El Tesoro de EEUU ha tenido que pagar el interés más alto en un cuarto de siglo por su deuda a 30 años. En concreto, el Departamento capitaneado por Scott Bessent colocó 25.000 millones de dólares en bonos a ese plazo con un rendimiento del 5,216% en la subasta de este jueves 13 de agosto. Se trata del nivel más elevado desde que Washington eliminó esta referencia en 2001, hace 25 años.
Este no ha sido un episodio aislado. Un día antes, el bono de EEUU a 10 años tocó su rendimiento más alto desde 2007 en una subasta de 42.000 millones de dólares al 4,683%. Las dos colocaciones confirman que toda la parte larga de la curva estadounidense —los plazos superiores a 10 años— se ha instalado en niveles que no se veían desde hace años.
Por qué sube el interés de la deuda a largo plazo de EEUU
Detrás de la subida hay varios factores que se retroalimentan: el elevado déficit fiscal, la subida de los precios de la energía ligada a la guerra en Oriente Medio y una inflación que sigue sin acercarse del todo al objetivo de la Reserva Federal. Raphaël Thuin, director de estrategias de mercados de capitales de Tikehau Capital, lo ha contado así: "Las preocupaciones sobre la reflación provocaron un fuerte incremento de las rentabilidades de la deuda soberana a largo plazo a escala mundial". Ha atribuido este fenómeno a la comunicación poco clara de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) sobre su hoja de ruta y a la escalada de tensiones entre EEUU e Irán, que ha disparado el precio del petróleo.
El contraste con la última vez que Estados Unidos pagó estos tipos es llamativo. En 2001, los inversores en bonos disfrutaban de un mercado alcista de décadas y les preocupaba más la escasez de deuda estadounidense que su abundancia. Sin embargo, la situación actual es la contraria: la deuda del Tesoro en circulación ronda los 31 billones de dólares, 10 veces más que entonces y el doble que en 2018, mientras que el déficit del año fiscal en curso ya suma 1,17 billones de dólares, un 15% más que hace un año.
Qué esperan los expertos sobre la Fed
La decisión de la Reserva Federal sigue sin estar clara. Eric Winograd, economista jefe para EEUU de AllianceBernstein, ha señalado tras conocerse el último dato de inflación que "estos datos no acercan ni alejan a la Fed de una subida de tipos: esa decisión sigue estando totalmente abierta". El organismo mantuvo los tipos en el rango del 3,50%-3,75% en julio, aunque tres de sus gobernadores votaron a favor de subirlos.
El mercado, de momento, ha moderado algo sus apuestas: tras conocerse el jueves un dato de precios a la producción poco alentador y con el petróleo a la baja, la probabilidad de una subida de tipos en septiembre bajó a cerca del 35%, frente al 50% con el que arrancó la semana. El equipo de Julius Baer ha matizado además que el aumento del déficit de este ejercicio fiscal responde en buena parte a devoluciones arancelarias y efectos de calendario, no a un deterioro estructural de las cuentas públicas, aunque han reconocido que el objetivo del secretario del Tesoro, Scott Bessent, de bajar el déficit al 3% del PIB sigue estando lejos.
Mientras tanto, la señal de que financiarse a largo plazo sale cada vez más caro ya se nota fuera de los mercados de deuda. La hipoteca media a 30 años a tipo fijo subió la semana pasada al 6,69%, su nivel más alto desde julio de 2025.
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