Juan Ramón Rallo, economista: "El peor enemigo para Bitcoin sería que los Estados hicieran las cosas bien"
El déficit público de Estados Unidos lleva años instalado en torno al 6,7% del PIB —en plena expansión económica, sin recesión y sin guerra directa— y su deuda ya ronda el 120% del PIB, con unos gastos financieros crecientes que la hacen cada vez más difícil de sostener. Ese es el punto de partida del diagnóstico que Juan Ramón Rallo, economista y uno de los divulgadores financieros más influyentes en España, desarrolló ante el auditorio del Círculo de Bellas Artes de Madrid en el MadBitcoin Summit 2026, en una ponencia titulada The Great Macro Reset: Inflation, Record Debt, Wars, Sanctions, and Asset Bubbles — Why Bitcoin is Emerging as the Ultimate Neutral Money.
Su tesis, construida con minuciosidad analítica, desemboca en una conclusión tan incómoda como directa: "el peor enemigo para Bitcoin sería que los Estados empezaran a hacer las cosas bien".
El dólar como deuda impagada: 1971 y sus consecuencias
Rallo arrancó su análisis desde las dos fechas que, en su opinión, definen la arquitectura monetaria actual. La primera, 1944, cuando Bretton Woods convirtió al dólar —entonces todavía anclado al oro— en el eje del sistema monetario occidental. La segunda, 1971, cuando Nixon desconectó el dólar del oro. "En 1971 hay un impago del dólar que dice que no va a pagar en oro. Y sin embargo, esa deuda impagada, que es el dólar, sigue utilizándose como moneda de reserva global", señaló.
¿Por qué sobrevivió el dólar? Según Rallo, porque su valor no dependía solo del oro, sino de algo más profundo: la capacidad fiscal del Estado. "Una deuda pública está respaldada por la capacidad del Estado para extraer recursos coactivamente a la población y luego entregárselos a aquellos que son sus acreedores", explicó. Esa capacidad no desapareció en 1971; al contrario, ganó cierta holgura al no tener que entregar oro. El dólar se convirtió, en su lectura, en una deuda cuyo único compromiso era estabilizar su valor respecto a una cesta de bienes —el IPC— con un objetivo del 2% anual.
La pescadilla que se muerde la cola: deuda, intereses e inflación
Medio siglo después, ese mecanismo cruje. Rallo detalló un círculo vicioso que considera ya activo: con una deuda del 120% del PIB creciendo a un ritmo del 6% anual y tipos de interés en torno al 4,5%, "el gasto en intereses es creciente". Y si el gasto financiero crece, la solvencia del emisor se deteriora; si la solvencia se deteriora, el valor de la moneda —que es esa deuda— se resiente; y eso se traslada a inflación. "Por eso ahora estamos en un clima de inflación estructuralmente más alto que el de la década pasada. La década pasada estábamos en una inflación del 1, del 1,5 o del 2%. Ahora nos movemos más bien en el 3, incluso con cierta tendencia al 4%", afirmó.
El problema se agrava porque la solución convencional —que el banco central suba tipos para frenar la inflación— se vuelve autodestructiva. "Si la Fed creyera que el tipo necesario para frenar la inflación es el 8%, ¿puede colocar un tipo del 8% hoy? No. Porque si lo hace, provoca la quiebra del Tesoro estadounidense". La política monetaria, en su análisis, ha perdido autonomía real: "La moneda fiat es una deuda del Tesoro. ¿Cómo va a ser independiente la política del Banco Central de la política fiscal? Si es que son exactamente lo mismo".
Y el consenso político tampoco ayuda. "Cuando ya tienes un déficit público que el partido supuestamente anti déficit no es capaz de reducir en nada, y el otro partido tampoco lo quiere reducir, pues claramente hay un cierto consenso en el establishment de Washington de que esto va a seguir así", diagnosticó. El resultado es una inercia fiscal que, en su opinión, hace improbable una corrección voluntaria y ordenada.
