Uno corre el riesgo de quedarse dormido mientras pronuncia el término “planificación financiera”. Lo componen dos palabros largos, que suenan bastante aburridos y que parecen demasiado genéricos, inabarcables. La cosa cambia si nos lo planteamos como el paso imprescindible para alcanzar los planes que tenemos pensados para nuestra familia.

Pero por mucha literatura que se escriba, nada como un ejemplo atractivo para mostrar en qué consiste realmente, que no viene a ser otra cosa que conseguir que el dinero no sea un problema para alcanzar nuestros objetivos, sino todo lo contrario. Y en estas, viendo la serie Breaking Bad, me encontré una escena que me parece perfecta para ilustrarlo. 

Para los que no la hayan visto ni la conozcan, la historia trata de un profesor con una vida cómoda al que de repente diagnostican una enfermedad terminal. La situación se va complicando y, ante la aparición de una ‘oportunidad de negocio’ (peligrosa y criminal, aclaremos), el protagonista intenta conseguir el dinero suficiente para que, ante su posible muerte, su familia quede en la mejor situación financiera y puedan llevar adelante sus objetivos. 

Lógicamente, no recomiendo los ‘métodos’ que White emplea para alcanzar el dinero que necesita para su familia (no voy a hacer spoilers), pero sí cómo se para a pensar en lo que necesita, cuánto dinero puede costar y qué rentabilidad precisa obtener para alcanzar esas metas. 

Primero, os dejo este vídeo con la escena en cuestión, que se produce después de un momento de alta tensión al inicio de la segunda temporada de Breaking Bad. 

 


Ahora vamos a ver qué podemos aprender de la planificación financiera exprés del protagonista de Breaking Bad en 5 claves: 


1. ¿Qué quiero para mi familia?

En el caso de Walter White, que mi hijo vaya a una buena universidad, tener cubiertos los gastos sanitarios… Es clave saber lo que queremos como punto de partida. Si no sabemos dónde queremos ir, da igual el camino que elijamos. En nuestro caso, puede ser jubilarnos a los 50 años; la educación de los hijos; comprar una vivienda; dejar una herencia… 


2. ¿Cuánto cuesta?

Muchas de las cosas que ansiamos tienen un coste: la casa junto a la costa, la universidad en el extranjero… En la escena de la que hablamos, el protagonista hace unos cálculos rápidos sobre cuánto supondría cada una de estas metas, uniendo este dinero al coste que también añade del día a día, “de la comida, ropa, varios…” durante un tiempo específico.


3. No olvidemos la inflación

Es lo primero que dice Walter White en la escena… Si pensamos a largo plazo, el coste de la vida irá subiendo, lo que reducirá nuestro poder adquisitivo. Todos sabemos muy bien que 30.000 euros de hace 30 años (o su equivalente en pesetas) compran muchas menos cosas hoy que entonces (especialmente lo saben los equipos de fútbol).
 

4. ¿Cuánto necesito entonces y cuánto tengo? 

A priori es muy sencillo: sumar y restar. Si aspiramos a una casa de 300.000 euros, para la que necesitaremos una hipoteca que en intereses nos costará otros 100.000, en los básicos del día a día me dejo 15.000 al año y además me gusta hacerme mis viajecitos de verano, necesitaré cerca de 1 millón de euros para los próximos 30 años como mínimo. A lo que habría que añadirle inflación e imprevistos. ¿Cuánto podría ingresar en este tiempo? Si mis ingresos son mi nómina y me pagan 30.000 euros netos, en este periodo ingresaría 900.000 euros (más lo que vaya subiendo por la inflación). Necesitaría conseguir al menos 100.000 euros más para conseguir mis objetivos. 
 

5. ¿Qué decisiones tengo que tomar ya para que me llegue?

Si al ritmo actual, según los cálculos que hagamos, vemos que no nos llega, tenemos que tomar decisiones. ¿Cuáles? Ya depende de cada cual. Puede ser buscar una rentabilidad para nuestro dinero en los mercados financieros; buscar un trabajo mejor pagado; poner en marcha un negocio… Pero tenemos que tomar decisiones, porque si no, lo que realmente estaremos haciendo es renunciar por adelantado a nuestros objetivos. 

Si lo hacemos bien, planificamos nuestras finanzas y tomamos las decisiones oportunas a tiempo, como dice White en la escena de Breaking Bad, “se puede, claro que se puede” (Aunque de un modo distinto al que sigue Heisenberg, claro ;D)