De refugio a 'rompecarteras': el oro cae ya un 26% desde su máximo histórico de enero

De refugio a 'rompecarteras': el oro cae ya un 26% desde su máximo histórico de enero

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El activo que durante el último año fue el refugio que todo el mundo quería tener en cartera se ha convertido en un rompecarteras para quien entró cerca de máximos: el oro cotiza en torno a los 4.122 dólares por onza, un 26,4% por debajo del máximo histórico de unos 5.600 dólares que marcó en enero.

La corrección ha dejado tocado a más de un inversor que compró oro convencido en aquel momento de que solo podía subir. Y aun así, el inversor no le quita el ojo. Según datos de Finect de los ETFs más vistos del primer semestre, el iShares Physical Gold es el producto cotizado más visto de la plataforma en los últimos siete días, y el Invesco Physical Gold aparece en el sexto puesto.

Con la cotización dando bandazos, la pregunta que se hace quien piensa en invertir en oro es la misma: ¿estamos ante una corrección pasajera o es realmente un cambio de ciclo?

Un refugio que esta vez no ha protegido

El 29 de enero el oro tocó su máximo histórico intradía en 5.595 dólares por onza. Desde ahí encadenó una tendencia bajista que lo llevó a los 4.024 dólares a mediados de junio y a rozar los 3.990 hace unos días, su nivel más bajo desde noviembre. El breve rebote posterior lo ha devuelto a la zona de los 4.122 dólares, pero deja la cotización un 26% por debajo de aquel techo. Quien compró en enero sigue con una pérdida de doble dígito.

Lo llamativo es el contexto. Los ataques de Estados Unidos contra Irán continúan, los enfrentamientos en torno al estrecho de Ormuz mantienen tensionado el precio del petróleo. En un escenario así, el oro suele actuar de seguro. O más bien solía, ya que este año ha hecho lo contrario, y para entender por qué hay que mirar a los tipos de interés y al dólar más que a los mapas de guerra.

Por qué el oro no despega pese a la guerra

La explicación tiene dos patas que se refuerzan. La primera es el dólar, fortalecido al calor del conflicto —el índice dólar ronda el 101—, que encarece el oro para el resto de compradores y reduce su demanda. La segunda, y de más peso, son las expectativas de tipos: la inflación en Estados Unidos escaló hasta el 4,2% en junio, su nivel más alto en tres años, empujada por la energía.

Con la rentabilidad del bono estadounidense a diez años cerca del 4,66%, el mercado ha dejado de descontar recortes y juega con lo contrario: asigna ya alrededor de un 64% de probabilidad a una subida de tipos en septiembre. Ese giro golpea de lleno al oro, que no paga intereses: cuando la deuda pública ofrece rendimientos altos, el metal pierde atractivo relativo frente a los bonos.

Desde Julius Baer atribuyen el retroceso a un cambio en la tendencia técnica y apuntan a que los flujos de inversión han vuelto a pesar más que los fundamentos, en un mercado pendiente de que la Reserva Federal vuelva a mover ficha. Todas las miradas apuntan ahora a la reunión de la Fed del 29 de julio, en la que el mercado espera que mantenga los tipos.

La velocidad del ajuste no ha pasado desapercibida. Cuando el oro entró en mercado bajista a comienzos de año, los analistas de XTB subrayaron que el metal "ha necesitado apenas 91 sesiones para entrar en mercado bajista, convirtiéndose en la caída más rápida desde la crisis financiera de 2008". Desde 2006, recordaban, solo se habían registrado cinco episodios de ventas de esta intensidad.

A esas fuerzas se suman motivos más concretos. WisdomTree apunta que el nombramiento de Kevin Warsh como nuevo presidente de la Reserva Federal restableció la confianza en la independencia del banco central y desinfló la prima de riesgo que el oro había acumulado. A ello se añade que, en las primeras semanas del conflicto con Irán, el metal llegó a venderse para cubrir necesidades urgentes de liquidez, y que la demanda de los grandes compradores institucionales que habían impulsado el rally —los ETPs chinos e indios y la propia Tether— se ha moderado con fuerza.

¿Corrección o cambio de ciclo? Las dos lecturas

A corto plazo, el mando lo tienen los tipos: mientras la Fed mantenga sobre la mesa la posibilidad de subirlos, la presión sobre el oro seguirá. Goldman Sachs recortó en junio su precio objetivo para finales de 2026, de 5.400 a 4.900 dólares por onza, precisamente por el giro en la política monetaria, aunque mantuvo su optimismo a largo plazo.

Y ahí está la otra lectura. WisdomTree, uno de los grandes emisores de ETPs de oro, publicó este 22 de julio unas perspectivas en las que interpreta la caída como una normalización sana. "Aunque la magnitud de la corrección ha inquietado a los inversores, la consideramos un reajuste saludable más que el fin del mercado alcista", señala Nitesh Shah, responsable de materias primas y análisis macroeconómico de la firma.

Su tesis es que la prima de valoración que infló el repunte de 2025 y 2026 ya se ha esfumado, dejando al oro cerca de su valor razonable, y que la próxima etapa la marcarán los fundamentos macroeconómicos. Con el consenso de inflación, tipos y dólar aplicado a su modelo, la gestora sitúa el precio del oro en torno a los 4.563 dólares por onza para el segundo trimestre de 2027.

En la misma línea, otras casas recuerdan que los bancos centrales siguen comprando en torno a 1.000 toneladas de oro al año, un soporte de fondo que no ha desaparecido. Para Matthew Michael, analista de materias primas de Schroders, esas fuerzas siguen ahí: sostiene que un techo llegaría "cuando los factores seculares (…) dejen de ser relevantes (…) o cuando la demanda esté claramente saturada", algo que, en su opinión, todavía no ocurre. El debate, en definitiva, es si el inversor que compra ahora está atrapando un cuchillo en caída o comprando barato un activo que la geopolítica volverá a poner de moda.

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Este contenido se ha elaborado bajo un criterio editorial y no constituye una recomendación ni propuesta de inversión. La inversión contiene riesgos. Las rentabilidades pasadas no son garantía de rentabilidades futuras.


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