Las sanciones a Rusia: cuando el dólar se convirtió en arma
Junto al deterioro fiscal, Rallo identificó un segundo factor que erosiona la confianza global en el dólar: la demostración, en 2022, de que Washington está dispuesto a usarlo como arma de guerra. "Se utilizó el dólar como arma de guerra. Lo cual manda la señal al resto del mundo de que si tú tienes dólares en ciertas coyunturas, el gobierno de los Estados Unidos te puede expropiar unilateralmente esos dólares", subrayó.
Las implicaciones geopolíticas son, según el economista, de largo alcance. Cualquier país que no esté alineado con Washington tiene ahora motivos racionales para reducir su exposición al dólar. Y la línea de lo que significa "estar alineado" se ha vuelto imprevisible: "Incluso con Canadá ha estado a tortas. Un vecino más tranquilo y más confiable que Canadá es difícil encontrarlo, y potencialmente cualquiera puede convertirse de la noche a la mañana en alguien no alineado con los Estados Unidos". Eso, señaló, genera demanda de alternativas —entre ellas el oro y, cada vez más, Bitcoin— incluso entre aliados tradicionales.
Bitcoin no como alternativa al dólar, sino como cobertura frente a sus riesgos
Rallo fue matizado a la hora de fijar el papel de Bitcoin en este escenario. Rechazó la visión más maximalista: "No creo que ese escenario —que Bitcoin reemplace al sistema monetario del dólar— sea imposible, pero tampoco lo considero ni mucho menos el más probable". El dólar, explicó, sigue careciendo de un rival a su altura: el euro arrastra el riesgo de implosión de la unión monetaria, el yuan tiene cepo cambiario, y el franco suizo no tiene la escala para ser moneda de reserva global.
Lo que sí defiende es el papel de Bitcoin como activo dentro de un espectro de protección frente a escenarios concretos de deterioro fiscal o arbitrariedad estatal. "No se trata de buscar un activo que nos proteja absolutamente frente a todas las contingencias, sino buscar un espectro de activos que en función de nuestras necesidades nos proporcione ese servicio. Y ahí es donde la aparición de Bitcoin es crucial". Su ventaja frente al oro, detalló, es su portabilidad transfronteriza y la mayor dificultad para confiscarlo: "Si yo tengo un elevado patrimonio y me quiero escapar del país porque las amenazas son crecientes, no voy a llevar lingotes de oro cruzando la frontera. Con Bitcoin es mucho más complicado" impedirlo.
En concreto, identificó cuatro escenarios en los que Bitcoin funcionaría como protección: una subida masiva de impuestos para sanear las cuentas públicas, una dilución inflacionista de la deuda, controles de capitales al estilo del "cepo cambiario" argentino, y un default formal de la deuda estadounidense. "En los tres primeros escenarios es muy claro que Bitcoin se revalorizaría", afirmó, aunque reconoció mayor incertidumbre en el cuarto, dada la posible liquidación generalizada de activos que podría acompañar un colapso del sistema financiero global.
"El peor enemigo para Bitcoin sería que los Estados empezaran a hacer las cosas bien"
La conclusión de Rallo fue tan lógica como demoledora en su diagnóstico implícito sobre la dirección actual de los Estados. "Paradójicamente, el peor enemigo para Bitcoin sería que los Estados empezaran a hacer las cosas bien, que cuadraran las cuentas, que mantuviesen una política monetaria y fiscal disciplinada, que no hubiese amenaza de expropiación de activos vía impuestos o vía inflación, porque entonces la gente no buscaría tantas alternativas a esos pasivos monetarios que suministran los Estados".
Y añadió: "En la medida en que los Estados sigan deteriorando la calidad de sus pasivos monetarios fiscales, entonces Bitcoin seguirá siendo un activo demandado justamente para protegerte frente al expolio que puede estar por venir".
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