¿Cuál será el efecto a largo plazo de la pandemia sobre la actividad económica? ¿Dejará una huella duradera en la economía que afectará a nuestra tasa de crecimiento durante los próximos años? Es de esperar que la recesión tenga un impacto duradero, sin embargo, vemos tres factores que nos hacen ser optimistas: hay una mayor inversión en tecnología, lo que es igual a una mayor productividad. Por otro lado, a diferencia de lo ocurrido tras la Crisis financiera de 2008, los gobiernos están comprometidos con la recuperación. Por último, se espera que la reasignación de recursos y mano de obra sea menor que en crisis anteriores. Pese a ello, la recuperación está siendo desigual según las zonas geográficas. 

Por ejemplo, China ya ha tenido su ansiada recuperación en V, gracias a la buena gestión del COVID-19 y, ha crecido a un ritmo sin precedentes. Sin embargo, ahora dicho crecimiento se está estabilizando más lentamente, tendiendo a una desaceleración. Los principales motivos pueden ser que la evolución del sector manufacturero haya tocado techo o a que los bancos están poniendo coto a los préstamos del sector inmobiliario.

Mientras tanto, Europa se encuentra en recesión, tras dos trimestres de crecimiento negativo. No obstante, una mayor velocidad en la distribución de las vacunas nos hace ser positivos, ya que esperamos que, gracias a ello, el crecimiento tome impulso durante el tercer trimestre.

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