¿Tirita o solución para los bonos? EEUU no logra relajar las rentabilidades con su 'rescate'

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Una semana después de la intervención de Scott Bessent, las rentabilidades de los bonos a largo plazo siguen elevadas

scott bessent
El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent. Imagen: Europa Press

Visto y no visto. Una semana después de que el Departamento del Tesoro saliera 'al rescate' del mercado de renta fija, el alivio ya se ha desvanecido. El bono estadounidense a 30 años vuelve a moverse alrededor del 5,2%, cerca otra vez del 5,3% que llegó a marcar el martes 18 de agosto, máximo desde 2007. Es decir, el mercado ha devuelto prácticamente toda la relajación que siguió al anuncio. 

El telón de fondo no ha cambiado: la deuda pública estadounidense ya supera los 40 billones de dólares, un hito que ilustra el vertiginoso ritmo de endeudamiento de la mayor economía del mundo y sobre cuyas consecuencias los analistas llevan meses avisando: por qué el bono a 30 años de EEUU no para de subir

La medida de urgencia la anunció el 19 de agosto el organismo que dirige Scott Bessent, y fue la respuesta más contundente hasta la fecha de Washington a la tensión acumulada en la parte larga de la curva: duplicar el tamaño de sus operaciones de recompra de bonos a largo plazo. El Tesoro elevará el límite por operación desde los 2.000 millones de dólares actuales hasta al menos 4.000 millones en los tramos de 10 a 20 y de 20 a 30 años, entre el 9 de septiembre y el 4 de noviembre.

La maniobra se hace a través de recompras de deuda, es decir, operaciones en las que el Tesoro compra en el mercado bonos que ya había emitido, normalmente antiguos y poco líquidos, para devolver el dinero a sus tenedores y financiar esa compra con emisiones nuevas. En su comunicado, el Departamento del Tesoro explica que la acción responde a su interés en aportar más liquidez a los tramos nominales a largo plazo, donde existe respaldo de los inversores, "como lo demuestra el importante volumen de ofertas de alta calidad que el Tesoro recibe habitualmente en las operaciones de recompra a largo plazo".

Efectos rápidos, pero... no duraderos

El alivio fue rápido. Si el martes el interés exigido al bono estadounidense a 30 años llegó a tocar el 5,337% -máximo desde 2007-, tras el anuncio se moderó hasta el 5,187%. A su vez, el bono a 20 años bajaba al 5,183% y el de 10 años se situaba en el 4,637%, frente al 4,748% de la sesión anterior. "El Gobierno americano anuncia un aumento de la recompra de bonos a LP y destensa los tipos largos", resumen los analistas de Bankinter.

Sin embargo, no ha sido un alivio duradero. Una semana después, la relajación se ha frenado. Los bonos estadounidenses a largo plazo no sólo no consiguen bajar más su rentabilidad, si no que amagan con querer subir de nuevo. Desde XTB ya advertían que "la magnitud de los cambios es perceptible, pero parece poco probable que conduzca a un cambio de tendencia a largo plazo". Y desde el equipo de renta fija de Julius Baer coinciden en que aún es pronto para calificar el anuncio de fracaso, pero apuntan que hará falta mucho más para empujar las rentabilidades a la baja de forma significativa.

La razón que repiten los analistas es de tamaño. El nuevo programa contempla al menos 14.000 millones de dólares adicionales en recompras durante los próximos dos meses, una cifra modesta frente a los billones que Estados Unidos emite cada año. "El anuncio de las recompras es pequeño en el contexto general", resume Libby Cantrill, responsable de Políticas Públicas de PIMCO, la mayor gestora activa de renta fija del mundo. Cantrill añade que el motivo de fondo por el que las rentabilidades son más altas, unos déficits presupuestarios estructurales que exigen colocar mucho papel, "no va a cambiar próximamente".
 

bono 30 años eeuu

Tras la reacción inmediata a la noticia, los inversores vuelven a poner el foco en un problema que sigue teniendo difícil solución y siguen a la espera de más medidas. "Más allá de la reacción inmediata, este movimiento se relaciona menos con la recompra en sí, que es pequeña tanto en términos absolutos como en relación con la emisión neta, y más con la posibilidad de un despliegue más amplio del control de la curva de tipos", destaca el economista y asesor económico jefe de Allianz, Mohamed El-Erian.

