El gran enemigo de la deuda pública en 2026: los bonos de las 'big tech' que invierten en IA
El bono francés a 10 años, conocido como OAT, cotiza por encima del 4% por primera vez desde 2009. El bono estadounidense a 30 años se mueve en máximos desde 2007. La deuda japonesa a una década ronda ya el 3%. Y las bolsas empiezan a mostrar grietas ante la escalada generalizada de los tipos de interés a largo plazo.
La ausencia de avances en el conflicto de Irán, después de que Donald Trump anunciara que no tenía intención de prorrogar el alto el fuego más allá de su vencimiento del 17 de agosto, ha actuado como catalizador a corto plazo. Las causas de este movimiento van más allá, según Enguerrand Artaz, estratega de La Financière de l'Échiquier (LFDE), que en un reciente análisis en el grupo de la gestora en Finect señala un competidor inesperado para la deuda soberana: los bonos que emiten las grandes tecnológicas para financiar sus inversiones en inteligencia artificial.
Cuando la IA se convierte en rival de los Estados
Más allá de los temores a un repunte de la inflación derivados de la situación en Irán, Artaz sitúa a los mercados de deuda pública en el cruce de dos tendencias que se retroalimentan: el deterioro de las cuentas públicas y el aumento de la deuda en los países occidentales, por un lado, y la financiación de las inversiones colosales en IA, por otro. Los denominados hyperscalers, los gigantes tecnológicos con más capacidad de cómputo, han recurrido de forma masiva a los mercados de bonos en los últimos meses para financiar ese desarrollo.
"Frente a apenas un 1% en 2024, las emisiones de bonos destinadas a financiar la IA han alcanzado un 18% del total de las emisiones investment grade en todo el mundo en el primer semestre de 2026", apunta el estratega de LFDE.
La irrupción de estos gigantes en el mercado de deuda corporativa ha disparado, además, el volumen total de emisiones, que ha crecido un 36% desde comienzos de año frente al mismo periodo de 2025.
Los mismos plazos, primas más altas
La competencia, según Artaz, se produce en varios frentes a la vez. El primero es el de los vencimientos. "Los hyperscalers se financian mayoritariamente a largo plazo. Alrededor del 70% de la deuda emitida presenta un vencimiento igual o superior a 7 años, con un vencimiento medio esperado entre 15 y 17 años", señala el estratega. Un estudio de Goldman Sachs citado en el análisis calcula que las emisiones de los hyperscalers representan más del 40% del total de las emisiones investment grade mundiales con vencimientos superiores a los 15 años.
Las tecnológicas, por si no fuera suficiente, pagan primas notablemente más altas que la deuda pública en las distintas divisas en las que emiten. El ejemplo que recoge LFDE es el de Alphabet, que ha colocado recientemente un bono a 20 años en dólares australianos a un tipo del 6,96%, frente al 5,45% al que cotiza el bono del Estado australiano al mismo plazo.
Mismos compradores, menos margen para todos
El tercer frente, y quizá el más determinante, es el de la demanda. Los inversores con capacidad para comprar deuda de los hyperscalers son, en gran medida, los mismos que ya tienen deuda pública en cartera. En Estados Unidos han sido los inversores privados los que han tomado el relevo mientras la Reserva Federal reducía el tamaño de su balance y los bancos centrales extranjeros mantenían estancadas sus posiciones en deuda estadounidense.
"Estos inversores poseen el 73% de la deuda estadounidense, frente al 50% hace 10 años", indica Artaz. Son, apunta el estratega, los mismos inversores que compran también deuda de los hyperscalers, emitida a menudo con una prima elevada, con vencimientos similares y sin el problema del deterioro de las finanzas públicas que arrastran los bonos soberanos.
El resultado es un fenómeno de desplazamiento: la deuda de la IA que inunda el mercado se está absorbiendo en detrimento de la deuda pública, y el proceso, según LFDE, apenas ha empezado. Las necesidades de financiación de la IA siguen creciendo, con cientos de nuevas emisiones de bonos esperadas en los próximos trimestres. Las de los Estados tampoco se frenan, ya sea por el deterioro continuado de las cuentas públicas en Francia, Estados Unidos o Reino Unido, ya sea por las inversiones que Alemania y, en menor medida, Japón, consideran prioritarias.
Salvo que los bancos centrales vuelvan a las compras masivas de activos, algo que no parece estar sobre la mesa, Artaz lo resume así: "Esta mayor competencia no hará sino alimentar el ascenso sostenido de los tipos de los bonos con los riesgos que, a la larga, ello conlleva para la financiación de la economía mundial".
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