La tensión en los mercados eléctricos refuerza la tesis de inversión en infraestructura

La tensión en los mercados eléctricos refuerza la tesis de inversión en infraestructura

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El aumento en los mercados europeos de episodios de precios negativos de la electricidad suele considerarse una mera cuestión técnica. Sin embargo, creo que esta dinámica de precios refleja un cambio más profundo en la estructura del mercado energético.

Para los inversores, esta situación aporta información relevante sobre dónde surgen los cuellos de botella y hacia dónde se desplaza la creación de valor. La transición energética no solo está transformando la producción de electricidad, sino también el funcionamiento de todo el sistema eléctrico.

De la escasez energética a las limitaciones del sistema

Históricamente, los mercados eléctricos partían de una premisa sencilla: la energía es un recurso escaso y los precios garantizan una asignación eficiente. Por ello, la inversión se concentraba principalmente en la generación.

Ese modelo está cambiando. A medida que las energías renovables, como la eólica y la solar, ganan peso, el sistema se vuelve más descentralizado, variable y complejo. La producción de electricidad ya no es constante ni totalmente controlable, y tampoco se concentra necesariamente cerca de los lugares de consumo. En ocasiones, la oferta puede superar la demanda, especialmente en momentos de elevada generación renovable y menor consumo. Al mismo tiempo, la demanda —impulsada por la electrificación del transporte, la industria, la inteligencia artificial y la climatización — sigue creciendo, aunque todavía carece de la flexibilidad necesaria para absorber esta variabilidad.

El resultado es un cambio estructural: el reto ya no es la disponibilidad de energía, sino la capacidad de la infraestructura para coordinar en tiempo real generación, transporte, almacenamiento y consumo.

Cómo funciona el mercado eléctrico europeo y dónde muestra sus limitaciones

En esencia, el mercado eléctrico europeo está bien diseñado. Los precios se determinan mediante un sistema marginalista, en el que entra primero la generación de menor coste. Dentro de cada zona de mercado, un único precio refleja el equilibrio entre oferta y demanda. Los intercambios transfronterizos mejoran la eficiencia entre regiones.

En la práctica:

  • El mercado define qué centrales generan electricidad.
  • Los precios reflejan el equilibrio entre oferta y demanda a corto plazo y se ajustan en tiempo real.
  • La electricidad es difícil de almacenar a gran escala.

Sin embargo, este diseño asume que la red es capaz de materializar lo que indican los precios. Esa premisa ya no siempre se cumple. La electricidad fluye según la física, no según los precios. La capacidad de la red es limitada y la generación renovable, además de variable, no siempre coincide geográficamente con la demanda.

Precios negativos y redistribución: dos señales de tensión estructural

Los precios negativos de la electricidad son una de las señales más evidentes de este desequilibrio. Se producen cuando la oferta supera la capacidad de absorción del sistema —normalmente en situaciones de elevada generación renovable, baja demanda o restricciones de red o de almacenamiento—. No reflejan electricidad barata, sino tensión operativa.

Más allá de los precios, existe otro mecanismo menos visible: la redistribución de generación. Aunque el mercado determina la combinación más eficiente de producción, los operadores de red deben intervenir a menudo para mantener la estabilidad, reduciendo la producción en unas zonas y aumentándola en otras. Estas intervenciones tienen un coste significativo, y el de la redistribución ya asciende a miles de millones de euros al año en los principales mercados europeos.

En conjunto, precios negativos y redistribución reflejan un patrón claro: un sistema cada vez más volátil, con exceso de oferta y precios negativos en algunos momentos, fuertes picos de escasez en otros, y una intervención creciente para mantener la estabilidad.

Un sistema bajo presión: las medidas de emergencia se convierten en la norma

En este contexto, los mercados eléctricos operan cada vez más en un estado de emergencia recurrente.

En el fútbol americano, un pase “Hail Mary” es una jugada desesperada que se utiliza cuando ya no quedan alternativas. Suele darse cuando un equipo agota sus opciones y se ve forzado a jugar su última carta.

El sistema eléctrico evoluciona en una dirección similar. Pero, a diferencia de una situación de emergencia puntual, esta dinámica se ha normalizado.

Todo ello refleja el fin de unas condiciones operativas estables. En lugar de mantener el equilibrio, el sistema oscila cada vez más entre extremos, lo que exige una intervención constante.

En este entorno, la volatilidad se convierte en una señal clara de dónde falta capacidad en el sistema y dónde es necesario invertir.

El valor se desplaza de la generación a la infraestructura

Este cambio tiene implicaciones directas para la inversión, ya que el foco se desplaza de la producción de energía hacia la infraestructura que la hace utilizable; en otras palabras, hacia la capacidad de distribuir y utilizar la electricidad, más que hacia la energía en sí.

Esa infraestructura incluye redes eléctricas, sistemas de almacenamiento y soluciones de flexibilidad, que forman la columna vertebral del sistema. Sin estos elementos, la generación adicional no puede convertirse en energía utilizable.

Desde una perspectiva de inversión, este segmento ofrece marcos de rentabilidad relativamente estables, a menudo regulados, elevada visibilidad de flujos de caja, vinculación a la inflación y exposición a un crecimiento estructural impulsado por la electrificación.

¿Por qué la infraestructura es ahora relevante?

Patrones similares están emergiendo en otros mercados eléctricos. En Estados Unidos, la congestión y la volatilidad de precios van en aumento, especialmente en mercados menos regulados. En Asia comienzan a observarse dinámicas similares, mientras que en Australia se registran fuertes oscilaciones intradía de precios. El denominador común no es la política, sino las limitaciones físicas y operativas del sistema.

El impacto de esta dinámica es cada vez más evidente. Los episodios de precios negativos son más frecuentes, los costes de redistribución se mantienen estructuralmente elevados y la volatilidad aumenta en los mercados globales. Al mismo tiempo, la electrificación se acelera, añadiendo presión a un sistema ya tensionado.

Para los inversores activos, este cambio desplaza la creación de valor y permite identificar las áreas del sistema con mayor potencial de generar rentabilidades atractivas. El foco se desplaza desde la generación hacia la infraestructura —en particular, las redes eléctricas y las soluciones de flexibilidad, como el almacenamiento—, que pueden contribuir a estabilizar un sistema cada vez más desequilibrado y con capacidad limitada.

Descubre más sobre el creciente papel de las infraestructuras como temática de inversión a largo plazo.


Tribuna elaborada por Sascha Hasterok, Portfolio Advisor de Welligton Management 


Los puntos de vista expresados en el presente documento son los de su autor en el momento de su redacción. Otros equipos pueden tener diferentes puntos de vista y tomar diferentes decisiones de inversión. El valor de su inversión puede pasar a ser mayor o menor con respecto al momento de la inversión original. Aunque los datos externos utilizados se consideran fiables, no se garantiza su exactitud. Destinado exclusivamente a inversores profesionales, institucionales o acreditados.

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