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El inversor indexado de verdad no hace esto con la bolsa en máximos

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El inversor en fondos indexados de verdad no hace esto con la bolsa en máximos históricos. No vende. No espera en liquidez a que corrija. No intenta adivinar si el mercado está caro. Y, sobre todo, no confunde prudencia con parálisis.

Esto es lo que nos comenta Kevin Koh Maier, director de inversiones de Finizens, en una nueva edición de Escucha, no te compliques, la sección que hacemos en colaboración con Finizens para el podcast Finect Talks.

Con el mercado volviendo a máximos a pesar de semanas de ruido geopolítico, la tentación de esperar un mejor momento para entrar —o de recortar posiciones— vuelve a aparecer.

Lo primero que señala Kevin es que el gran error de partida es pensar que el mercado razona como un individuo. "El primer error es pensar que el mercado actúa como nosotros. Un individuo tiende a analizar lo que está ocurriendo con miedo. El miedo es muy presente. El mercado siempre está viendo a tres meses vista", explica.

En ese contexto, aunque los shocks energéticos como el actual tienen consecuencias negativas bien documentadas —destrucción de empleo, aumento de inflación, desaceleración económica—, el mercado lo que descuenta es la probabilidad de que la situación se prolongue. Y con los intereses que existen en mantener abierto el Estrecho de Ormuz, esa probabilidad no apunta a un cierre indefinido. De ahí la recuperación.

Los eventos geopolíticos: ¿buenos momentos de entrada?

Kevin respalda esta visión con datos históricos que van mucho más allá de la intuición. De los 27 eventos analizados desde 1960 —guerras, crisis financieras, shocks energéticos, el COVID—, en el 80% de ellos se ganó dinero manteniéndose invertido.

"La probabilidad de éxito es un setenta por ciento, pero a seis meses todos los mercados están un cuatro por ciento arriba, a un año un diez, a tres años un veinticinco coma nueve y a cinco años casi un cincuenta por ciento", detalla. Y eso buscando los peores eventos de los últimos 65 años.

Enlaza directamente con el experimento de Vanguard que ha circulado estas semanas: el inversor hipotéticamente más desafortunado de los últimos 30 años —el que invirtió justo antes de cada una de las siete grandes crisis— convirtió 45.000 euros en más de 155.000. "Incluso equivocándote en el timing, aun así obtienes buenos resultados. Entonces, ¿por qué seguimos tan obsesionados con cuándo entrar?", pregunta.

Los máximos históricos no son una señal de alarma: son la norma

Uno de los puntos más contraintuitivos de la conversación tiene que ver con la lectura psicológica que hacemos de los máximos. Cuando el S&P llega a 7.000 puntos, la reacción habitual es pensar que tiene que caer.

Kevin desmonta esa lógica: las empresas cada vez hacen más dinero, y si los beneficios crecen entre un 5% y un 7% anual de media, el precio tiene que acompañar. "No todos los mercados están igual de caros", añade, recordando que hablar de máximos como si fueran un único dato ignora las diferencias entre Estados Unidos, Europa, emergentes, small caps o Japón.

Los números lo confirman: en un periodo de tan solo un año, tras alcanzar un máximo histórico, el S&P 500 ha estado más alto el 74% de las veces. En 15 años, el 100%. "El mercado ya te está remunerando con un ocho por ciento a largo plazo. Y te remunera ese ocho por ciento habiendo ocurrido todo lo que ha ocurrido en los últimos treinta años", resume Kevin.

Entrar y salir del mercado: el riesgo que nadie contabiliza

Para quien todavía piensa en mantener liquidez esperando la corrección perfecta, Kevin tiene un aviso claro: esa estrategia no es prudencia, es gestión activa disfrazada de precaución. "Aquellos inversores que entran y salen y están constantemente cambiando sus carteras están añadiendo un riesgo muchísimo mayor que el riesgo de mercado", afirma.

El problema no es solo que sea difícil acertar con el timing, sino que las peores caídas y las mayores subidas del mercado suelen estar muy pegadas en el tiempo. Quien vende cuando las noticias son malas, casi siempre se pierde el rebote que viene justo después.

Los datos de flujos del inversor español en la crisis financiera lo ilustran de forma brutalmente clara: desde 2018 hasta finales de 2022 salieron alrededor de 100.000 millones de euros de fondos de inversión. Y el mercado, cuando esas ventas se aceleraron, ya no solo había recuperado, sino que estaba en positivo.

Su consejo final para quien empieza: aceptar que no se puede elegir el año en que uno empieza a invertir, pero sí la estrategia. "Momentos de disrupción como este siempre son buenos para la inversión. Si baja, puedes ir aumentando las posiciones. Y si crees que puedes aumentar tu perfil de riesgo, a lo mejor es un buen momento para hacerlo", concluye.

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Este contenido puede ser catalogado como material de marketing. No constituye una recomendación ni propuesta de inversión. La inversión contiene riesgos y rentabilidades pasadas no son garantía de rentabilidades futuras.


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