Por qué la inteligencia artificial transformará el trabajo, pero no lo sustituirá
Christopher D. Buchbinder, Jared Franz, Mark Casey, Steve Watson y Robert W. Lovelace
Si uno le pregunta a ChatGPT si los despidos que están llevando a cabo las grandes tecnológicas son un anticipo de lo que les espera a los demás sectores, la respuesta no puede ser más ambigua: todavía no. Pero las señales de alarma son reales.
Fuera del sector tecnológico, las compañías están utilizando la inteligencia artificial para una lista creciente de tareas, desde la lectura de documentación legal a la creación de materiales de marketing, pasando incluso por la realización de entrevistas de trabajo. Nuestros economistas y gestores están tratando de determinar si esta tendencia está sirviendo para potenciar el trabajo humano o si en realidad lo está sustituyendo.
Muchos de ellos consideran que la inteligencia artificial constituye más una fuente de creación de puestos de trabajo a largo plazo que una amenaza para el empleo. «No tengo ninguna duda de que la inteligencia artificial va a transformar por completo nuestra vida y sé que acabará afectando a la mayor parte de la economía», señala Chris Buchbinder, gestor de renta variable. «Hay quien sostiene que provocará una pérdida generalizada de puestos de trabajo cualificados, y esa es una inquietud real para muchos trabajadores. Pero yo no comparto una visión tan pesimista, que, además, tampoco encaja con la evolución histórica de las tecnologías destinadas a aumentar la productividad».
En su lugar, la inteligencia artificial podría impulsar un crecimiento económico más rápido y una oleada de nuevas empresas. «Trabajé como analista del sector de las telecomunicaciones a finales de la década de 1990, y vi cómo internet impulsó la creación de todo tipo de compañías y puestos de trabajo. Nadie habría podido imaginar que Amazon se convertiría en un gigante del comercio minorista, que Netflix se haría con gran parte del sector de los medios de comunicación o que la publicidad digital acabaría superando a los canales tradicionales», explica Buchbinder. «Ahora estamos en una etapa similar. La próxima generación de compañías y aplicaciones de la inteligencia artificial será igual de difícil de predecir e igual de transformadora».
La mayoría de los sectores incorporan nuevas tecnologías a sistemas antiguos
Los avances tecnológicos no suelen transformar los sectores de la noche a la mañana. Hizo falta una pandemia para que se lograra la adopción generalizada de la videoconferencia, una tecnología que AT&T presentó por primera vez en 1927 y fue perfeccionando hasta la década de 1990. «Hay mucha tecnología que ya está disponible, pero que los sectores y las empresas no están utilizando porque su integración en el mundo real resulta compleja», afirma el economista Jared Franz.
Es probable que algunos sectores como la construcción, la sanidad, el sector aeroespacial y de defensa o el financiero vayan adoptando la inteligencia artificial de manera más gradual, ya que muchas compañías de estos sectores funcionan con sistemas preexistentes complejos y difíciles de integrar, con datos que a menudo están fragmentados.
Históricamente, las empresas tienden a adoptar las nuevas tecnologías incorporándolas a sus propios sistemas. «No es una buena idea que un sistema de inteligencia artificial realice un diagnóstico médico sin intervención humana, sobre todo en radiología o en otras situaciones que podrían cambiar la vida de una persona», añade Franz.
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