¿Tirita o solución para los bonos? EEUU relaja las rentabilidades solo de forma temporal

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La intervención del Tesoro de Scott Bessent calma temporalmente las rentabilidades de los bonos a largo plazo, no apaga el fuego de los 40 billones de deuda

scott bessent
El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent. Imagen: Europa Press

La deuda pública de Estados Unidos ha cruzado un umbral histórico: ya supera los 40 billones de dólares. El hito ilustra el vertiginoso ritmo de endeudamiento de la mayor economía del mundo y coincide con el anuncio del Departamento del Tesoro, que ha salido ‘al rescate’ del mercado de renta fija con una medida de urgencia: duplicará el tamaño de sus operaciones de recompra de bonos a largo plazo.

Así lo anunció el organismo que dirige Scott Bessent ayer, en la respuesta más contundente hasta la fecha que ha dado Washington a la tensión acumulada en la parte larga de la curva y sobre la que los analistas llevan meses avisando: por qué el bono a 30 años de EEUU no para de subir

El Tesoro estadounidense elevará el límite por operación desde los 2.000 millones de dólares actuales hasta al menos 4.000 millones. en los tramos de 10 a 20 y de 20 a 30 años, entre el 9 de septiembre y el 4 de noviembre.

La maniobra se hace a través de recompras de deuda, es decir, operaciones en las que el Tesoro compra en el mercado bonos que ya había emitido, normalmente antiguos y poco líquidos, para devolver el dinero a sus tenedores y financiar esa compra con emisiones nuevas. En su comunicado, el Departamento del Tesoro explica que la acción responde a su interés en aportar más liquidez a los tramos nominales a largo plazo, donde existe respaldo de los inversores, "como lo demuestra el importante volumen de ofertas de alta calidad que el Tesoro recibe habitualmente en las operaciones de recompra a largo plazo".

Efectos rápidos, pero... ¿duraderos?

El alivio fue rápido. Si el martes el interés exigido al bono estadounidense a 30 años llegó a tocar el 5,337% -máximo desde 2007-, tras el anuncio se moderó hasta el 5,187%. A su vez, el bono a 20 años bajaba al 5,183% y el de 10 años se situaba en el 4,637%, frente al 4,748% de la sesión anterior. "El Gobierno americano anuncia un aumento de la recompra de bonos a LP y destensa los tipos largos", resumen los analistas de Bankinter.

Sin embargo, no ha sido un alivio muy duradero. Este jueves, la relajación se ha frenado. El bono a 30 años sube y revisita el el 5,2%, mientras que el de 10 años ha vuelto a repuntar ligeramente, hasta el 4,66%. "La magnitud de los cambios es perceptible, pero parece poco probable que conduzca a un cambio de tendencia a largo plazo", advierten desde el bróker XTB. 

Tras la reacción inmediata a la noticia, los inversores vuelven a poner el foco en un problema que sigue teniendo difícil solución y siguen a la espera de más medidas. "Más allá de la reacción inmediata, este movimiento se relaciona menos con la recompra en sí, que es pequeña tanto en términos absolutos como en relación con la emisión neta, y más con la posibilidad de un despliegue más amplio del control de la curva de tipos", destaca el economista y asesor económico jefe de Allianz, Mohamed El-Erian.

Tensiones en el largo plazo

Ese movimiento llega después de semanas de tensión acumulada en el tramo largo, y con una aritmética fiscal que explica buena parte de la subida: la Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO) elevó a mediados de agosto su previsión de déficit anual estadounidense hasta los 2,1 billones de dólares, unos 200.000 millones más de lo que calculaba en febrero. Más déficit significa más emisiones, y para colocarlas hay que ofrecer al comprador una rentabilidad mayor. 

La señal más reciente la dieron las propias subastas: los inversores exigieron los intereses más altos en casi dos décadas para absorber 67.000 millones de dólares en deuda estadounidense a largo plazo, y lo hicieron justo después de unos datos de inflación al consumo y a la producción benignos, que normalmente empujan los rendimientos largos a la baja.

A esa presión se suma un competidor nuevo por el dinero del inversor: las grandes tecnológicas están financiando sus centros de datos con emisiones masivas de bonos corporativos, y algunas, como Microsoft, tienen mejor calificación crediticia que el propio Tesoro estadounidense. Ese papel absorbe demanda que antes iba a los Treasuries y ensancha la prima de plazo -el rendimiento extra que el inversor pide por comprometer su dinero a muy largo plazo en lugar de quedarse en el tramo corto-. 

Y hay un tercer frente, este monetario. Kevin Warsh asumió la presidencia de la Reserva Federal el pasado 22 de mayo con una idea explícita: reducir la forward guidance, la práctica de anticipar al mercado hacia dónde piensa moverse el banco central. Sus críticos sostienen que el resultado ha sido una prima de incertidumbre incrustada en la curva. A ello se añade la geopolítica, que pesa especialmente en el tramo largo: con el estrecho de Ormuz de nuevo en disputa y el crudo sostenido, las expectativas de inflación a un año llevan cinco meses consecutivos por encima del 4%, y el mercado asigna ya en torno a un 67% de probabilidad a que la Fed mantenga los tipos en septiembre.

Por ahora, la lectura para las carteras sigue anclada en la duración. El patrón que describe el mercado desde entonces, con bonos y bolsa moviéndose juntos en tres de cada cuatro sesiones de 2026, no se ha alterado con el anuncio del miércoles.

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Este contenido se ha elaborado bajo un criterio editorial y no constituye una recomendación ni propuesta de inversión. La inversión contiene riesgos. Las rentabilidades pasadas no son garantía de rentabilidades futuras.


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