La nueva era del alfa: ¿Qué hará falta para generar alfa en el futuro
- Generar alfa no consiste únicamente en expresar una convicción, sino en hacer más intencionado el riesgo activo.
- Tiene que ver tanto con crear resistencia como con generar rentabilidad a corto plazo.
- Las estrategias activas adoptan muchas formas en la actualidad, desde los enfoques sistemáticos hasta las estrategias discrecionales tradicionales.
Andrew Wells, director de Gestión de Activos de Fidelity International
La gestión activa está cambiando en respuesta a la evolución de los mercados y a las demandas de los inversores.
La gestión activa está entrando en una fase decisiva. Tras años de ajustes ante las presiones de costes derivadas del auge de la inversión pasiva, el sector se está reconfigurando actualmente por la determinación de unos inversores que se preguntan cómo pueden afrontar la incertidumbre, generar resultados resistentes y diseñar carteras que puedan adaptarse a los cambios en los regímenes de mercado. Por lo tanto, la forma en que los inversores conciben el alfa está evolucionando.
La demanda de gestión activa sigue firmemente anclada en la necesidad de generar rentas, crecimiento y estabilidad. Sin embargo, en lugar de considerar el alfa únicamente desde la perspectiva de una selección de valores sin restricciones, los inversores se centran cada vez más en cómo las observaciones derivadas del análisis pueden traducirse en resultados más amplios en las carteras. Actualmente, la gestión activa comprende algo más que simplemente superar a un índice de referencia de forma aislada.
Por qué la gestión activa vuelve a ser importante: disrupción y dispersión
Este cambio debe situarse en el contexto de unos fundamentales económicos que evolucionan a un ritmo sin precedentes. La inteligencia artificial está redefiniendo las tendencias de productividad y las dinámicas de la competencia en todos los sectores y regiones, mientras que la fragmentación geoeconómica está replanteando las cadenas de suministro globales y las decisiones de asignación del capital. Por lo tanto, los ciclos económicos se han vuelto menos sincronizados, al tiempo que ha aumentado la incertidumbre en torno al crecimiento, la inflación y los tipos de interés.
Como resultado, las valoraciones están divergiendo de manera significativa a medida que las expectativas se ajustan con rapidez y se amplía la brecha entre los líderes y los rezagados percibidos. Eso crea un conjunto de oportunidades más rico para los gestores de activos que pueden evaluar los fundamentales de forma rigurosa y posicionar las carteras con disciplina. Sin embargo, dado que las dinámicas de los mercados, incluidas las que rodean a las correlaciones entre clases de activos, se han vuelto más complejas y menos lineales, los inversores también se están centrando más en cómo pueden dotar de resistencia a sus carteras.
En esencia, la inversión sigue reduciéndose a tres decisiones interrelacionadas: dónde asumir el riesgo, cuánto riesgo asumir y cómo asumirlo. Sin embargo, responder a estas preguntas en el contexto actual exige una mayor experiencia interdisciplinar, un análisis más profundo y prospectivo, y una comprensión más clara de los objetivos y condicionantes de cada inversor. Solo así se podrá aportar claridad y relevancia en torno a los factores que determinan el riesgo y la rentabilidad, de una forma que fomente la confianza a lo largo de los cambios en los regímenes de mercado.
"Aunque el análisis sigue siendo el pilar básico, el valor reside en combinar exposiciones con fuentes de alfa selectivas."
Redefinir el alfa en la práctica
Las exposiciones generales al mercado siguen desempeñando un papel esencial a la hora de proporcionar un acceso eficiente a la beta del mercado, pero ahora deben complementarse con estrategias activas que ayuden a gestionar los riesgos y aprovechar las oportunidades que surgen a medida que evolucionan los fundamentales. En este contexto, la gestión activa ahora gira en torno a conseguir resistencia mediante la personalización tanto como crear riqueza mediante exposiciones selectivas. Del mismo modo, las ideas derivadas del análisis no se centran tanto en ofrecer una rentabilidad superior constante como en mejorar los resultados de las carteras a largo plazo.
