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Mar de liquidez

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Lejos de llegar al final de esta novela, este sería el título en el ámbito de los mercados financieros

Mar de liquidez
Si hace un año nos hubieran dado unas pinceladas de lo que hemos vivido este primer semestre del año, de cómo estos hechos están cambiando a la sociedad, hubiéramos pensado que se trata de una nueva narración de esa famosísima Guerra de los Mundos versión 2.0. Pero la realidad supera muchas veces a la ficción.

Este primer semestre ha estado lleno de sorpresas, tensión, drama, superación… y aunque todavía estamos lejos de llegar al final de esta novela, si tuviéramos que irle buscando un título en el ámbito de los mercados financieros, por el momento este sería “Mar de liquidez”.

Entrando ya en materia, el shock vivido en los mercados en marzo y parte de abril, solo pudo ser frenado por la rápida intervención de los bancos centrales. Mucho más ágiles que en la Gran Crisis Financiera de 2008, estas instituciones salieron al rescate con diversos paquetes de medidas, anunciadas sin ni siquiera esperar a sus reuniones programadas, y que consiguieron volver a dotar de liquidez al mercado, dando soporte a los mercados de renta fija, en los que la verticalidad de las correcciones daba vértigo.

De hecho, los mercados ofrecieron una oportunidad de entrada en bonos de compañías con muy sólidos fundamentales a unos niveles de rentabilidad que llevábamos años sin ver.

Por tanto, ese “mar de liquidez”, gracias a los fuertes programas de recompra de bonos, tanto soberanos como corporativos, ha permitido que el mercado haya podido digerir, sin mayores problemas, el gran volumen de emisión, tanto de deuda pública como privada, que se ha producido en el segundo trimestre del año. Como consecuencia de la expansión de los presupuestos gubernamentales para hacer frente a los efectos económicos de la pandemia, en el primer caso, y por el esfuerzo de las empresas en reforzar la liquidez con la que cuentan para atravesar el parón de actividad, en el segundo. Y también han servido de soporte a los mercados con más beta como las acciones.

Gracias a los fuertes programas de recompra de bonos, ha permitido que el mercado haya podido digerir, sin mayores problemas, el gran volumen de emisión que se ha producido en el segundo trimestre del año.

Los paquetes de medidas adoptados por los bancos centrales han sido extensos y comprenden varios ámbitos de actuación. Por un lado, se ha otorgado liquidez al sector bancario para que este pueda seguir dando crédito. En esta ocasión, y a diferencia de lo que ocurrió en la Gran Crisis Financiera, el sector bancario no es el problema sino, al contrario, parte de la solución.

Además, se han flexibilizado los requisitos de capital de los bancos, así como la clasificación de los créditos dudosos, con el fin de que estas entidades tengan margen de maniobra para seguir apoyando la economía sin necesidad de levantar capital. Por otro lado, se han anunciado cuantiosos programas de compra de activos, tanto en deuda pública como privada, con la Reserva Federal (Fed) extendiendo su actividad incluso a los denominados fallen angels, o empresas que han perdido el grado de inversión.

Igualmente, la Fed y el Banco de Inglaterra, que tenían margen para ello, redujeron sus tipos de interés de referencia de nuevo hasta niveles mínimos. En este punto, señalar que la Fed sigue sin contemplar el poder llevarlos a terreno negativo, mientras que el Banco de Inglaterra ya no lo descarta.

Las medidas fiscales fueron algo más lentas en responder, pero en general todos los países han lanzado, y siguen lanzando, programas de estímulo fiscal, que tienen varias características comunes: garantías de préstamos para las empresas, inversiones públicas, ayudas al desempleo, aplazamiento del pago de impuestos y, en casos como en el de EEUU, trasferencia de dinero directamente a las familias.

