Parece que algunos bancos están apostando de nuevo por los fondos garantizados como producto de campaña. 

¿Por qué? Tiene toda la pinta de que ahora mismo vender cualquier cosa con riesgo de pérdida se ha complicado mucho para el ahorrador tipo. Pero al mismo tiempo, ni los depósitos ni la renta fija ofrecen rentabilidad de ningún tipo. 

La realidad es que los garantizados tampoco van a ofrecer rentabilidad y ahora explicaremos por qué. Pero al ahorrador le transmiten la sensación de seguridad asociada a potencial ganancia... Si se cumplen determinadas condiciones. Y parece que con eso les vale, porque los garantizados de bolsa habrían captado más de 1.000 millones de euros en el primer trimestre. 
 

¿Cómo funcionan?

La gestora tiene la obligación de garantizar la devolución del dinero que ponemos a un plazo determinado. Por lo tanto, para empezar tendrá que poner la mayor parte en activos lo más conservadores posible. ¿Cuánto? Depende de los tipos de interés. Cuanto más bajos, más parte del dinero tendrá que destinar a estos productos para garantizar el 100% de lo invertido.

Pero además, la gestora cobra comisiones, por lo que todavía se reduce más el dinero que queda para buscar rentabilidad adicional. 

Veámoslo en la práctica con el  Santander Valor 100 Global, uno de los fondos garantizados que más han captado ese año. 

Del dinero que cada ahorrador pone en estos fondos, la gestora invierte en una cesta de bonos que le dan a vencimiento (2022) una rentabilidad bruta del 5,21%, de donde la mayoría, (3,56%) van a "satisfacer las comisiones de gestión, depósito y gastos previstos". Con eso (salvo impagos en la cartera de bonos), ya se garantiza que tendrá suficiente para devolver su dinero al inversor. ¿Pero cuánto le queda para invertir?

Sólo un 1,56% en el caso de este producto de Santander. Es decir, que de cada 100 euros invertidos por el partícipe, en realidad sólo se dedica 1,5 euros realmente a buscar rentabilidad adicional a la garantía. Lo que hace el gestor del fondo con esa rentabilidad extra es contratar una cesta de derivados.

El problema de los derivados además es que, cuanta más volatilidad, más caros.  Por lo tanto, con esos 1,5 euros por cada 100, apenas se podrá contratar nada que tenga una promesa notable de rentabilidad.

Es muy probable, como en este caso, que el inversor acabe pagando el doble por las comisiones y gastos del producto que va a contratar que la rentabilidad que va a obtener... A lo que hay que añadir que se trata de productos con cierta iliquidez porque si se saca el dinero antes del vencimiento o de los periodos establecidos, se pierde la garantía y se incurre en comisiones.