El relato dominante sobre los criptoactivos está cambiando. Tras más de una década marcada por la volatilidad extrema, la especulación minorista y los ciclos casi rituales de cuatro años, 2026 se perfila —según coinciden gestoras de fondos, plataformas institucionales y grandes actores financieros— como el inicio de una nueva etapa.
Una etapa menos explosiva, pero más estructural. Menos dependiente del entusiasmo puntual y más anclada en adopción real, regulación y capital a largo plazo, con las stablecoins afianzándose como una de las tendencias claras del año.
Desde plataformas cripto como Bitvavo hasta gigantes de la gestión de activos como Fidelity, BlackRock o Grayscale, pasando por firmas de análisis como Bitwise o grandes bancos de inversión como JPMorgan, el diagnóstico es claro: el mercado cripto está dejando de ser un universo paralelo para convertirse en infraestructura financiera.
El clásico ciclo cripto de 4 años es historia
Por primera vez desde su creación, Bitcoin ha roto uno de los patrones más observados —y casi venerados— por los inversores en criptoactivos. El año 2025 ha terminado con Bitcoin cotizando por debajo del nivel con el que lo inició, pese a que el último halving de Bitcoin tuvo lugar en abril de 2024. A cierre de 2025, Bitcoin se movió cerca de un 30% por debajo de su máximo histórico de 126.080 dólares, marcado el 6 de octubre.
No hay mucha historia de los activos cripto, pero nunca antes había ocurrido algo así en un ejercicio posterior a la reducción de la recompensa minera. Hasta ahora, la historia parecía clara: tras los halvings de 2012, 2016 y 2020, Bitcoin protagonizó potentes ciclos alcistas que culminaron en nuevos máximos históricos aproximadamente entre 12 y 18 meses después, seguidos de profundas correcciones.
Las principales gestoras de activos y entidades especializadas coinciden en que no se trata de una anomalía puntual, sino de un cambio estructural. La narrativa que emerge de sus previsiones para 2026 dibuja un mercado menos dependiente del halving, más condicionado por factores macroeconómicos, regulatorios e institucionales, y con una función cada vez más cercana a la de una infraestructura financiera global.
La tesis del “fin del ciclo de cuatro años” es compartida abiertamente por firmas como Grayscale. Para la gestora, 2026 marcará el punto de inflexión definitivo. En su escenario central, Bitcoin alcanzará nuevos máximos históricos en la primera mitad del año y las valoraciones del conjunto del mercado cripto avanzarán apoyadas en dos pilares: la demanda macro de activos alternativos y una mayor claridad regulatoria. “La ausencia de picos del 1.000% refleja una compra institucional más estable frente al impulso minorista del pasado”, señala la firma.
Grayscale recuerda que, a diferencia de ciclos anteriores, el actual no ha estado impulsado por una ola masiva de inversores minoristas, sino por flujos constantes hacia productos cotizados. Desde el lanzamiento de los ETPs al contado en 2024, las entradas netas superan los 87.000 millones de dólares a nivel global. Aun así, menos del 0,5% del patrimonio asesorado en Estados Unidos está expuesto a criptoactivos, lo que deja margen para una adopción progresiva.
“La probabilidad de una caída cíclica profunda es relativamente baja”, señala la firma, que espera una evolución más estable, menos explosiva, pero también más resistente. En otras palabras: menos euforia, más institucionalización.
El capital institucional cambia las reglas del juego
Si hay un factor que explica por qué muchos dan por “muerto” el ciclo de cuatro años es la entrada sostenida de capital institucional. Los ETFs al contado de bitcoin y ether, la claridad regulatoria y la adopción por parte de grandes patrimonios han cambiado la dinámica de mercado.
Desde Fidelity, la lectura es clara: el comportamiento de Bitcoin ya no puede analizarse únicamente desde la óptica de los ciclos históricos. “El mercado cripto está entrando en un nuevo paradigma”, explica Chris Kuiper, vicepresidente de investigación de Fidelity Digital Assets.
