no es la forma más efectiva de impulsar cambios. Como inversores a largo plazo, nuestras interacciones con estas empresas se desarrollarán durante muchos años. Por eso es importante que estas empresas nos vean como un inversor serio que conoce exhaustivamente su negocio y que se dedica realmente a alentarles para que alcancen sus metas.

Esto incrementa nuestra influencia. Por ejemplo, hace casi 20 años, en 2002, comenzamos a interactuar por primera vez con la petrolera Shell sobre sus ambiciones climáticas. Desde entonces, hemos registrado 36 contactos con la empresa acerca de temas medioambientales por parte de gestores de fondos y analistas de todo Schroders. Actualmente, Shell tiene como objetivo convertirse en una empresa de energía con cero emisiones netas en 2050, pero seguiremos insistiendo para que la empresa se mueva rápido y pedirle cuentas por posibles pasos en falso. Desde que entablamos la relación y los contactos, hemos visto cuatro cambios de consejero delegado en la empresa y esto pone de relieve la importancia de las relaciones a largo plazo para impulsar cambios que perduren.

Pero no nos confundamos, si la interacción no logra un progreso suficiente votaremos en contra de la dirección en la junta general anual. Nuestra obligación consiste en conseguir rentabilidades y gestionar el riesgo para nuestros clientes y, por lo tanto, cuando sea necesario, no dudaremos en vender las empresas que no cambien con la suficiente celeridad. Esta conclusión representaría un fracaso de la interacción. Una intervención constante y colaborativa debería hacer que estos fracasos sean la excepción.

Tal y como señalaba la trascendental obra de Dale Carnegie de los años 30, es a través del diálogo respetuoso como se hacen amigos y se influye sobre las personas. Esto se aplica no solo a las empresas sino también a las personas. E influir en empresas de todo el mundo nunca ha sido más importante para los gestores de activos.

Las opiniones expresadas aquí son las de Johanna Kyrklund, CIO y Responsable de Inversiones Multiactivo de Schroders, y no representan necesariamente las opiniones declaradas o reflejadas en las Comunicaciones, Estrategias o Fondos de Schroders. La información expuesta en este vídeo ha sido extraída del informe que mensualmente elabora el equipo multi-activo de Schroders. Este contenido no constituye una oferta, petición o recomendación de compra o venta de ningún instrumento financiero, ni una sugerencia para adoptar ninguna estrategia de inversión.  Se considera que la información contenida en el presente documento es fiable, pero Schroders no garantiza su exhaustividad o exactitud. Este material no constituye una recomendación contable, jurídica ni tributaria, y no debe ser tenido en cuenta a tales efectos.  No deberías basarte en las opiniones e información recogidas en el documento a la hora de tomar decisiones estratégicas y/o de inversión individuales. El valor de las inversiones y las rentas que generan pueden subir al igual que bajar, y los inversores podrían no recuperar el capital invertido inicialmente.  Las fluctuaciones de los tipos de cambio pueden provocar variaciones tanto al alza como a la baja en el valor de cualquier inversión extranjera. Schroders es el responsable del tratamiento de datos en relación con tus datos personales. Para obtener información sobre cómo Schroders podría tratar tus datos personales, consulta nuestra Política de privacidad, disponible en www.schroders.com/en/privacy-policy. También puedes solicitarnos esta información si no puedes acceder a esta página web.  Publicado por Schroder Investment Management (Europe) S.A., Sucursal en España, inscrita en el registro de Sociedades gestoras del Espacio Económico Europeo con sucursal en España, de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), con el número 20.