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Seguridad hídrica, inversión de impacto

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El pasado 22 de marzo se celebraba el Día Mundial del Agua, una fecha que nos invita a reflexionar sobre un problema acuciante que ocupa nuestro día a día: la escasez de este recurso natural.

Más allá de la lucha contra el calentamiento global.

Cuando, en 2007, David Molden publicaba el estudio Water for food, Water for life: A Comprehensive Assessment of Water Management in Agriculture (Agua para los alimentos, Agua para la vida: Una evaluación completa sobre la gestión del agua en la agricultura), estimaba que el agua dulce sería suficiente para satisfacer las demandas de los sectores agrícola e industrial, además de otros domésticos para un período de 50 años. 

Sin embargo, tan solo 8 años después, una encuesta acerca de la percepción de los riesgos inminentes, realizada por el Foro Económico Mundial a sus participantes, situó las crisis de agua en el primer puesto en amenazas a 10 años. En efecto, en la actualidad las previsiones no son tan optimistas y una significativa mejora de la gestión de los recursos hídricos resulta apremiante. 

Además, pese a que las acciones por el clima para frenar el cambio climático (Objetivo de Desarrollo Sostenible número 13) van en aumento, y estados y población adquieren cada vez mayor conciencia, estas no son suficientes para evitar el desabastecimiento hídrico. La propia ONU subraya la importancia no solo de luchar para asegurar reservas de agua para el porvenir, sino, sobre todo, de llevar a cabo una gestión adecuada de este recurso (Objetivo de Desarrollo Sostenible número 6).

Cambio climático y sobreexplotación

Si bien el deshielo puede ser percibido como algo lejano a nuestro país, lo cierto es que la situación en España no es positiva, ya que hemos perdido el 80% de la totalidad de nuestros glaciares. Actualmente, los únicos que permanecen “vivos” son los del Pirineo francés y aragonés. En estado crítico se encuentran los de Maladeta, Aneto o Monte; mientras ya extinguidos en su totalidad son los del Pirineo catalán, andorrano y navarro. Las estimaciones calculan que para el año 2050 podrían haber desaparecido todos los glaciares de nuestro país de forma irreversible.

En la última década las precipitaciones en España han disminuido alrededor de un 3% con respecto al período de referencia 1981-2010 y se prevé que se alcance un -5% en la década 2050-2060. La situación es tal que nuestro país se corona como el más árido de Europa, con un 20% de su territorio considerado desértico y entre el 75% y el 80% en riesgo de desertificación. Un dato alarmante pero poco sorprendente dado el aumento de las temperaturas que, para 2100, se prevé que habrán crecido en 6ºC. 

Por otra parte, el deshielo es, precisamente, la causa de otro gran problema: el aumento del nivel del mar, que los expertos prevén será de entre 10 y 68 cm para finales de este siglo. Las zonas que más riesgo corren son los deltas del Ebro y Llobregat, y la Costa Brava (Cataluña), la Manga del Mar Menor (Región de Murcia), la costa de Doñana (Andalucía), las playas del Cantábrico, las islas Baleares y el sur de las islas Canarias. La subida del nivel del mar y de las temperaturas, además, pueden aumentar los efectos de las DANA y provocar inundaciones y tormentas con más frecuencia y más fuerza destructora

Con todo, el cambio climático no es la única causa. Para abastecer la demanda de agua de la agricultura —el 80% del total—, se están sobreexplotando los acuíferos, lo cual pone en entredicho la seguridad hídrica de nuestro país y daña nuestro territorio por igual. La extracción de grandes cantidades, superiores a las que se pueden reponer de forma natural, causa el hundimiento del terreno; una situación que los investigadores han podido documentar en el delta del Llobregat y del Ebro (Cataluña); en la Cuenca del Ebro (Aragón); Madrid; Granada y Sevilla (Andalucía); y en la cuenca del Guadalentín-Segura (Murcia).

Soluciones para aluviones e inundaciones

Y como en un dominó de magnitud global, todo lo anterior provocará inundaciones mayores y más habituales. Por ello, es de vital importancia buscar soluciones que ayuden a paliar los efectos destructores de los desbordamientos.  El primero en abrir camino en este sentido ha sido el alicantino La Marjal, un parque de inundación que, además de servir como espacio verde de ocio, actúa como recipiente de retención de agua —tiene capacidad de almacenaje de hasta 45.000 metros cúbicos— y reduce de este modo el riesgo de inundación en la parte baja del barrio.

Siempre en la Comunidad Valenciana (Benicasim, Castellón) se ha desarrollado el proyecto europeo LIFE CERSUDS (Ceramic Sustainable Urban Drainage System), un sistema de drenaje urbano que, por medio de cerámica de bajo valor comercial, filtra el agua pluvial y la reconduce a depósitos para, posteriormente, ser utilizada para el riego de zonas verdes.

Por su parte, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), en colaboración con la Confederación Hidrográfica del Ebro y las Comunidades de Navarra, La Rioja y Aragón, han presentado su proyecto Ebro Resilience. Con él, plantean hacer frente a las inundaciones a través de varias líneas de actuación muy completas que cubran prevención, protección, preparación y recuperación.  

Mirada a largo plazo para un futuro mejor

Dados los antecedentes y teniendo en cuenta el consenso generalizado de que la demanda del agua seguirá en aumento en los años a venir, queda clara la importancia de la inversión en la gestión de este recurso. En concreto, el International Food Policy Research Institute afirma que en los próximos 15 años la brecha entre la demanda y la oferta de agua será del 40%. Asimismo, Naciones Unidas estima que en 2025 serán 1.800 millones de personas los habitantes de regiones con escasez de agua, con dos tercios de la población del planeta que podrían tener un acceso limitado a ella. 

De este modo, expertos ven en el agua que es una interesante opción para invertir. No solo porque no se trata de una moda pasajera y permite mirar a medio y largo plazo, sino por la tendencia alcista que están experimentando las inversiones ASG
No en vano se conoce como “oro azul”.

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