Fidelity lo resume así: “Estamos viendo un cambio hacia una nueva cohorte de inversores. No hemos hecho más que arañar la superficie del capital que puede llegar a este mercado”. Chris Kuiper, vicepresidente de investigación de Fidelity Digital Assets, añade un elemento clave: la adopción por parte de Estados y empresas. Durante 2025, Estados Unidos dio un paso sin precedentes al designar oficialmente los bitcoins en manos del Estado como activos de reserva estratégica. Otros países han empezado a explorar movimientos similares.
“Si más países adoptan bitcoin como parte de sus reservas, la presión competitiva para que otros hagan lo mismo podría aumentar”, señala Kuiper . En términos sencillos: la teoría de juegos empieza a operar también a nivel soberano.
Este nuevo tipo de demanda es más estable, menos especulativa y con horizontes temporales mucho más largos. Fidelity no descarta correcciones, pero sí cuestiona que estas vuelvan a tener la violencia de los anteriores mercados bajistas. “En el muy largo plazo, no creo que se pueda llegar tarde a Bitcoin si se concibe como reserva de valor”, afirma Kuiper, recordando que su oferta sigue siendo rígidamente limitada.
¿Será Bitcoin menos volátil que Nvidia en 2026?
Desde Bitwise, el mensaje es incluso más rotundo. “El ciclo de cuatro años ha muerto”, afirma su director de inversiones, Matt Hougan. A su juicio, los factores que lo alimentaban —el impacto del halving, los ciclos agresivos de tipos de interés y el apalancamiento excesivo— han perdido fuerza. “La ola de capital institucional hará que el ciclo de cuatro años pase al cubo de la basura de la historia”.
Hougan destaca un dato revelador: durante buena parte de 2025, Bitcoin ha sido menos volátil que acciones como Nvidia. “La volatilidad de Bitcoin lleva una década reduciéndose de forma constante”, explica, en un proceso similar al que vivió el oro tras la llegada de los ETF en los años 2000. Para Bitwise, esta 'desvolatilización' es una señal de madurez y ampliación de la base inversora.
Además, la firma espera que la correlación de Bitcoin con la renta variable disminuya en 2026, impulsada por catalizadores propios del ecosistema cripto, como avances regulatorios y esa adopción institucional más profunda. El resultado, en su opinión, es un perfil cada vez más atractivo como activo de cartera: rentabilidad potencial, menor volatilidad y baja correlación.
“Bitcoin se está integrando de forma irreversible en el núcleo de la estructura institucional”, señala Daniel Kostecki, de CMC Markets. El experto pone el foco en la liquidez global. Los recortes de tipos de la Reserva Federal, el fin del ajuste cuantitativo y los cambios regulatorios previstos para 2026 podrían liberar más de 200.000 millones de dólares en capital bancario. Parte de ese flujo, apunta, podría dirigirse hacia productos cripto institucionales.
Las entradas en ETFs, la escasez de oferta en los exchanges y la aceptación de Bitcoin y Ethereum como colateral por parte de grandes instituciones refuerzan, en su opinión, la tesis de un posible “superciclo”, en el que el impacto de cada nuevo dólar invertido sea mayor que en el pasado.
Eso sí, advierte de riesgos: una recesión profunda o un episodio de desapalancamiento masivo podrían frenar este escenario. La clave, insiste, estará en vigilar la evolución del dólar y de los diferenciales de crédito.
Desde Coinbase Institutional, el diagnóstico es claro: el mercado cripto se está moviendo ya más por fuerzas estructurales, no por narrativas especulativas. Los derivados, los mercados de predicción y los pagos con stablecoins están ganando peso como motores reales de actividad. “2026 pondrá a prueba si estos mercados pueden escalar bajo condiciones más disciplinadas”, señalan sus analistas.