Destaca la propuesta de la Comisión Europea para el Programa de Recuperación económica, que incluye EUR 500.000 millones en transferencias directas a los estados y otros EUR 250.000 millones en préstamos. Aunque todavía está en negociación, la importancia de este plan, al ser financiado a nivel europeo, es que se emitirán bonos que serán repagados entre 2028 y 2058 mediante la generación de nuevos ingresos.

Con este plan, se ha conseguido vencer la reticencia a lanzar un programa conjunto financiado con una deuda común, lo que permite que países con elevados endeudamientos y déficits públicos, como España o Italia, no tengan que elevar sus endeudamientos hasta niveles altamente insostenibles.

Ante esta situación, las perspectivas económicas se fueron deteriorando de forma drástica a lo largo de todo el segundo trimestre de año, a medida que se constataba que las medidas de contención van a estar aquí durante más tiempo del esperado. Cabe destacar, no obstante, la recuperación de los indicadores económicos a medida que se ha ido produciendo el proceso de reapertura en las distintas economías, aunque todavía muy lejos de una recuperación en V.

Aunque el peor impacto de la crisis parece que ya ha sido superado, sigue habiendo temor a una segunda ola de contagios en otoño. Igualmente, es preocupante la evolución que la pandemia está teniendo en países como EEUU o Brasil. Por otro lado, consideramos que hasta que no pasen algunos meses no podremos verificar el impacto completo de la misma en el tejido empresarial y en el empleo; la presentación de resultados para el 2T2020 que comienza en julio será un primer indicador de la salud de las empresas.

Ante este escenario, seguimos abogando por mantener cierta prudencia y creemos que la renta fija volverá a darnos oportunidades en estas turbulencias, gracias a ese “Mar de Liquidez” otorgado por los Bancos Centrales.

Además, el escenario geopolítico vuelve a deteriorarse, con un incremento de la tensión entre EEUU y China, tanto por la aprobación por parte de China de la ley de seguridad para Hong Kong, lo que también ha enfrentado a Europa con el país asiático, como por la gestión que ha realizado China de la pandemia. Y tampoco nos podemos olvidar de que faltan seis meses para que se produzca la salida de Reino Unido de la UE y el proceso de negociación no avanza.

Ante este escenario, seguimos abogando por mantener cierta prudencia y creemos que la renta fija volverá a darnos oportunidades en estas turbulencias, gracias a ese “Mar de Liquidez” otorgado por los Bancos Centrales.

Por tipología de activo, la deuda grado de inversión, aunque puede corregir si el escenario empeora, gracias a ese apoyo, vemos más una oportunidad de entrada que un riesgo, es más si la situación se va normalizando todavía tienen cierto potencial al alza.

No obstante, en el segmento triple BBB hay que ser cauteloso, ante la posibilidad de que se produzcan rebajas de rating que lleven a estas compañías a perder el grado de inversión, lo que produciría cierta tensión en los precios de estos bonos en su transición hacia High Yield, por lo menos mientras el BCE no extienda sus programas a estos fallen angels (la Fed lo ha hecho).

En cuanto a la deuda High Yield, que no cuenta con el apoyo de los bancos centrales, hay que conocer muy de fondo las compañías así como su negocio, ya que esperamos que sufra más significativamente ante el incremento de las tasas de default, por lo que entendemos que actualmente hay que ser muy selectivo en este tipo de activo, favoreciendo aquellas compañías en sectores defensivos. Igualmente, favorecemos la deuda subordinada HY de emisores grado de inversión, cuya rentabilidad en algunos casos compara favorablemente con la renta variable, como es en el caso del sector bancario.

En nuestros fondos Renta 4 Valor Relativo y Renta 4 Renta Fija, hemos aprovechado la liquidez que teníamos al principio de la crisis, cercana al 20%, para incrementar nuestra exposición en bonos de empresas grado de inversión y en bonos subordinados de este tipo de compañías. En línea con las perspectivas que tenemos del comportamiento de estos activos para los próximos meses.

Este artículo se ha publicado originalmente en el blog El color de los mercados, del diario Cinco Días.

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