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Evolución del BREXIT

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Doce meses más tarde desde que conocimos el resultado del referéndum en Reino Unido acerca de su salida de la Unión Europea, pocos avances tenemos sobre la mesa.  Resulta cuestionable entonces la labor y el desempeño de los políticos en este sentido, más si cabe de quienes deberían llevar la iniciativa de tan delicada medida. Conviene recordar que a pesar de que tan solo el 52% de los votos fue favorable a esta resolución, el resultado fue vinculante. Pocos días después, el trece de julio del año 2016 Theresa May asumió el encargo de formar Gobierno tras una salida no muy honrosa del propulsor del citado referéndum, David Cameron. 

Se suele decir a veces que “las cosas de palacio van despacio” y queda demostrado en la comunicación formal del resultado de Reino Unido al Consejo de la Unión Europea, que no sucedió hasta el veintinueve de marzo del año 2017. Esta comunicación inició formalmente el proceso de salida según establece el artículo 50 del Tratado de la Unión Europea. Según dicho tratado, tendrá una duración de dos años, calendario prorrogable por acuerdo unánime de los Estados miembros.

Sin embargo, la realidad es bien diferente y nos señala como históricamente han sido necesarios de media once años para negociar un acuerdo comercial de semejante envergadura, siendo cuatro años el mayor caso de éxito conocido. Según datos publicados en mayo de 2017 por el Financial Times, al menos 295 acuerdos comerciales bilaterales tienen que ser creados para sustituir a los actuales. Adicionalmente, hasta 334 organismos regulatorios tienen que ser reemplazados para garantizar el funcionamiento actual entre ambos países.  Parece lógico pensar que es un objetivo poco realista de alcanzar en apenas dieciocho meses para que venza el plazo prefijado. Varias de las líneas rojas que se han estipulado por parte de las autoridades europeas tienen que ver con 1) compensación económica por el divorcio entre países (desde los £20bn ofrecidos por UK a los £60bn exigidos por Europa); 2) concretar el status de 3.6m de ciudadanos europeos residentes en UK (2.4m con empleo) y 3) relación bilateral con Escocia (contraria al BREXIT).

La situación económica actual en Reino Unido dista mucho de ser crítica pero los efectos de incertidumbre ya se han comenzado a notar desde hace tiempo. Esa es la sensación que extraigo en visitas a analistas y compañías revisando la evolución de su negocio. El crecimiento económico estimado para el 2018 se situará en el entorno del 1.5%, cifra muy inferior a las proyecciones para Europa y EEUU. Este nivel de expansión económica es el menor de los países del G7 y del mismo se puede inferir un 30% de probabilidades de recesión económica para los próximos doce meses, cifras similares a las que se estimaban en el año 2007 antes de la crisis global.

La fuerte depreciación de la divisa (16% frente al euro) ha empobrecido a los ciudadanos de Reino Unido, siendo un impuesto de facto sobre el consumo de productos fabricados en el extranjero y comercializados a nivel local. De momento el crecimiento de salarios no ha logrado compensar este efecto, lo que ha llevado a sufrir un crecimiento de salarios reales negativo, perdiendo capacidad de poder adquisitivo de forma relevante. La tasa de ahorro actual se sitúa por debajo del 6%, niveles mínimos no alcanzados desde el año 2001 y 1970, es decir, poco margen de maniobra tienen los hogares ante un empeoramiento económico. Los salarios es plausible que comiencen a recuperarse mejorando el crecimiento económico, a costa de una mayor inflación que precipite un repunte de los tipos de interés y por ende, de la financiación (malas noticias para el sector empresarial).

El sindicato NHS, mayoritario en el 30% del empleo público, ha solicitado una subida del 4% anual. Conviene recordar que el empleo público supone un 17% sobre el total del empleo, por lo tanto es relevante lo que suceda en este extracto del mercado laboral. Hasta que el factor trabajo vea mejorada su remuneración, la confianza del consumidor permanece en niveles deprimidos, lo que se está viendo reflejado en unas ventas del sector retail débiles, siendo el principal exponente lo que está sucediendo en el sector del automóvil. Supone el 2.5% del PIB agregado, siendo preocupante las dinámicas que vamos conociendo. El nivel de partida de las ventas es un 20% superior al anterior pico en el sector como consecuencia de la utilización del recurso de la financiación, el precio de los vehículos usados está cayendo de forma ininterrumpida durante varios meses y la media de edad de los vehículos se sitúa en 8.5 años frente a los 10.7 de Europa y 11.6 en EEUU.

Los antecedentes no son buenos en una decisión de gasto tan relevante como la compra del automóvil.  El último eslabón importante a analizar es la evolución de los tipos de interés, más allá de que las dinámicas de inflación garanticen un tensionamiento en los próximos meses. Si tomamos como referencia la proyección estimada por el mercado, es de esperar hasta dos subidas de tipos de interés en los próximos doce meses, lo que significa llanamente un endurecimiento de la política monetaria, negativo para el sector empresarial. 

El tiempo avanza y la lógica nos dice que debería de iniciarse una aceleración en el proceso de negociaciones entre Reino Unido y Europa. El problema es que, a priori, y vistas las conclusiones que diferentes organismos aducen en sus proyecciones económicas, la situación va a ser negativa para ambas potencias económicas. Quizás tengamos una segunda votación antes del año 2020.

 

Javier Rillo Sebastian
Director de Análisis y Estrategia Ibercaja Gestión
Gestor del fondo Ibercaja Alpha

 

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