Con todavía la resaca del último clásico, en donde los madridistas no hemos salido muy bien parados, no sé si es el mejor momento para publicar un artículo sobre fútbol y Bolsa. Así que vamos a correr un tupido velo y no hablar sobre las semifinales de la Copa del Rey, sino de los octavos de final de la Champions.

El pasado miércoles, el Atlético de Madrid derrotaba a la Juventus en el Wanda Metropolitano. Las acciones de la Vecchia Signora se dejaron un 10 % en la siguiente sesión llegando a marcar un mínimo en los 1,25 euros. Desde entonces, la caída ha continuado y podemos verlas cotizando ahora en torno a los 1,20 euros. Por cierto, fueron los títulos del equipo blanquinegro los más negociados en Italia el pasado mes de enero en un popular bróker holandés especializado en renta variable. El fútbol no sólo levanta pasiones entre los aficionados, sino también entre los inversores.

El deporte rey está en auge en este momento y los que lo seguimos somos conscientes de la inflación que reina en el mercado de fichajes. La cantidad de dinero que se gasta en jóvenes talentos ha crecido exponencialmente en las últimas dos décadas, principalmente por la aparición de nuevos participantes que tienen el dinero y el petróleo por castigo.

Según Statista, a finales de los 80 y principios de los 90 las cantidades destinadas a la adquisición de un jugador raramente superaban los 10 millones de euros. En 1992, el fichaje de Gianluca Vialli supuso un nuevo hito en términos de grandes desembolsos económicos: 17 millones de euros pagó la Juventus a la Sampdoria por el delantero de Cremona. En los últimos tiempos, y dejando a un lado al Real Madrid de Los Galácticos, hemos visto cantidades estratosféricas que dejan en anécdota el fichaje de Vialli. Los 94 millones de euros, más intereses, que el Real Madrid pagó por Cristiano Ronaldo, los 101 millones de Gareth Bale, los 105 millones de Pogba o los 222 millones de euros por Neymar en 2017 convierten a esos 17 millones de 1992 en una cifra simbólica. Manteniendo esta tasa de crecimiento de doble dígito, no sería descabellado ver pagos de miles de millones en una década. ¿Cuánto tendría que desembolsar hoy un club por un jugador como Kylian Mbappé?

Sin embargo, aunque estas tasas de crecimiento en los principales activos de los clubes, que son los jugadores, puedan llamar la atención de los inversores, se trata de un sector realmente complicado y en el que es difícil encontrar oportunidades. Y todo esto es porque, como decía el difunto Dante Panzeri, el fútbol es la dinámica de lo impensado. Sin ir más lejos, el partido de la semana pasada le podría costar a la Juventus renunciar a 41,5 millones de euros. Las acciones están sujetas a mucha volatilidad por la aparición permanente de nuevos escenarios que valorar como inversores: clasificación para competiciones continentales, cambio de entrenador, entradas y salidas de jugadores, lesiones, sanciones administrativas.

En 1983 salía a cotizar el Tottenham Hotspur. Y 14 años más tarde lo hacía Aston Villa a un precio de 11 libras, perdiendo la mitad de su valor durante los próximos 10 años. Entre 1991 y 2001 hasta 27 equipos salieron a cotizar en la Bolsa de Londres. La ausencia de rentabilidad propició que la gran mayoría decidiesen terminar con su aventura bursátil.

En el caso de la Premier League, muchas voces coinciden con que los clubes entren en una fase de estabilidad debido al crecimiento exponencial del interés por la liga inglesa en todo el mundo. Llenar el estadio cada domingo ha pasado a un lugar secundario y son el marketing y los derechos de retransmisión de partidos la principal fuente de ingresos de los grandes clubes. Esta tendencia continuará a media que nuevos players, como Amazon, busquen hacerse con los derechos de los operadores tradicionales. El contenido deportivo de alta calidad es valioso, mueve mucho dinero y los nuevos gigantes tecnológicos son conscientes de ello.

En clubes de primer nivel, como el Real Madrid, los ingresos por marketing y retransmisiones suponen cerca del 65 %, mientras que los socios y aficionados que llenan el estadio, junto con las giras internacionales y amistosos, apenas suponen el 35 % de los ingresos. No hace mucho, en la temporada 1999-2000 los ingresos operativos del Real Madrid procedían en un 33 % de las retransmisiones, en un 32 % de los socios y estadio, en un 26 % del marketing y en un 9 % de los partidos internacionales y amistosos. Ahora el marketing ocupa el primer lugar, seguido de las retransmisiones.

El valor total de los derechos para mostrar los partidos de la Premier League en la televisión para las próximas tres temporadas alcanzó los 5.300 millones de euros. El más grande por capitalización bursátil, el Manchester United, reportó un aumento del 37,9% en los ingresos de retransmisión para el período de tres meses y del 26,3% para el período de seis meses.

La imagen de marca, la posición social, las redes y la experiencia de los grandes clubes son difíciles de replicar desde mi punto de vista y otorgan a estos características similares a las de los fosos económicos, aunque el desempeño de un equipo de fútbol es mucho menos cierto que el desempeño de otras empresas. Dicho esto, el fútbol es un deporte mundial y es probable que los equipos dominantes se beneficien de la creciente demanda en los próximos años. Dentro de las ventajas competitivas podríamos destacar el efecto red y también de activo intangible.

Sin embargo, la inversión en un club de fútbol es algo que no me produce demasiada atracción, más allá de lo romántico de ser hincha y accionista del club de tus amores. En Soccernomics, Simon Kuper y Stefan Szymanski llegan a la conclusión de que la mayor parte de los clubes pierden dinero. Los autores analizaron la Premier League desde su nacimiento en 1992 hasta 2012 y vieron que incluso los mejores clubes no eran capaces de producir beneficios de forma recurrente y que la industria del fútbol no resultaba rentable. En el libro Winners and losers: the business strategy of football se pone de manifiesto que, lógicamente, la variable que guarda mayor correlación con el número de victorias es que los clubes que pagan fichas más altas y consiguen mejores jugadores son los que más partidos ganan.

Así que, si un club no cuenta con una ventaja competitiva de las anteriormente citadas, será difícil conseguir los ingresos suficientes para fichar y retener a los mejores jugadores. La mayoría de los clubes acaban pagando más de lo que son capaces de generar y endeudándose para poder seguir siendo competitivos.

El Barcelona ha sacado pecho en muchas ocasiones de la cantidad de ingresos generados, pero la película cambia cuando descubrimos que el 84 % de esos ingresos se lo comen los salarios de los jugadores y que hay que hacer auténticos malabares para presentar unas cuentas dignas ante sus socios.

Mejor diversificar riesgos y no tener el dinero en el mismo sitio en el que tenemos nuestras ilusiones deportivas.