Muchas veces se nos olvida, pero es un hecho: el cerebro es un "traidor". Un traidor a todas esas promesas que nos hacemos día a día ("este año dejo de fumar", "hoy empiezo el informe sin falta", "una más y para casa"). Un traidor a nuestro futuro, ya que muchas veces boicotea nuestro bienestar en aras de una recompensa rápida e instantánea. Y un traidor a través de la generación de multitud de emociones en momentos puntuales que nos invaden, se apoderan de nosotros y nos hacen hacer cosas que no nos convienen. Sobre todo con nuestro dinero.

"Existe una aversión al riesgo ilógica en cada uno de nosotros. No somos capaces de asumir riesgos porque nuestro cerebro está configurado para sobrevivir, no para ganar dinero", advirtió el Dr. Pedro Bermejo en el ciclo Finanzas y Emociones, celebrado este martes en Madrid y organizado por Inversión&Finanzas. 

Bermejo, neurólogo y doctor en neurociencia, también mencionó el tema de las famosas neuronas espejo, que provocan en nosotros comportamientos de seguimiento del rebaño: "Estas neuronas provocan el 'efecto manada': actuamos impulsados por lo que hacen los demás sin pararnos a pensar si merece la pena o no, si es racional o no, si es una buena inversión o no", destacó.

El cerebro también se ve condicionado por factores ambientales. "Cuanta más luz, más calor, más Sol, estaremos más contentos", dijo Bermejo, llegando incluso a comentar a la audiencia algunos estudios que relacionan los ciclos lunares con la inversión. "Hay fondos basados en el ciclo lunar", recordó Bermejo.

Intuición, exceso de confianza y dejadez

Por su parte, Inés del Molino de Schroders recordó algunas de las trampas emocionales en las que el inversor suele caer, como confiar demasiado en su buena intuición: "Muchas veces, las respuestas más intuitivas que nos da nuestro cerebro no siempre se corresponden con las respuestas acertadas. Las personas nos dejamos llevar por estas decisiones intuitivas y no es lo más recomendable", ya que, además, "cuando la perdida viene tras una decisión nuestra, nos duele más".

Otra de las trampas destacadas (y contrarias al miedo) es el exceso de confianza, que "puede hacernos sentir más lanzados de lo que en algunos casos deberíamos", recordó Del Molino.

Y, por último, la pura dejadez también salió como uno de los problemas del cerebro: "Nos cuesta mucho actuar, somos vagos por naturaleza. De hecho, España es de los primeros países donantes de órganos por defecto porque hay que borrarse para no serlo", bromeó Del Molino, destacando finalmente que esta dejadez repercute fuertemente en uno de los grandes temas de la vida de una persona: la jubilación.

El asesor financiero como "apagafuegos" del cerebro

De los "autoengaños" del cerebro surge la conveniencia según los ponentes de tener una figura externa que pueda tomar decisiones por nosotros, como puede ser el caso de un asesor financiero. "Si tenemos a una persona que tome las decisiones financieras por nosotros, la resolución será más racional y eso se traduce en un mayor éxito", dijo Bermejo, algo con lo que coincidió Del Molino: "El dinero no es un juego. Poco a poco la figura del asesor va a ser imprescindible en la vida de los inversores para ayudarles a salvar todas sus emociones, a entender qué es lo que realmente tienen y a darles ese empujoncito que les hace falta".

La jornada finalizó con Luca Lazzarini, conocido asesor financiero y formador del Banco Mediolanum, que puso el acento en la necesidad de "gestionar la emotividad" del cliente cuando el mercado se desploma y en la importancia de explicarle al cliente la diferencia entre el riesgo que el percibe y el riesgo que realmente es cierto. "El papel del asesor financiero es reconducir a la racionalidad el comportamiento del inversor".

Lazzarini dejó un último consejo para combatir los trucos de nuestro cerebro: planificar, planificar y planificar: "Hay que hacer una planificación financiera. Un plan, si lo tienes ya dibujado, es más difícil dejarlo".