El incremento de los precios a niveles inéditos desde hace años ante la recuperación del consumo tras la crisis eleva la importancia de los rendimientos.

Tras superar los vaivenes provocados por la crisis sanitaria, la economía y el bolsillo de los ahorradores se enfrentan ahora a un nuevo riesgo: el regreso de la inflación. El incremento del consumo a raíz del fin de los confinamientos en buena parte del planeta se esconde tras el retorno de los precios. España no ha sido la excepción y el Índice de Precios al consumo (IPC) repuntó el pasado mes de mayo hasta el 2,7%, su mayor cota en más de cuatro años: desde febrero de 2017 no se alcanzaba en España un hito igual, de acuerdo a los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). El fenómeno parece estar generalizado, también al otro lado del océano, donde en Estados Unidos la inflación se disparó al 5%. 

Los precios van de la mano de la recuperación: en el caso de la potencia norteamericana, se trata de su mayor ritmo en trece años. Con esta banda sonora, la Reserva Federal se reunió hace unos días, aumentando sus previsiones de inflación al 3,4% este año, adelantando además las subidas de tipos de interés a 2023, frente al anterior encuentro cuando como muy pronto creían que iban a subir en 2024.

De ser permanente, este incremento replantea las estrategias de inversión, ante periodos en los que los precios pueden propinar una dentellada a la rentabilidad. En el caso de nuestro país, el Banco de España recoge en sus últimas proyecciones macroeconómicas que buena parte del repunte se explica por la evolución de la energía, ante la caída del precio del petróleo en 2020, pero el supervisor también alerta de que el incremento de la inflación subyacente –sin tener en cuenta productos energéticos y alimentos frescos– se debe al regreso del consumo a los servicios más afectados por la pandemia, que en comparativa con el año pasado recogen incrementos más pronunciados. Por ello, augura un IPC del 1,9% en 2021, medio punto superior a sus anteriores previsiones. 

Renta variable y materias primas

La renta variable y las materias primas se benefician del actual contexto de recuperación, con una inflación que tiende al alza. Sin ir más lejos, el barril de petróleo Brent se ha revalorizado un 75% en el último año, hasta superar los 70 dólares en la actualidad. Así, el retorno de la inflación aumenta la exigencia sobre la rentabilidad de las inversiones y replantea la conveniencia de unas carteras sobre otras. Todo ello, en un escenario en el que el ahorro forzoso acumulado durante el confinamiento se canalizará al consumo o a la inversión a largo plazo.

En este sentido, los fondos de inversión ofrecen la ventaja de diversificar. Ante este escenario, según datos de la Asociación de Instituciones de Inversión Colectiva y Fondos de Pensiones (Inverco), la rentabilidad media interanual de los fondos de inversión en España se mantuvo en mayo por encima del 10%.

Inversiones temáticas ante unos precios al alza

“Debemos tener en cuenta las inversiones temáticas a la hora de componer nuestras carteras”, señala el presidente de la Asociación de Empresas de Asesoramiento Financiero (Aseafi), Fernando Ibáñez, que en un acto organizado por la organización abundó que ve en estos instrumentos una forma de reducir el riesgo y enfocar las inversiones hacia el largo plazo. Todo ello, en un momento delicado: el socio director de Analistas Financieros Internacionales (Afi), David Cano, sostuvo en el mismo evento que en los próximos dos o tres años los bancos centrales permitirán tasas de inflación de entre el 2,5% y el 3%.