Bonos y bolsa se mueven juntos en 3 de cada 4 sesiones de 2026: qué significa para tu cartera
Este año, el papel de contrapeso de los bonos en las carteras se está cumpliendo menos de lo previsto
Wall Street cotiza en máximos históricos y la inflación estadounidense ha dado algo de margen (el IPC se moderó al 3,4% en julio y la subyacente al 2,5%). Hasta aquí, buenas noticias. Sin embargo, hay un mercado que conviene vigilar: el de renta fija. La semana pasada, el bono de EEUU a 30 años pagó el interés más alto en 25 años: un 5,216%, máximo desde 2001, mientras que el de 10 años se situaba en el 4,683%, el nivel más elevado desde 2007.
Un repunte que acompaña al aumento de las necesidades de financiación del Tesoro estadounidense: el déficit ronda los 1,17 billones de dólares anuales, un 15% más que hace un año. Pero no solo de EEUU. Paul Grainger, gestor senior de renta fija en Neuberger, apunta en esa dirección apunta en esa dirección al señalar que los rendimientos reales -una vez descontada la inflación- "han ido aumentando a nivel mundial a raíz del incremento de la oferta de bonos".
Y, según los expertos, lo que se ha alterado este año es la correlación entre la renta variable y la deuda pública. Si en el manual clásico el dinero se desplazaba de la bolsa a la deuda pública en los momentos de tensión, los datos de este año describen otro comportamiento. Según Javier Molina, analista senior de mercados para eToro, "acciones y Treasuries han mostrado correlación positiva en tres cuartas partes de las sesiones de este año". Para un inversor español, ese cambio se ve en su fondo de renta fija, el fondo mixto o el plan de pensiones.
Su lectura es que "el viejo supuesto de que los bonos siempre protegerán cuando caiga la bolsa ya no funciona igual". Con petróleo, inflación, conflicto geopolítico y presión sobre la deuda pública condicionando los tipos, añade Molina, "los propios bonos pueden convertirse en fuente de volatilidad". Y esto afecta al reparto de funciones que se presupone para dar forma a carteras equilibradas: acciones para crecer, bonos para amortiguar.
No todos los fondos de renta fija reaccionan igual: cuanto mayor es su duración -el tiempo que el dinero permanece comprometido en los bonos que tiene en cartera, y que mide su sensibilidad a los movimientos de tipos-, más acusa estas subidas de rentabilidad. En consecuencia, los expertos apuntan en dos direcciones: acortar plazos y ampliar la diversificación.
Según Lars Conrad, director de inversiones en renta fija de Flossbach von Storch, "no estamos asistiendo a un episodio clásico de búsqueda de refugio": los bonos no estarían recogiendo entradas de dinero en busca de protección, sino ajustando precio ante la oferta de deuda que el mercado debe absorber.
Desde Janus Henderson lo describen como un cambio de fondo y no como un episodio pasajero. Los gestores John Kerschner, Daniel Siluk y Michael Contopoulos sostienen que "la combinación de factores demográficos y geopolíticos probablemente marque el final del mercado alcista de la renta fija que ha perdurado durante más de 50 años, dando paso a un entorno en el que niveles más elevados de volatilidad, inflación y tipos de interés serán la nueva normalidad". Su conclusión es priorizar vencimientos más cortos y complementarlos con un universo global de oportunidades que aporte diversificación frente a los activos de mayor riesgo.
El peso de la IA
A esa presión, desde eToro suman otro factor: una creciente competencia por el capital entre las necesidades de financiación del Gobierno estadounidense y la inversión asociada a la infraestructura de inteligencia artificial. En su opinión, el mercado no exige más rentabilidad únicamente por miedo a la inflación, sino por mantener duración -el tiempo que el dinero permanece comprometido en un bono, y que mide su sensibilidad a los movimientos de tipos- durante muchos años.
El fenómeno no se limita a Estados Unidos. Aunque el impacto del gasto en IA sea menor en Europa, "debemos tener en cuenta la correlación positiva y los vínculos entre los principales mercados de bonos de los países desarrollados", señalan desde Neuberger.
No todas las casas comparten ese diagnóstico. Afonso Borges, investigador de renta fija de Julius Baer, sostenía el 7 de agosto que "no se debe culpar a la emisión de IA por los rendimientos del 5%". En su análisis, la emisión corporativa ligada a la IA ha crecido y ya supone el 22,7% de las emisiones de renta fija en EEUU en lo que va de año, frente a una media del 18,9% en la última década. Sin embargo, considera que su papel en el repunte de la deuda estadounidense a largo plazo habría sido secundario y atribuye este escenario a unas expectativas de tipos oficiales más altas y a la incertidumbre sobre cómo reaccionará la Reserva Federal ante la inflación.
Qué vigilar ahora
Las mismas casas señalan también el lado favorable de este entorno. Dan Ivascyn, director de inversiones de PIMCO, indicaba a principios de agosto que las rentabilidades de los segmentos de mayor calidad de la renta fija se encuentran en niveles cercanos a los más elevados observados en aproximadamente 20 años, y que las oportunidades no se limitan a Estados Unidos.
A su vez, Grainger (Neuberger) considera que la duración "parece atractiva" por los niveles actuales de los tipos oficiales, el carry disponible y la posibilidad de que la inflación empiece a volver hacia el objetivo. Y Flossbach von Storch lo resume así: "El escenario actual exige prudencia, pero no pesimismo".
De cara a los próximos días, el foco se sitúa en el mercado de deuda antes que en los índices bursátiles. "Vigilaría más el mercado de bonos que los propios máximos del SP500", indica Javier Molina, ya que si los tipos largos siguen presionando al alza, el coste del capital ganará peso como variable para las valoraciones.
En esa misma línea, Afonso Borges, investigador de renta fija de Julius Baer, situaba la atención a corto plazo en las subastas de bonos del Tesoro a 10 y 30 años que mencionamos al inicio y, tras ellas, en "un período de menor actividad" hasta el simposio de Jackson Hole, que se celebrará entre los día 26 y 29 de agosto, durante el cual espera que la volatilidad de los tipos disminuya.
En Europa, el mercado sigue descontando nuevas subidas del BCE: los cálculos de Neuberger a principios de agosto apuntaban a dos alzas más en el próximo año, que llevarían el tipo oficial al 2,75%.
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