Mi carrera profesional empezó prácticamente al son de la burbuja tecnológica. Cualquier cosa relacionada con internet subía de precio y la flota de motocicletas de Telepizza era un activo estratégico que valía un porrón de millones. Pocos años después empezó la burbuja de materias primas; siempre recordaré a un analista de Morgan Stanley que en unas conferencias hacia chistes sobre la audiencia que tenía, que entonces superaba los 200 inversores, cuando unos años antes, con las acciones del sector mucho más baratas, apenas llegaba a los 30 oyentes. Los humanos somos así, oscilamos entre la exuberancia y la depresión. Nos movemos por modas y por avaricia; es la única manera de explicar fenómenos como el de las criptomonedas, por ejemplo. Las teorías de economía conductual (“behavioral finance”) ayudan a los inversores profesionales a corregir estos defectos de nuestro razonamiento humano, pero en la vida real es muy difícil no sucumbir a estas manías, principalmente cuando tu puesto de trabajo empieza a peligrar. Supuestamente Keynes dijo uno vez: “el mercado puede permanecer irracional mucho más tiempo que un inversor puede permanecer solvente”. Si no lo dijo el, quién lo dijera tenía mucha razón.

Me surgen estos pensamientos porque en la última semana he recibido peticiones para colaborar en 3 artículos de opinión (incluido este) y una participación radiofónica sobre el precio del petróleo. Aunque alguna entrevista sí que me han hecho sobretodo relacionada con la gestión  de I. Petroquímico (bolsamania, mayo del 2017), ¡no escribía un artículo exclusivo sobre petróleo desde 2005! Estamos muy lejos de una burbuja en el sector, pero la verdad es que me llama la atención este interés reciente. Lo cierto es que el precio del petróleo ha subido más de un 50% desde junio.

Durante el verano, varias compañías de exploración americana de petróleo de pizarra advirtieron de una desaceleración en el crecimiento de la oferta de este tipo de crudo. Esta ralentización era el resultado de una menor inversión provocada por unos precios más bajos, pero también era debida a unas expectativas sobre la curva de aprendizaje demasiado elevadas de las nuevas tecnologías que se están aplicando. No obstante, no fue hasta septiembre cuando los precios del crudo empezaron a subir con fuerza, también apoyados en la posibilidad de que los recortes de la producción implementados por los mayores productores mundiales (OPEP + Rusia) se alargasen más allá de marzo de 2018 y en el aumento de las tensiones geopolíticas en Irak por el referéndum de independencia kurdo. En el cuarto trimestre, los precios han continuado su escalada apoyados en la concreción de las medidas de la OPEP y los buenos datos de demanda.

 

 

Por el lado del refino, el huracán Harvey provocó el cierre de entre el 20 y el 25% de la capacidad de procesamiento del mercado americano y, con ello, la ampliación de los márgenes de refino y el diferencial entre el precio del petróleo Brent (entrega en Londres) y el WTI (entrega en Texas). Con todo esto, los beneficios de las compañías petrolíferas han recibido un fuerte impulso. De hecho, es el sector cuya tendencia de revisiones de beneficios más ha mejorado a nivel mundial en los últimos meses (en septiembre todavía se registraban más bajadas de estimaciones que subidas mientras que en diciembre el ratio ha sido del 1,72 subidas/ bajadas).

Lo normal durante este año sería que los precios se estabilizaran. Los datos de demanda son fuertes pero siempre cabe la posibilidad de que la OPEP retire sus recortes de producción, aunque ha prometido lo contrario. Además, las compañías extractoras de EEUU, con el ciclo de inversión mucho más ágil, pueden aprovechar los niveles actuales para asegurarse el precio de su producción futura, lo que debería limitar el recorrido de los contratos de futuros a 12 meses vista. El nivel de especuladores en los contratos de vencimiento más cercano también se sitúa en máximos recientes, lo que siempre es razón de cautela. Si todo esto supone un techo, el suelo lo pone Arabia Saudí: este año quiere colocar en bolsa una participación de su empresa estatal Saudi Aramco, que vale 2 billones europeos de dólares según sus dueños (Apple capitaliza 0,9 billones). No solo es importante para el país árabe sino para los principales bancos de inversión que participan, que pueden hacer el año con la colocación, y para las principales bolsas mundiales, que se pelean porque la empresa cotiza en ellas. Hace 10 meses yo veía imposible colocar esta empresa prácticamente a cualquier valoración razonable; ahora, ya veremos. No hay como crear sensación de burbuja para generar la demanda necesaria.

Con todo, a las compañías que tenemos en cartera, el mantenimiento de los precios del petróleo en los niveles actuales les basta para generar caja suficiente para pagar sus dividendos y mejorar sus ratios de endeudamiento. En noviembre, RD-Shell anunció el final del pago del dividendo en acciones y Repsol vio como S&P’s mejoraba su rating a BBB. La rentabilidad por dividendo del sector se sitúa cerca del 5%. I. Petroquímico ofrece exposición a todos estos temas, con una cartera diversificada construida con compañías con una valoración atractiva ya teniendo en cuenta el contexto de precios y con buena rentabilidad por dividendo. La gestión sigue siendo reconocida por Morningstar con su máxima calificación de 5 estrellas.

 

Oscar del Diego
Gestor y Director de Inversiones, Ibercaja Gestión