Mi abuelo fue “sheep manager”. En otras palabras, pastor.   No es una profesión con mucho glamour, pero la economía de un pequeño pueblo de Castilla - La Mancha no ofrecía muchas más alternativas.  Al cumplir los veinte, y  con el legítimo deseo de prosperar preparó una oposición a un FCSE con la idea de buscar un mejor porvenir en la capital. Para ello tuvo que retomar los estudios que de un modo forzoso se había visto obligado a abandonar con apenas 8 años. Es entonces cuando (creo que) adquirió el libro del que os vengo a hablar Impreso  en Barcelona en 1921, está editado por FTD, una editorial especializada en material educativo. Dentro de los diferentes temas se abordan medidas de longitud, de masa, de volumen, algebra básica, contabilidad, y con un apartado de medidas monetarias.

 

Un momento, ¿Cuándo  la peseta se ha llamado  Dracma en Grecia? La primera vez que lo vi, me quedé bastante sorprendido. No recordaba haber leído ni estudiado nada al respecto en la Universidad. Así que decidí investigar por mi cuenta. Y fue como “descubrí la Unión Monetaria Latina”, que ya veremos cómo tiene algunos episodios que riman demasiado con la situación actual.

 

Así, el 23 de diciembre de 1865 el Imperio Francés, el Reino de Bélgica, el Reino de Italia y la Confederación Helvética —Suiza— fundaron la Unión Monetaria Latina  y se comprometen a cambiar sus divisas nacionales a un estándar de 4,5 gramos de plata o 0,290322 de oro (un ratio de quince veces y media a una) y hacerlas libremente intercambiables. Más tarde se unirían España y Grecia en 1868, y Rumanía, Austria, Bulgaria, Venezuela, Serbia, Montenegro y San Marino en 1889. Este es el origen de una de las monedas más bonitas jamás acuñadas en la península Ibérica: El mítico “Duro” del gobierno provisional de 1869. 

Desde entonces, y hasta el gobierno de la Segunda República todas las pesetas fueron acuñadas con la misma Ley de plata: Cinco pesetas equivalían a 25 gramos de plata de 900 milésimas.  Las monedas de oro estaban reservadas para las de 100 pesetas. Al menos en España. En Francia si que se acuñaron monedas en oro de 5 Francos en adelante. 

 En cualquier caso, los problemas no tardaron en llegar. Antes de avanzar conviene remarcar que se trataba de una misma moneda pero con un patrón bimetálico. Esto implicaba (como así ocurrió), que los precios de las monedas de plata en relación a las de oro (y viceversa) sólo serían estables si los costes de extracción se mantenían constantes.   Los avances tecnológicos de finales del siglo XIX hicieron a las explotaciones de metal de plata mucho más productivas por lo que el ratio estatutario de quince veces y media a una sobrevaloraba artificialmente la plata en detrimento del oro. ¿Y qué pasó? Posiblemente lo que ya estés pensando, arbitraje. 

En 1873 y  sólo ocho años después de la puesta en marcha de la UML,  Francia comienza a recibir ingentes cantidades de plata (154 millones de Francos en plata) de comerciantes alemanes que demandaban su contrapartida en oro. Al año siguiente 1874 y como consecuencia de la inmensa afluencia de plata acontecida el año anterior se decretó la suspensión de la convertibilidad de la plata en oro. Desde este año y hasta el comienzo de la primera guerra mundial Europa se desenvolvería en lo más parecido a un patrón oro “puro”.
Los problemas no se terminaron ahí.  Giacomo Antonelli, Cardenal Secretario de Estado de Pio IX, y contando con la aprobación tácita de Napoleón III, comenzó a acuñar monedas de plata con una ley inferior a la del tratado.  En 1878 se suspendió temporalmente la acuñación en plata en todos los estados,  los bancos suizos y franceses comienzan a rechazar  la moneda vaticana. Una vez localizado el fraude decretaron la expulsión del Estado Vaticano de la Unión Monetaria. España tampoco quedó exenta de estas triquiñuelas. Aunque las monedas tenían un valor facial de 5 pesetas, el valor en plata a finales de siglo oscilaba entre las 2,5 y 3 pesetas de material. La diferencia se la embolsaba el Estado como derechos de cuño para la financiación de sus gastos.  Un 50% de margen hacía la acuñación uno de los negocios más rentables de todos aquellos en los que operaba el Estado.   A comienzos de siglo comienzan a aflorar en España unos duros, que por su origen se denominan sevillanos. Hubo quien debió pensar que tal pingüe negocio no debía ser competencia exclusiva del estado. El caso es que durante la primera década del siglo XX tuvo que ser ciertamente difícil escapar a las monedas ilegítimas que literalmente inundaron los bolsillos de muchos españoles muy a su pesar. Según algunas fuentes  la mano que se ocultaba detrás de los duros falsos no era otra que Álvaro de Figueroa y Torres, Conde de Romanones, que así daba su stock de plata. 

 

Sea como fuere,  el Estado tomó cartas en el asunto y se prestó a la conversión de los duros “malos” por los oficiales. Pero no teman, que no fue necesario subir impuestos para afrontar el coste del “saneamiento” del sistema monetario patrio. El estado asumió el  cambio de los duros “falsos” por los legítimos sin coste alguno. ¿Una pista? La mayoría de los duros falsos contenían mucha más plata que la que contenían los duros acuñados por el Estado. Quién lo iba a decir.  La siguiente expulsión aconteció en 1908. Esta vez sí,  Grecia fue sorprendida rebajando la ley de sus acuñaciones en oro. Fue expulsada de la Unión Monetaria. La I Guerra Mundial pocos años después supuso el fin de facto de la Unión. Muchos países se vieron obligados a adoptar monedas fiat de cara a garantizar la financiación del coste de la guerra. Al finalizar el conflicto, no hubo voluntad alguna de recuperar dicha Unión. Cómo quien dice entre todos la mataron, y ella sola se murió. No había Unión Monetaria que aguantara tanto pillo...

Con más de un 85% de los votos escrutados, hoy  Grecia ha votado no. No creo que nadie sepa cual es el siguiente paso a partir de ahora, pero la historia nos enseña que las uniones monetarias por muy bienintencionadas que sean no son para siempre.  Lo digo porque creo que por parte del consenso  de analistas se le está dando poco peso a una situación que cada vez se está volviendo más irreversible. A ver que pasa mañana.