Un año de restricciones al apalancamiento

Un año de restricciones al apalancamiento

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Este mes se cumple un año desde que se anunciasen las medidas temporales de la Autoridad Europea de Valores y Mercados (ESMA, por sus siglas en inglés) para “proteger” a los inversores de los riesgos de los productos OTC. Y mañana hará también un año desde que entrasen en vigor las restricciones al apalancamiento en los contratos por diferencias (CFDs) y el veto a la distribución de opciones binarias. En España, la resolución de la CNMV entró en vigor el pasado 2 de julio para opciones binarias y lo hará mañana para los CFDs. La gran mayoría de los países de Europa han tomado el mismo rumbo que el regulador español, aunque es cierto que la FCA indica que podría haber ajustes en caso de Brexit.

Para el profano en la materia, los CFDs son instrumentos que ofrecen al inversor una exposición larga o corta a las variaciones del precio de un determinado subyacente (acciones, índices, divisas, materias primas e incluso criptodivisas) y en donde sólo se tiene en cuenta la diferencia entre los precios, no llegando nunca a ser el inversor “poseedor” del subyacente. Tienen su origen en Reino Unido y fueron creados por los fondos de inversión libre para cubrir sus necesidades operativas, pero en la última década han ganado mucha popularidad entre los inversores minoristas, dejando de ser un producto únicamente reservado al segmento institucional.

Y las opciones binarias, producto que detesto y cuya comercialización ha sido prohibida entre minoristas, permiten realizar una apuesta sobre la dirección del precio a muy corto plazo. El saber cuánto puedes ganar o perder desde el principio, sumado a lo reducido de su vencimiento, ha convertido a este producto en una especie de apuesta deportiva referenciada a un subyacente. El problema radica en que lo arriesgado siempre supera a lo ganado, haciéndolo inviable a largo plazo. Si por cada euro que arriesgo, tengo la posibilidad de ganar 0,75 euros, más me vale tener un sistema casi infalible con una tasa de aciertos muy elevada y que pueda sostenerse a largo plazo o acabaré perdiendo dinero sí o sí.

En el caso de los CFDs, producto que me parece lógico para operar a corto plazo o hacer coberturas de determinados riesgos, el regulador basa sus argumentos contra este producto en tres pilares: la complejidad de este tipo de instrumentos, su alto riesgo y su elevada volatilidad. De ahí que ESMA haya impuesto límites a los apalancamientos, una regla de cierre la posición por falta de margen (pérdida de más del 50 % de la garantía requerida), protección contra saldo negativo por cada cuenta (a raíz de lo acontecido en 2015) y prevenir el uso de incentivos por los proveedores de CFDs, así como una advertencia de riesgo específica de manera estandarizada que incluya el porcentaje de inversores que pierden dinero.

Desgranando cada una las razones esgrimidas anteriormente, creo que la complejidad no es superior a la que pueda tener cualquier otro instrumento derivado como los futuros y las opciones. Es más, en el caso de estas últimas, la dificultad es todavía mayor ya que la evolución del valor de la opción no depende única y exclusivamente de la dirección del precio del subyacente, sino que hay que tener en cuenta otros factores como la volatilidad o el tiempo hasta vencimiento. De hecho, hay más parámetros que afectan a la prima. Sí es cierto que, al negociarse como contratos estandarizados dentro de un mercado organizado, eliminamos el riesgo de caer en manos de un intermediario poco ético que manipule los precios.

Salvando las distancias, y obviando fondos monetarios o depósitos, el alto riesgo es el mismo que el de que cualquier producto financiero. ¿Tenía más peligro un CFD sobre el DAX o las (difuntas) acciones del Banco Popular? Trabajando en banca comercial, me di cuenta de que clientes con todo su patrimonio invertido en un único valor se autodenominaban “conservadores” porque “a largo plazo todo sube” y ya no digamos nada si la cotizada en cuestión repartía dividendos. Las acciones son entendidas por el grueso de la sociedad como algo “seguro” o “conservador”, pero sin una adecuada diversificación ni sólidos conocimientos desde el punto de vista del análisis cualitativo, cuantitativo y de valoración de una compañía, el riesgo de una acción al contado puede ser el mismo que el de un producto derivado.

Pero ya lo sorprendente es considerar un factor de riesgo la alta volatilidad de estos productos. La volatilidad es a los mercados financieros lo que la nieve al invierno. Un CFD es más o menos volátil en función del subyacente al que replica. La culpa de que el IBEX 35 se deje más de un 2 % en una sesión como consecuencia de ser un índice bancarizado que sufre en un entorno de tipos cero no la tiene ningún CFD. El CFD recogerá ese movimiento del cual podrá aprovecharse un inversor minorista, igual que lo haría con un futuro, una opción, un ETF o un fondo indexado referenciado al selectivo español.

Un año después de la entrada en vigor de estas medidas, las conclusiones a las que llego son las siguientes:

  • El cliente que operaba en CFDs con un broker serio y regulado sigue haciéndolo, teniendo que adaptar su operativa a los nuevos márgenes requeridos por la ESMA.
     
  • El cliente que cumple los requisitos para ser profesional ha conseguido saltarse las restricciones. No obstante, ESMA ya ha advertido de que podrían hacerse auditorías para verificar que un cliente ostenta realmente el estatus de profesional y no se trata de una decisión tomada a la ligera por el broker para retener al cliente que sigue exigiendo altos apalancamientos.
     
  • El cliente acostumbrado a un elevado nivel de apalancamiento y que no cumple los requisitos para ser profesional ha migrado a brokers fuera de la ESMA, generalmente australianos. La ASIC se ha puesto seria y va a acabar limitando los apalancamientos, así que algunos brokers australianos han comenzado a moverse a paraísos fiscales con una regulación muy laxa para seguir reteniendo a esos clientes (como San Vicente o las Granadinas).
     
  • Derivado de ese último punto, la persecución de apalancamientos fuera de la ESMA, olvidando completamente la importancia de la parte regulatoria de una empresa de servicios de inversión, ha llevado a muchos inversores a caer en las manos de chiringuitos financieros.

Sinceramente, salvo alguna excepción puntual, creo que no existen productos financieros buenos o malos. Hay un producto para cada perfil inversor y horizonte temporal e incluso es legítimo combinar estrategias de largo plazo (con productos como fondos de inversión, acciones o ETFs) con la toma de decisiones tácticas o de cobertura de riesgos (caídas en los mercados o tipo de cambio) con productos derivados, ya sean CFDs, futuros u opciones financieras.

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