Este verano, en su paseo marítimo favorito, seguro que tropezará con uno de ellos. No me refiero a un banquero central, sino al típico ‘creador de pompas’ callejero. A partir de una mezcla de agua y jabón, introduce unas varillas, las eleva y empieza a formar burbujas ante las que saltan entusiasmados los chiquillos. Algunas alcanzan un tamaño formidable, se mantienen suspendidas y van bajando lentamente, oscilantes, hasta que de pronto... ¡Plas! 

A ese punto se están aproximando, lentas, pero sin remisión, las grandes ballenas blancas de los mercados financieros en la actualidad. Sobre todo, en los mercados de deuda, donde han comprado a manos llenas desde hace año y medio. Los bancos centrales han estado hasta ahora inflando las pompas, ante el regocijo de los inversores, como solución inexorable a la crisis pandémica. 

Probablemente, no les quedaban demasiadas alternativas, coinciden los expertos. Era susto futuro o muerte instantánea para el conjunto de las economías y la mayor parte de las empresas. Química a borbotones para evitar el gran descalabro, la ola gigante de las quiebras que habría desencadenado por el confinamiento. 

Aparentemente, el plan ha funcionado. Lo peor para la economía real ha pasado. La recuperación acelera al ritmo de las vacunación, los beneficios empresariales se vienen arriba y las compañías vuelven a contratar. Hay miles de millones de dólares y euros ahorrados, que no se han podido gastar durante la pandemia, que podrían dar gas al consumo y el gasto. Ya sólo queda lo más difícil para los mercados. 


El gran reto de desinflar sin que suene ‘pop’

Ahora se trata de ir bajando las burbujas generadas, sin que se pinchen, hasta el suelo, hasta que no se vean. En la jerga financiera a esto se le llama ‘tapering’. ¿Y por qué hay que hacerlo, si estamos todos muy a gusto saltando delante del pompero, con las carteras en máximos? Porque si se sigue inflando e inflando, el burbujón puede acabar rompiendo al chocar con el alfiler de la inflación y ponernos perdidos a todos.

El primer simulacro de ir reduciendo la medicación lo hemos visto esta semana. Había reunión de la Fed y algunos miembros de la entidad se atrevieron a puntear alguna subida de tipos en 2022. En el comunicado no se hablaba de tapering, pero en la rueda de prensa sí salió el tema. 

Como explican desde Andbank, el presidente Jerome Powell “reconoció que se había empezado a hablar de cuándo debería de iniciarse el recorte de compras. Aunque dijo que aún estaban lejos, sí admitió que se están haciendo progresos en lo económico y que el debate sobre el tapering continuará en las próximas reuniones”. 

Al meter estas palabras en el ‘google translate' de las bolsas, al inversor le salió ‘cuidadín’ en la otra caja. “El mercado interpreta que se anunciará el tapering en la reunión de agosto y se pondrá en marcha en enero”, explica la asesora M. Carmen Muñoz, de Abcbolsa. Y lo empiezan a poner en precio, claro. Subida en los rendimientos de la deuda, caída en el precio de los bonos y bolsas que empiezan a vacilar. De momento, con pasos cortos, sin dramas. Pero con la duda en el cuerpo ya. 
 

Mercados inundados de dinero

¿Puede salir bien? Más vale, por la cantidad de dinero que ha entrado este año en los mercados financieros, unas cifras mastodónticas. Sólo en renta variable, 567.643 millones de dólares (más del 80% de los cuales, a gestión pasiva, por cierto), según el informe de flujos de Bank of America, con datos de EPFR Global. Récord histórico, cifra jamás vista a estas alturas de un año. 

Pero no sólo en acciones. También han entrado 266.574 millones a renta fija, a pesar de los precios a los que cotiza, o 170.000 millones a fondos del mercado monetario. Un océano de liquidez absoluto, cuyos dueños habrá que ver cómo responden si les entran las dudas con la llegada de las subidas de tipos.

¿Puede salir bien el experimento? Puede, pero no es fácil. Así lo ven desde Fidelity: “Creemos que la Fed será cauta y comedida a la hora de reducir el estímulo monetario, enfrentándose a un equilibrio extremadamente delicado entre proporcionar la acomodación justa para mantener unas condiciones financieras amables mientras gestiona la mayor carga de deuda y, al mismo tiempo, tener controlados los riesgos de inflación y estabilidad financiera”. 

MIentras tanto, la Fed se esfuerza en transmitir que la inflación no debe preocupar por ahora, que subirá un poco pero por factores temporales y que está todo bajo control. El problema es que el mercado empiece a pensar que no le queda otra, como Carlos Cerezo, director de inversiones de Belgravia: "La Fed no va a decir que la inflación es preocupante, que será muy alta y que va a durar muchos años... Hasta que sea una evidencia. Es lo último que se le pasaría por la cabeza. Está haciendo su trabajo". A Cerezo sí “le preocupa más” y “cree que el sesgo es al alza”. 

Esta será la clave para los próximos meses. “La credibilidad de la política sigue siendo el principal riesgo macro en el actual entorno favorable al riesgo”, afirma Anna Stupnytska, economista global de Fidelity International. Y el verano se presenta intenso. Estamos en los días más largos del año, pero pronto empiezan a acortar. Veremos si también en los mercados.
 

Nota: Este post ha sido publicado originalmente en mi colaboración semanal en El Confidencial