El 23 de marzo, Dropbox era recibida por Wall Street y la semana pasada Spotify seguía los mismos pasos. Las dos tecnológicas, las dos con pérdidas. Al hilo de mi artículo escrito hace un par de meses en Finect, El arte negativo de invertir, vuelvo a recalcar la importancia de pensar dos veces las cosas antes de lanzarse a comprar acciones, o cualquier activo, el peor día posible y siempre bajo la bandera de es que es el futuro. Los colocadores de las acciones nos han vendido que las pérdidas actuales de estas compañías no son significativas porque su futuro, otra vez, es muy prometedor. Justificaciones bursátiles con cierto olor a naftalina.

Antes de pararnos a reflexionar cinco minutos sobre el maravilloso y tranquilo futuro de estas dos compañías, analicemos si tiene mucho sentido para el pequeño inversor entrar en el accionariado de cualquier cotizada el mismo día de la salida a Bolsa. Normalmente, en una OPV, el precio de la acción será bastante alto, ya que los señores que venden sus acciones querrán hacerlo al precio más alto posible para así maximizar sus beneficios. Luego, podemos concluir que no será la opción más atractiva para el inversor minorista, ya que no estará invirtiendo con un margen de seguridad aceptable.

El proceso de salida a Bolsa de Spotify no ha sido mediante una OPV, pero es cierto que las últimas salidas de compañías tecnológicas en el actual mercado alcista no han dejado muy buen sabor de boca al pequeño inversor que, movido por el ruido, decidió apostar desde el primer minuto por ellas. Me vienen a la cabeza compañías como TwitterBlue ApronSnapchat o King (que se la acabaría quedando Activision Blizzard poco tiempo después). Ahora ha sido el turno de Dropbox y Spotify, lo cual le puede abrir las puertas a otras tecnológicas como UberAirbnb y Pinterest.

Peter Lynch, que algo sabe de esto, siempre recuerda que una de las mejores estrategias que ha utilizado en su etapa como gestor es la de acudir a las OPVs de empresas públicas que se privatizan. En teoría, las empresas públicas salen a precios bajos porque a los políticos de turno les interesa que la acción vaya bien, ya que es una forma de subir en votos. Lynch pone ejemplos como British Airways, British Telecom, British Gas o British Steel. En España, podríamos coger el caso de AENA.

Al margen de la disyuntiva sobre si es bueno acudir a una OPV o no en función de que la empresa sea de financiación pública o privada, y dado que esto no es una ciencia exacta, lo que debería hacer todo inversor minorista es pensar de dónde provienen los ingresos de las compañías en las que va a invertir, si crecerán en el tiempo y si su modelo de negocio está blindado de los ataques de la competencia.

Como siempre, bajo mi humilde punto de vista, ninguna de las dos cumple con los requisitos básicos que le exigiría a una empresa para invertir en ella. La primera vez que escuché hablar de Dropbox fue hace una década, cuando la tecnológica rondaba el año de vida. En la universidad, comenzamos a compartir documentación técnica, exámenes de otros años y demás archivos relacionados con el ámbito estudiantil entre los alumnos de clase. Ahí fue cuando la conocí y ahí fue cuando abrí una cuenta. En 10 años como usuario, no he desembolsado un sólo euro por el servicio ni conozco a nadie de mi círculo cercano que lo haya hecho. Facturó 1.100 millones el pasado ejercicio, pero las pérdidas son de 112 millones de dólares según la SEC.

Dropbox es un servicio gratuito hasta 2 GB de espacio y te permite sincronizar archivos entre dispositivos, tener carpetas compartidas y enlaces y Dropbox Paper. Uno de sus más directos competidores, Box, de entrada, ya te aumenta la oferta gratuita hasta 10 GB. Lógicamente, el negocio de ninguna viene de ahí, sino de pequeñas, medianas y grandes empresas que trabajan con una gran cantidad de datos y deben pasar por caja para acceder a un mayor espacio de almacenamiento. El problema radica en que no es la única que ofrece este servicio. Además de Box, hay muchas otras empresas haciendo lo mismo y con el "pequeño" inconveniente de que tres de ellas son AmazonGoogle y Microsoft. Las posibilidad de que Dropbox sea capaz de volver a la senda de los beneficios y obtener de forma recurrente rentabilidades de doble dígito la considero, ahora mismo, remota.

Por otro lado, Spotify generó 4.000 millones en ventas, pero, al final de la cuenta de resultados, la cifra es negativa y por valor de 1.235 millones. El doble de lo que perdió en el ejercicio anterior. Los ingresos de la plataforma líder en reproducción de música vía streaming proceden de los 9,99 euros al mes que paga un usuario por su servicio premium. Con la recaudación, Spotify tiene que pagar las correspondientes royalties a las grandes multinacionales del mundo de la música.

Igual que Dropbox, tampoco se libra de la competencia, pero lo que más me preocupa es que no le veo demasiado sentido al negocio desde el punto de vista empresarial. Es decir, es un servicio que, de momento, es gratuito y el único inconveniente que tiene el no desembolsar un euro es que hay un anuncio de 30 segundos por cada 30 minutos de música. Yo, por ejemplo, soy usuario de una popular empresa que me permite disfrutar de películas, series y documentales en streaming. Si hubiese una modalidad gratuita en donde el peaje que debo pagar es de 30 segundos de anuncio por cada 30 minutos de contenido audiovisual, cancelaba ahora mismo la suscripción. El porcentaje de usuarios de Spotify no para de crecer, pero el beneficio por usuario ha caído un 20 % en los dos últimos años (igual por la inclusión de planes familiares). Escuchar música cuando y donde quieras es un concepto ya bastante antiguo, anterior al nacimiento de esta compañía en 2006. Y sin necesidad de pagar 10 euros al mes.

En resumen, cuidado con precipitarse en las salidas a Bolsa. Y más todavía si el negocio que respalda esas salidas está generando pérdidas y hay una brutal competencia que podría impedir el desarrollo de ventajas competitivas. Lo bueno de los mercados es que siempre estarán ahí, generando oportunidades, y el hecho de que una compañía no te convenza al inicio de su vida bursátil no significa que no pueda reinventarse en el futuro. Pero eso es otra historia.