Stablecoins y tokenización: punto de inflexión
Más allá del precio de Bitcoin, muchas firmas coinciden en que el verdadero motor del ecosistema cripto en 2026 será la adopción de stablecoins y la tokenización de activos. Desde Bitvavo apuntan a un consenso sorprendente: las stablecoins están saliendo definitivamente de su nicho.
Visa, Galaxy y diversas firmas de análisis esperan que en 2026 procesen volúmenes comparables a los de los sistemas de pago tradicionales, muchas veces por usuarios que ni siquiera son conscientes de estar utilizando blockchain. “Cripto deja de ser un mundo aparte y se convierte en infraestructura: invisible, integrada y funcional”, resumen desde la plataforma.
Una visión similar comparte BlackRock. “Las stablecoins ya no son un producto de nicho; se están convirtiendo en el puente entre las finanzas tradicionales y la liquidez digital”, afirma Samara Cohen, responsable global de desarrollo de mercados del gigante estadounidense. La gestora subraya que su adopción podría transformar los pagos transfronterizos y acelerar la tokenización del sistema financiero.
Desde JPMorgan apuntan en la misma dirección: “Observamos una competencia creciente para el dólar por parte de opciones digitales como las criptomonedas”. El banco reconoce que las stablecoins están ganando tracción en los servicios financieros y que los activos digitales se benefician de un entorno regulatorio más favorable en Estados Unidos.
En Europa, Boerse Stuttgart Digital destaca la necesidad de impulsar stablecoins denominadas en euros para reducir la dependencia del dólar, que hoy domina cerca del 99% del mercado. “El debate ya no es si estas tecnologías formarán parte del sistema financiero, sino cómo integrarlas de forma eficiente”, señala Joaquín Sastre, responsable institucional en España.
Para Coinbase Institutional, este crecimiento de las stablecoins no responde a la especulación, sino a la utilidad. “El volumen de transacciones con stablecoins sigue creciendo por su uso en liquidaciones, transferencias internacionales y gestión de liquidez, no por trading especulativo”, explican David Duong y Colin Basco, autores de su último informe. Un patrón que también refuerza Grayscale, que espera ver en 2026 stablecoins integradas en pagos online, derivados, balances corporativos e incluso como alternativa a las tarjetas.
Otro eje estructural es la tokenización de activos reales. Bonos soberanos, fondos, instrumentos del mercado monetario o activos privados están empezando a moverse sobre blockchain de forma efectiva, dejando atrás las pruebas piloto.
Grayscale habla de un “punto de inflexión” y estima que los activos tokenizados, hoy apenas el 0,01% del mercado global, podrían multiplicarse por mil antes de 2030. Bitvavo coincide: “La fricción más baja casi siempre gana. Si algo es más rápido, barato y eficiente, acaba imponiéndose”.
¿Qué deja 2025 y qué esperar de 2026?
Para Simon Peters, analista de eToro, 2025 ha sido un año complejo, pero también revelador. “Bitcoin ha alcanzado nuevos máximos, pero ha devuelto parte de esas ganancias. De cara a 2026, con condiciones financieras más laxas, avances regulatorios y nuevas entradas institucionales, el panorama podría ser más constructivo”, señala.
En conjunto, el mensaje que lanzan las principales gestoras es coherente: el ciclo clásico basado en el halving ha perdido centralidad. En su lugar emerge un mercado más maduro, menos dependiente del entusiasmo minorista y más anclado en flujos institucionales, regulación y usos reales.
La gran incógnita ya no es si las cripto repetirán los patrones del pasado, sino cómo se comportará como activo integrado en el sistema financiero global. Y, según coinciden muchas de estas voces, 2026 será el año en que empiece a responderse esa pregunta. Y si 2026 confirma estas previsiones, el mercado de criptoactivos no será tan espectacular como en el pasado, pero sí más profundo, más institucional y más "aceptable" por un mayor número de inversores.
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Este contenido se ha elaborado bajo un criterio editorial y no constituye una recomendación ni propuesta de inversión. La inversión contiene riesgos. Las rentabilidades pasadas no son garantía de rentabilidades futuras.
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