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12:16 el 21 julio 2015

El sesgo “Schadenfreude” de la prensa occidental hacia China

Schadenfreude” es un término germánico que refleja un sentimiento de placer sobre las cosas negativas que les ocurren a otros. Este concepto resume una actitud negativista, un sesgo que desacredita  o menosprecia los éxitos de  terceros y un continuo deseo del fracaso ajeno

Stephen Harner, antiguo miembro del Departamento de Estado de EE.UU en Beijing y Tokio, apunta con su dedo a los medios de comunicación occidentales tachándolos de viles y sesgados respecto a la cobertura informativa y los análisis de las políticas, planes e iniciativas  lanzadas por el gobierno chino o el partido comunista de aquel país. En una sociedad tan corporativista, llama la atención ver a un norteamericano criticando tan duramente a sus compatriotas.

Harner señala que no solo es común en los medios amplificar noticias negativas puntuales como por ejemplo escándalos alimenticios en productos de consumo básico, sino un hecho mucho más relevante: condicionar subliminalmente al lector occidental sobre la amoralidad o inmoralidad endémica de las decisiones tomadas por el Gobierno y sobre la irresponsabilidad social y corrupción generalizada de sus políticos

Sin duda el autor más identificado con un sesgo “ Shadenfreude” hacia todo lo chino es Gordon C. Chang. Este abogado norteamericano conocido por su best-seller  “ The coming collapse of china” escribe en la introducción de su libro: “ El final del estado moderno chino está cercano. La República Popular China tiene cinco años, quizás diez; antes de su derrumbe”. El libro fue publicado en 2001. Chang durante la  década que sucedió dicho libro, siguió presente en debates en los medios con una actitud “Schadenfreude” , escribiendo multitud de artículos con el objeto de mantener candente una llama catastrofista, mientras, seguía vendiendo nuevas ediciones de su libro original. En  2011 y ante una evidencia de su desacertada predicción Chang publicó: “ The coming collapse of China: 2012 Edition”. En él razonaba los motivos de su fallida predicción  y señaló que se había equivocado por un solo año. Predijo de nuevo el final  Sistema del Comunista Chino: 2012.

Eco sonoro se produjo en la prensa internacional cuando el gobierno chino decidió bloquear el portal de Google a sus ciudadanos. La noticia fue divulgada como un atentado contra la libertad básica de acceso libre a la información y como una clara muestra de censura informativa. Lo que no se mencionaba en dichas informaciones es que los chinos seguían teniendo acceso con código abierto a través de portales chinos como  baidu.com, sin ningún tipo de restricciones. Tampoco se mencionaba que unos meses antes del cierre de google.cn (si pincháis en el enlace veréis que la web está a día de hoy activada) hubo muchas protestas diplomáticas por parte de las autoridades chinas motivadas por una venta de armas por importe de 6.4bn USD de EE.UU a Taiwán.

Pongamos el conflicto del Tíbet de nuevo como ejemplo. Los medios occidentales suelen presentar al Tíbet como una nación independiente que fue anexionada a China por a fuerza por el ejército rojo en 1959. Sobre la historia de Tíbet como parte del Imperio Chino desde el siglo XIII nunca se suele escribir en los medios occidentales. Tampoco se menciona que la región del Tíbet fue arrebatada arma en mano en 1912 a los chinos después de la revolución de Xinhai contra la dinastía Qing,  proclamando su  independencia el año siguiente.

Un hecho más reciente: las protestas en Hong Kong. Decenas de miles de personas se lanzaron a las calles para reclamar unas elecciones libres y tuvo amplio eco de nuevo en los medios internacionales. En Hong Kong se celebran elecciones democráticas, eso sí, dentro de un marco de candidatos con listas cerradas, supervisadas y aprobadas por el Gobierno Chino. Visto desde la óptica occidental, eso es un intervencionismo político encubierto y enmascarado en una democracia del todo irreal. Visto desde la óptica china, es mucho más que lo que ofrecieron los británicos durante 150 años de ocupación hasta su posterior entrega en 1997 al gobierno chino.

La protesta de HK no fue una protesta pro-democracia. Esa fue la careta con la que la disfrazaron los activistas que la secundaron para conseguir la atención internacional que necesitaban y que desde luego consiguieron. Cualquier occidental sentado ante un telediario se llevó una imagen de los pobres habitantes de Hong Kong que salieron a la calle a reclamar reformas democráticas y fueron aplastados por la implacable hoz y el martillo chino.

La protesta de Hong Kong fue una protesta activista  de tono " Occupy Wall Street" en EE.UU o del movimiento 15-M en España, donde la desigualdad en el nivel de riqueza y la falta de oportunidades para los jóvenes hace que sectores desfavorecidos de la población tomen las calles a la fuerza. Hong Kong posee una de las rentas per cápita más elevadas del mundo – $52.700USD – prácticamente la misma que EE.UU. Sin embargo la desigualdad entre ricos y pobres, medidos por el Índice Gini, lo sitúa detrás de Zimbawe, a pesar de toda la riqueza que le ha generado  las reformas económicas chinas desde su integración en 1997.

