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La estrategia de inversión para resistir las crisis: ¿tiene sentido la cartera permanente en 2026?

La estrategia de inversión para resistir las crisis: ¿tiene sentido la cartera permanente en 2026?

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¿Existe una cartera capaz de comportarse razonablemente bien en inflación, recesión, crecimiento o crisis? ¿Qué es exactamente la cartera permanente y para qué tipo de inversor tiene sentido? ¿Puede seguir funcionando en 2026 tras años tan distintos como 2022 o el actual contexto de tensión geopolítica?

En esta nueva edición de Finect Talks abordamos una de las estrategias de inversión más conocidas entre quienes buscan una forma de invertir con más estabilidad y menos sobresaltos. Para ello hablamos con Carlos Santiso, gestor de fondos de inversión en Andbank y cogestor del fondo MyInvestor Cartera Permanente.

Durante la conversación, Santiso resume de forma clara el objetivo de esta filosofía: construir una cartera que “lo haga razonablemente bien en cualquier entorno económico”. Eso no significa, matiza, que nunca caiga, sino que trata de evitar grandes desplomes como los que puede sufrir una cartera concentrada en renta variable.

 

¿Qué papel juega cada activo en la cartera permanente?

La estrategia se apoya en cuatro grandes bloques: renta variable, bonos gubernamentales de larga duración, oro y liquidez —o, más concretamente, letras del Tesoro—. Según explica el gestor, cada uno de estos activos responde de forma distinta al ciclo económico y, en conjunto, permiten que al menos una parte de la cartera esté funcionando bien en cada escenario.

Sea cual sea el escenario que venga, al menos uno de ellos lo va a hacer bien”, señala. Esa es, precisamente, la lógica que hay detrás de una estrategia pensada para suavizar el camino del inversor a largo plazo.

Santiso defiende que esta propuesta está diseñada principalmente para perfiles conservadores. En su opinión, muchos inversores tienden a sobreestimar su tolerancia al riesgo y descubren su verdadero perfil cuando llegan las caídas fuertes. “La cartera permanente, su solución principal, es no tomar malas decisiones”, afirma, aludiendo a que una menor volatilidad puede ayudar a mantener la disciplina inversora.

En la entrevista también detalla el papel que juega cada activo. La renta variable actúa como motor de rentabilidad a largo plazo. El oro, como protección frente a lo que denomina “inflación mala”, ligada a la pérdida de confianza en los Estados y en la moneda. Los bonos gubernamentales, por su parte, buscan cubrir escenarios deflacionarios o recesivos. Y el efectivo sirve como ancla cuando todos los demás activos sufren a la vez.

Sobre el oro, uno de los activos más seguidos en los últimos meses, reconoce que su subida ha sido muy intensa, pero mantiene una visión positiva a largo plazo. “Sigue siendo el oro mi activo favorito para los próximos diez años”, asegura, aunque advierte de que eso no impide que pueda corregir tras un movimiento tan vertical.

¿Cómo hacer una cartera permanente?

Uno de los puntos más interesantes de la conversación es cómo aplican esta filosofía en la práctica. En lugar de limitarse a Estados Unidos, como hacía el planteamiento original de Harry Browne, el fondo que gestiona Santiso diversifica entre varias áreas geográficas desarrolladas. Según explica, reparten la exposición entre ocho regiones, tanto en renta variable como en deuda pública y liquidez, mientras reservan un 25% al oro.

El objetivo de ese enfoque es evitar depender de una sola economía o una sola divisa. “Nunca vas a tener la cartera permanente con la rentabilidad más alta de todas las posibles, pero tampoco vas a tener nunca la más baja”, resume.

En la parte de renta fija, Santiso aclara además que la estrategia no utiliza bonos corporativos, sino exclusivamente bonos soberanos. La razón es que, en un escenario recesivo, el crédito puede sufrir, mientras que la deuda pública de calidad tiende a beneficiarse del movimiento de refugio. Actualmente, explica, manejan duraciones largas.

La entrevista también entra en una de las dudas más frecuentes entre los inversores: si merece la pena construirse una cartera permanente por cuenta propia. Santiso reconoce que se puede hacer, pero advierte de errores habituales. Entre ellos, menciona el uso excesivo de bonos muy largos en Europa o la falta de convicción para mantener la estrategia cuando atraviesa una mala racha. “Cuando te la gestionas tú es bastante más complicado tener convicción”, apunta.

Otro aspecto clave es el rebalanceo. En su caso, lo hacen por bandas: si alguno de los activos supera el 35% o cae por debajo del 15%, se reajusta toda la cartera. En condiciones normales, eso implicaría rebalancear aproximadamente una vez cada dos años, aunque en el fondo han tenido que hacerlo con más frecuencia por el fuerte crecimiento en patrimonio y las nuevas suscripciones.

Preguntado por si esta estrategia debería adaptarse a nuevos activos como las criptomonedas, Santiso se muestra claramente contrario. A su juicio, la cartera permanente se apoya en activos con décadas —o incluso siglos— de comportamiento conocido ante distintos entornos macroeconómicos, algo que todavía no ocurre con criptoactivos como bitcoin. “Falta mucha madurez para poder incorporarlo a algo como cartera permanente”, sostiene.

También aborda una crítica habitual: la frustración que puede sentir un inversor al comparar esta estrategia con fondos indexados o bolsas que han subido mucho en los últimos años. Su respuesta es clara: quien entra en cartera permanente sabe que renuncia a parte del potencial alcista a cambio de un camino más tranquilo. “Quien invierte en cartera permanente sabe de antemano que está renunciando a una mayor rentabilidad en beneficio de una mayor seguridad”, resume.

¿Tiene sentido la cartera permanente para 2026?

De cara a este año, Santiso no cree probable repetir un año exactamente igual a 2022, cuando coincidieron fuertes caídas en renta fija y renta variable. Sí admite que pueden producirse episodios parecidos, pero considera que el punto de partida actual, con tipos de interés más normalizados, es distinto. En ese escenario, cree que el oro y el efectivo podrían volver a jugar un papel importante dentro de la cartera.

Ya al final de la conversación, deja una recomendación para quien esté pensando en empezar a invertir. Antes que buscar el producto perfecto o lanzarse sin más, insiste en la necesidad de formarse. “Lo primero es formarse”, señala. En su opinión, entender en qué se invierte es clave para evitar uno de los errores más comunes: entrar en el peor momento por moda y salir en el peor momento por miedo.

Además, en el Finect Talks de esta semana...

Antes de la entrevista, en la sección de El Corrillo, repasamos varios de los temas que han marcado la actualidad de mercado en Finect.com, con especial atención a la evolución del petróleo y el riesgo de una nueva ola de inflación en pleno contexto de tensión en Oriente Medio.

Después, en Finect Fight!, comparamos cuatro promociones de bancos españoles por domiciliar la nómina y analizamos qué entidades ofrecen más dinero, qué condiciones exigen y qué diferencias hay entre sus ofertas.

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Este contenido se ha elaborado bajo un criterio editorial y no constituye una recomendación ni propuesta de inversión. La inversión contiene riesgos. Las rentabilidades pasadas no son garantía de rentabilidades futuras.


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