En los primeros compases de 2018, las commodities parecían situarse en la cúspide el mercado alcista. El crecimiento económico se revelaba sólido y sincronizado tanto en los mercados desarrollados como en los mercados emergentes. El Gobierno de Estados Unidos había espoleado la economía a través de recortes fiscales financiados con el déficit futuro. Un dólar más débil había reducido los obstáculos en los mercados emergentes. Además, el encarecimiento del petróleo y,
en cierta medida, la mejora de los precios de los metales básicos se tradujeron en una dinámica positiva para las commodities en general.

También en el lado positivo de la balanza, los productores de commodities actuaban de manera disciplinada. Se centraban en remunerar a los accionistas, en lugar de en incrementar la producción. Parecía que los precios de las commodities habían llegado a un punto de inflexión y que comenzarían a aumentar en todos los sectores. No obstante, varios factores provocaron un vuelco de la situación y, en mi opinión, han ahuyentado una trayectoria alcista de las commodities durante, al menos, un año. Así pues, parece que, como muy pronto, no asistiremos a un significativo aumento de los precios de las commodities hasta el año 2019.

Las fricciones comerciales ejercen presión sobre los precios

El principal motivo del retraso de un mercado alcista ha sido la guerra comercial, que ha repercutido de manera significativa en las commodities y, en cierta medida, ha arrastrado las commodities considerablemente a la baja. Estados Unidos inició disputas comerciales con Canadá, con México, hasta cierto punto con Europa y, en un grado mucho más importante, con China. La soja ha sufrido el impacto directo más notorio, principalmente porque las autoridades chinas se han mantenido firmes y han dejado de comprar productos de origen estadounidense por completo. El año pasado, Estados Unidos exportó a China más de 30 millones de toneladas métricas de granos de soja, lo que representa más de un tercio de la producción total. La extraordinaria cosecha de 2018 se está amontonando en el Medio Oeste estadounidense a la espera de la resolución del conflicto. Para los agricultores, y para todos nosotros que estamos atentos a cualquier señal en los mercados de las commodities, la soja se halla en el ojo del huracán, pues representa el producto individual más importante que Estados Unidos exporta a China, al superar los 12.000 millones de USD anuales, además de afectar gravemente a los agricultores, y fieles republicanos, de los estados del «cinturón maicero».

Las guerras comerciales también han lastrado los precios de los metales básicos, puesto que el comercio mundial ha sufrido una notable caída y, en los últimos meses de 2018, ha aumentado la inquietud de que la prolongación del conflicto entre Estados Unidos y China pueda ralentizar el crecimiento económico en ambas potencias. Si bien China podría apuntalar su economía a través de estímulos en forma de inversiones en activos fijos, resulta más probable que Xi utilice el conflicto
como tapadera para continuar sus políticas y reformas, por lo que solo suavizaría el aterrizaje. En estos momentos, no queda claro si la «tregua comercial» acordada en la reunión de los dos líderes en la cumbre del G-20 es más que una pausa temporal en la intensificación del conflicto, aunque ofrece motivos para un mayor optimismo.

Una mano no muy dura con Irán 

Los mercados del petróleo han experimentado una elevada volatilidad tras la retirada de Estados Unidos del pacto nuclear con Irán, seguida de una dura retórica sobre sanciones y bloqueo de las exportaciones iraníes con el fin de perjudicar a dicho régimen. No obstante, unas exenciones sorprendentemente generosas para los ocho mayores países importadores de petróleo iraní se tradujeron en un notorio aumento de las compras, lo que, en cierta medida, relegó a un segundo plano las importaciones de Brent y WTI. Con rapidez, el precio eliminó la prima de riesgo que llevó al Brent hasta los 86 USD por barril y, en tan solo unas cuantas semanas, el mercado descendió hasta los 58 USD por barril. Dado que la OPEP había sometido a sus principales países a una enorme presión para impulsar la producción en la antesala de las elecciones de mitad de mandato, lo que coincidió con una apresurada reducción de los cuellos de botella en la cuenca del Pérmico, ahora el cártel se está viendo obligado a recortar la producción en 1-1,5 millones de barriles diarios, ya que los países productores necesitan que el Brent se sitúe más cerca de los 80 USD por barril que de los 60 USD para equilibrar sus presupuestos. Si bien opinamos que los países disminuirán la producción y lograrán que el mercado se equilibre a principios de 2019, la situación geopolítica es muy delicada, ya que el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) necesita el apoyo militar de Estados Unidos en sus
disputas regionales. Todo apunta a que asistiremos a un periodo de flaqueza en los precios del crudo hasta que el proceso de reequilibrio comience a menguar los inventarios. A más largo plazo, nos mostramos optimistas en cuanto a los precios.

En términos generales, el impacto de las guerras comerciales está propagándose a un abanico de mercados de commodities. A finales de noviembre, el Bloomberg Commodity Index registraba un descenso del 6% desde principios de año. Esto apenas resulta sorprendente, puesto que, además de los obstáculos que plantean las guerras comerciales, el fortalecimiento del dólar estadounidense y el aumento de los tipos de interés en el país norteamericano hicieron mella en los precios de las commodities. La fortaleza del billete verde en la segunda mitad de 2018 resultó dolorosa, ya que atemperó el crecimiento en una serie de países emergentes, donde suele originarse el crecimiento de la demanda de commodities. En resumen, las fuerzas macroeconómicas se han vuelto en contra de las commodities a corto plazo.

A la espera de un mercado alcista

De cara a 2019, el año probablemente comenzará con un tono prudente. En nuestra opinión, Estados Unidos y China resolverán sus diferencias en 2019, posiblemente en la primera mitad del año, lo que desencadenará una recuperación de la demanda y la actividad económica, que había quedado en un segundo plano, tanto en las economías emergentes como en las economías desarrolladas. Hasta entonces, el mercado se revelará turbulento, a merced de las noticias sobre los roces geopolíticos y económicos en curso. El riesgo bajista surgirá si se propagan los conflictos económicos y el nacionalismo, ya que un número creciente de países está siguiendo el ejemplo estadounidense e intenta obtener concesiones económicas de los que una vez fueron aliados geográficos, políticos o comerciales, los cuales se hallan un escalón por debajo en la jerarquía económica. 

Por el contrario, si las dificultades geopolíticas se calman y si no se pone freno a la actividad ni al desarrollo económicos, seríamos testigos de un considerable repunte de los metales básicos primero, así como de un entorno favorable para la energía, tanto para el gas como para el petróleo, y ambos favorecerían a su vez algunos aspectos del sector agrícola, especialmente las semillas oleaginosas, las materias primas agrícolas y la ganadería.

Las commodities son cíclicas. Han atravesado un mercado bajista y han fluctuado en los rangos más bajos durante varios años, por lo que solo cabe esperar a que comience el próximo mercado alcista. El desafío para los inversores estriba en mantenerse pacientes hasta que se observen claras señales de consolidación del próximo mercado alcista, como la tensión en los inventarios de commodities subyacentes, una actividad económica real sostenible, un dólar estadounidense estable o menos fuerte, un significativo crecimiento salarial y un aumento de los tipos de interés. Incluso durante las guerras comerciales de 2018, los inventarios de cobre, por ejemplo, han experimentado una contracción. En todo el mercado de commodities, existen unos cuantos inventarios onerosos que deben solucionarse para que pueda producirse un repunte sustancial. A nuestro parecer, las guerras comerciales y otros obstáculos solo han aplazado lo inevitable.