Salvo un artículo publicado por CNBC y firmado por Dan Steinbock titulado “ The real issue in Hong Kong protests(1)  donde detalla lo explicado en el párrafo anterior, no he visto referencia alguna en los medios occidentales de lo realmente ocurrido durante esas semanas de 2014. Una palabra se repite de nuevo en mi cabeza: “Schadenfreude”.

Dejemos ya los ejemplos. Estoy seguro de que por cada ejemplo que escriba con un “bias” anti-chino en la prensa occidental, encontraría su homónimo en la prensa china, si fuera capaz de leer el mandarín, sobre los japoneses o los americanos. En cualquier forma de comunicación humana encontraremos sesgos o parcialidades hacia una u otra dirección. Solo se es capaz de alcanzar un criterio propio consultando múltiples fuentes y entendiendo hacia donde estas sesgadas las mismas.

Quizás el ejercicio interesante es entender porque se produce ese “bias” anti-chino en la prensa occidental. Como no considero la posibilidad de que se trate de conspiraciones masónicas internacionales o una “ mano negra” auspiciada por acuerdos diplomáticos en la sombra para drenar el protagonismo que ha obtenido China en las últimas décadas, voy a tratar de razonar los motivos que han llevado a este “Schadenfreude”.

La revolución china es sin duda uno de los eventos más importantes en la historia económica y geopolítica desde la revolución Industrial. Y esta se ha perpetrado desde una estructura de poder autoritaria y no desde un sistema democrático basado en las teorías de desarrollo económico moderno. Esas teorías contemplan la ausencia de reglas democráticas como la causa principal de pobreza y estancamiento a lo largo y ancho del planeta (2). Dichas teorías consideran que las instituciones occidentales modernas son un pre-requisito para el desarrollo económico de un país. Y esas teorías están muy implantadas en la forma de actuar y pensar de los que vivimos en ellas.

En general en cualquier sistema político, económico, social etc… uno considera que todo aquel que no se rija por las reglas de su sistema, está equivocado y abocado al fracaso y que su modelo es el “correcto”, al igual que un creyente considera que su Dios es el “verdadero”. Se produce otro curioso efecto: el tiempo amplifica la magnitud del catastrofismo - Si el modelo “incorrecto” del de enfrente con el paso del tiempo produce estabilidad y riqueza, en lugar de cuestionar nuestro propio modelo o aprender del contrario, tendemos a decir que la caída será mayor y las consecuencias más devastadoras. El redactor jefe del Washington Post está igual de condicionado por el sistema en el que vive que un contratista en Wyoming.

Sin embargo hemos visto en las últimas décadas como la implantación de “nuestro” modelo, sin tener en consideración la situación inicial de partida desde el punto de vista social-político-económico, han sido un claro error que ha llevado al colapso económico y a la inestabilidad política a muchos países (Irak, Libia, Egipto, Afganistán, la URSS y algunos de sus posteriores repúblicas ex soviéticas). Otras democracias instauradas (como la española) han sido un modelo de éxito, que se atribuyen dichos teóricos, como ejemplo de la efectividad de sus modelos. Sin embargo no son capaces de explicar como uno de los países con mayor tradición y longevidad democrática como es la India, no ha sido capaz de perpetrar una revolución industrial 250 años después de la inglesa. El argumento de la superpoblación quedó desacreditado. China con la misma población ya ha superado con creces su propia revolución.

Es interesante escuchar que piensan los chinos sobre su sistema respecto al occidental. En palabras del ministro de asuntos exteriores de Hong Kong, Mr. K. Shanmugam “en este momento de desarrollo chino el objetivo principal del gobierno chino  es mantener la unidad, el progreso y un mejor estándar de vida para los 1.4 billones de habitantes. Nuestros líderes están convencidos que solo se puede conseguir dichos objetivos a través de un liderazgo político que asegure un buen gobierno y evitando los efectos colaterales de un sistema democrático multi-partido”.

Mr. Shanmugam considera que un país con elecciones democráticas cada cuatro años es incapaz de planificar en el largo plazo. Pone como ejemplo los Estados Unidos y como su sistema democrático se ha deteriorado hasta tal punto que son incapaces de aprobar un presupuesto durante años o de sacar adelante una reforma sobre la inmigración, mejorar la educación pública o controlar el crimen y la violencia.

Los chinos siempre han usado igualmente el ejemplo de la antigua URSS como muestra de lo que ocurre cuando se abordan reformas políticas con anterioridad a abordar las reformas económicas necesarias. No descartan una democracia en el futuro, de nuevo en palabras de Mr. Shanmugan: “China will be firm: it is not going to institute any major political change to copy the Western models – in the short term”.

Jacobo Arteaga Fierro

BrightGate Capital SGIIC S.A.

 

  1.  ( http://www.cnbc.com/2014/10/06/the-real-issue-in-hong-kong-protestscommentary.html )
  2. “Why Nations Fail” (Acemoglu & Robinson – 2012)
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