No obstante, las estrategias activas pueden adoptar muchas formas hoy día. Desde los sistemáticos hasta los discrecionales más tradicionales, los enfoques pueden equilibrarse en términos de eficiencia, transparencia y control, y aplicarse a través de una amplia gama de vehículos. El objetivo no es determinar un nivel de convicción, sino hacer que el riesgo activo sea más intencionado, medible y acorde con las decisiones globales de asignación de activos.
A modo de ejemplo, estamos observando un creciente interés de los clientes por soluciones sistemáticas disciplinadas que puedan proporcionar exposiciones que tienen en cuenta los índices de referencia, al tiempo que incorporan señales de análisis que aportan valor añadido. Dichas estrategias pueden tener en cuenta el potencial de tracking error durante el diseño de la cartera, lo que permite a los clientes gestionar el grado en que aceptan el riesgo frente al mercado.
Por otra parte, también estamos observando un renovado interés por soluciones de alta convicción que puedan adoptar posiciones más amplias en relación con el índice para abordar los retos específicos que plantean las condiciones actuales del mercado. Entre estos retos, cabe mencionar el aumento de ciertos riesgos temáticos y particulares al nivel de las acciones derivados de una mayor concentración bursátil en un puñado de gigantes cotizados dominantes y a menudo correlacionados, la consiguiente reducción de la diversificación inherente al índice, y el impacto de los flujos vinculados al sentimiento y al momento en la dispersión de la rentabilidad a corto plazo. La elevada dispersión es, en este sentido, una característica de los mercados que debe gestionarse y aprovecharse simultáneamente mediante un diseño de cartera cuidadoso.
Diseñar soluciones basadas en el alfa
En última instancia, nuestros clientes siguen queriendo beneficiarse de las ventajas que aporta nuestro análisis, ya que se ha demostrado que genera valor a largo plazo. Entre principios de 2010 y finales de 2025, por ejemplo, las recomendaciones de “comprar” y “mejor que el mercado” de nuestro equipo de análisis de renta variable global generaron una rentabilidad acumulada del 56,2% frente al mercado, mientras que las acciones con recomendaciones de “vender” y “peor que el mercado” acumularon una desventaja media del 18%*.
Sin embargo, cada cliente es diferente y demanda cada vez más que los efectos beneficiosos de nuestro análisis se le proporcionen de una manera que se ajuste a sus propias circunstancias, objetivos y condicionantes. Por eso adaptamos constantemente nuestra completa gama de soluciones cimentadas en el análisis en todas las clases de activos, de modo que pueda ayudar a clientes con diferentes perfiles de riesgo a conseguir un abanico de objetivos de inversión.
En un extremo del espectro se encuentran las estrategias Active+ sin restricciones, que buscan niveles más altos de alfa a través de carteras concentradas y de alta convicción. Junto a estas se sitúan los componentes básicos cimentados en el análisis, que están basados en procesos de inversión disciplinados y destinados a generar un alfa constante como parte de asignaciones de cartera más amplias. Por su parte, las exposiciones inteligentes, que proporcionan un acceso de bajo coste a nuestras perspectivas de análisis a través de marcos transparentes y basados en reglas, pueden ayudar a los inversores a aplicar las ideas activas de manera eficiente y a gran escala.
La nueva era del alfa no se define por oposición a la beta, sino por la integración con ella. El análisis sigue siendo el pilar, pero su valor se materializará a través de una aplicación cuidadosa, que no es otra cosa que la capacidad de combinar exposiciones estratégicas con fuentes de alfa selectivas, teniendo en cuenta las nuevas realidades económicas.
* Fuente: Fidelity International, 31 de diciembre de 2025. Rentabilidades regionales ponderadas por la capitalización bursátil de las empresas con calificación de compra/mejor que el mercado o venta/peor que el mercado. El valor añadido se calcula frente a los índices regionales.
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