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Rebajamos nuestras perspectivas de crecimiento mundial

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Hemos rebajado nuestras previsiones de crecimiento global en respuesta a la amenaza de que el coronavirus haga fracasar la reactivación de la economía mundial. En respuesta a la propagación del virus, hemos recortado nuestras expectativas de crecimiento global para 2020 del 2,6% al 2,3%. Tal resultado haría que este año fuera el más débil desde 2009, cuando se registró el pico de la crisis financiera mundial

El coronavirus proyecta una oscura sombra sobre la economía mundial amenazando con hacer fracasar la reactivación del crecimiento que comenzó a finales de 2019. Los indicadores económicos hasta enero siguieron mostrando una notable mejoría de la actividad, y las encuestas al sector empresarial señalaron un aumento de la producción y los pedidos. Sin embargo, la confianza en la sostenibilidad del repunte se ha visto socavada por la propagación del virus que ha golpeado duramente a China y que ahora amenaza al resto de Asia y Europa.

En respuesta, hemos rebajado las expectativas de crecimiento mundial para 2020 del 2,6% al 2,3%. Tal resultado haría que este año fuera el más débil desde 2009, el punto más crítico de la crisis financiera mundial. El impacto se concentra en la primera mitad del año, ya que la caída de la demanda y la interrupción de las cadenas de suministro se cobra su precio en la actividad. Es probable que Italia y Japón entren en recesión, mientras que se espera que la producción en Estados Unidos, que también se ha visto afectada por los problemas de Boeing, se haya estancado en el primer trimestre.

Posteriormente, suponiendo que el virus llegue a controlarse, se espera que la actividad mejore gradualmente en el segundo trimestre y se recupere con más fuerza a medida que las empresas empiecen a ponerse al día con la acumulación de pedidos. El rebote se verá apoyado por una política más flexible con los bancos centrales de Estados Unidos, China y la eurozona recortando los tipos de interés y con un mayor aprovechamiento de la política fiscal en China.

La gran incertidumbre en torno al virus nos ha llevado a plantearnos un nuevo escenario - una pandemia de coronavirus – en aras de contemplar el peor escenario, en el que el virus se propagaría por todo el mundo causando una importante perturbación económica.

Las encuestas empresariales apuntan a una ralentización de la actividad como resultado de una demanda más débil de China y de problemas en la cadena de suministro. Sin embargo, no ha habido un colapso en la actividad de EE.UU. Mientras tanto, el número de casos sigue siendo bajo. Ciertamente las cosas pueden empeorar y esperamos que la actividad sea plana en el primer trimestre. Esperábamos más señales de confirmación antes de que la Reserva Federal actuara, pero al haber actuado ya, la Fed está señalando que apoyará la economía pase lo que pase.

Además, hemos revisado el posicionamiento de nuestras carteras de multiactivos pues, como mínimo, los esfuerzos por contener el virus pondrán en suspenso la incipiente recuperación que mostraban los datos, por lo que continuaremos evitando invertir en acciones de sectores cíclicos y en las materias primas. La respuesta de los bancos centrales debería ayudar a estabilizar el sentimiento. Es importante señalar que no creemos que la reducción de los tipos de interés reactive la recuperación económica, pero sí que tenga un efecto importante en las valoraciones y apoye la continuación de una rentabilidad de las acciones impulsada por la liquidez. Sin embargo, no es el momento de asumir riesgos; para volver a entrar en activos de riesgo necesitamos ver pruebas de un pico en las tasas de infección o más información sobre el daño económico en los beneficios corporativos y los datos económicos. Nuestras posiciones en bonos soberanos están ahora muy caras. Hemos reducido la exposición, pero seguimos creyendo que los bonos son un "cinturón de seguridad" en nuestras carteras en caso de que los continuos trastornos económicos causados por los intentos de contener el coronavirus nos lleven a una recesión mundial. Seguimos favoreciendo al yen japonés como valor refugio.

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