Tensiones en el largo plazo

Ese movimiento llega después de semanas de tensión acumulada en el tramo largo, y con una situación que explica buena parte de la subida: la Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO) elevó a mediados de agosto su previsión de déficit anual estadounidense hasta los 2,1 billones de dólares, unos 200.000 millones más de lo que calculaba en febrero. Más déficit significa más emisiones, y para colocarlas hay que ofrecer al comprador una rentabilidad mayor. 

La señal más reciente la dieron las propias subastas: los inversores exigieron los intereses más altos en casi dos décadas para absorber 67.000 millones de dólares en deuda estadounidense a largo plazo, y lo hicieron justo después de unos datos de inflación al consumo y a la producción benignos, que normalmente empujan los rendimientos largos a la baja.

A esa presión se suma un competidor nuevo por el dinero del inversor: las grandes tecnológicas están financiando sus centros de datos con emisiones masivas de bonos corporativos, y algunas, como Microsoft, tienen mejor calificación crediticia que el propio Tesoro estadounidense. Ese papel absorbe demanda que antes iba a los Treasuries y ensancha la prima de plazo -el rendimiento extra que el inversor pide por comprometer su dinero a muy largo plazo en lugar de quedarse en el tramo corto-. 

Para Enguerrand Artaz, estratega de LFDE, lo que está ocurriendo en renta fija es "un evidente fenómeno de desplazamiento" por el que "la deuda de la IA que inunda el mercado está siendo absorbida en detrimento de la deuda pública".

Jackson Hole en el punto de mira

Y hay un tercer frente, este monetario. Kevin Warsh asumió la presidencia de la Reserva Federal el pasado 22 de mayo con una idea explícita: reducir la forward guidance, la práctica de anticipar al mercado hacia dónde piensa moverse el banco central. Sus críticos sostienen que el resultado ha sido una prima de incertidumbre incrustada en la curva. A ello se añade la geopolítica, que pesa especialmente en el tramo largo: con el estrecho de Ormuz de nuevo en disputa y el crudo sostenido, las expectativas de inflación a un año llevan cinco meses consecutivos por encima del 4%, y el mercado asigna ya en torno a un 67% de probabilidad a que la Fed mantenga los tipos en septiembre.

La siguiente cita en el calendario es el simposio de Jackson Hole, que se celebra esta semana, del 27 al 29 de agosto. Bank of America lo considera un evento de riesgo clave para los bonos y el dólar: si el presidente de la Fed no ofrece un plan y una función de reacción suficientemente claros para devolver la inflación al 2%, calcula que el bono a 30 años podría escalar rápidamente hasta el 5,5% o más; si sí lo hace, el mercado podría elevar hasta cerca del 50% la probabilidad de una subida de tipos en septiembre, con aplanamiento de la curva y cierta recuperación del billete verde. 

Los inversores, apunta Ebury, estarán pendientes de cómo reaccionan los banqueros centrales ante "el veredicto implícitamente negativo que está emitiendo el mercado de bonos sobre su actuación colectiva".

Por ahora, la lectura para las carteras sigue anclada en la duración. El patrón que describe el mercado desde entonces, con bonos y bolsa moviéndose juntos en tres de cada cuatro sesiones de 2026, no se ha alterado con el anuncio del miércoles.

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Este contenido se ha elaborado bajo un criterio editorial y no constituye una recomendación ni propuesta de inversión. La inversión contiene riesgos. Las rentabilidades pasadas no son garantía de rentabilidades futuras.


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