Los resultados de las elecciones en EE.UU. han estado en general en línea con las expectativas, con una desviación importante. Aunque, tal y como se anticipaba, los demócratas se han hecho con el control de la Cámara de Representantes y los Republicanos con el Senado, estos últimos han aumentado su mayoría en el Senado y esto, desde una perspectiva política, parece una validación de la estrategia del Presidente de adoptar una línea dura sobre la inmigración y el comercio.

Este resultado mixto aumentará las posibilidades de que la economía de EE.UU. se ralentice a partir de 2019, con un efecto potencialmente adverso sobre las rentabilidades de los bonos y el dólar y, posiblemente sobre la renta variable de EE.UU. Sin embargo, la repercusión de los resultados de las elecciones sobre la política comercial de EE.UU. todavía es incierta y esto tendrá un peso importante sobre el comportamiento de la renta variable global. Para verlo, lo más importante es tener en cuenta que la campaña electoral de 2020 ya está en marcha y cómo pueden afectar las consideraciones políticas a cinco temas distintos:

Impuestos: en el tema fiscal, el resultado de las elecciones de medio mandato probablemente acaba con la idea de una “Reforma Fiscal 2.0”.No se puede aprobar una ley fiscal sin una mayoría en la Cámara Baja y los demócratas no tendrán ningún interés en aprobar otro gran recorte fiscal cuyo mérito se atribuya al presidente y pueda animar la economía a tiempo para las elecciones de 2020.La estrategia más fácil para los demócratas sería aprobar un recorte fiscal para la clase media, pero sólo si se financia elevando los impuestos a las rentas más altas y/o empresas.Esto, a su vez, sería inaceptable para el Senado.

Infraestructuras: Los demócratas podrían estar dispuestos a apoyar más dinero para infraestructuras si incluyera mejoras de las redes eléctricas y de internet. Sin embargo, la falta de dinero y la falta de trabajadores de la construcción indica que lo más probable es que se apruebe una ley de infraestructuras más bien modesta.

Sanidad: Como el mandato individual desaparece en 2019 y hay más estados que intentan adoptar planes de baja cobertura, es probable que la Ley de Asistencia Asequible (AffordableCareAct) se haga menos efectiva con el tiempo. Los demócratas no tendrán ningún interés en rechazarla y sustituirla. Los republicanos puede que estén dispuestos a proporcionar financiación extra para facilitar los cambios, ya que las encuestas indican que la asistencia sanitaria es el tema más potente de los demócratas de cara a 2020. Sin embargo, precisamente por eso, no es probable que los parlamentarios demócratas aprueben ninguna ley que esté apoyada por un Senado Republicano. Sin embargo, los dos partidos sí podrían estar de acuerdo en combatir la adicción a los opiáceos y limitar los aumentos del precio de los medicamentos.

Inmigración: La victoria demócrata en la Cámara Baja condena la financiación para el muro fronterizo del presidente. Sin embargo, en
otros aspectos, el presidente tiene mucho espacio para aplicar la política de inmigración. Probablemente percibirá que su línea dura en
inmigración ha conseguido motivar a la base republicana en las elecciones y por lo tanto la mantendrá a lo largo de los próximos dos años.
Pero esto agravará la actual escasez de trabajadores y podría contribuir a ralentizar el crecimiento económico en 2019 y 2020 más que
una política favorable a la inmigración.

Comercio: De igual modo, a lo largo de los años, el Congreso ha ido cediendo mucha autoridad sobre comercio al Ejecutivo. Por ello, el
presidente tendrá libertad para aplicar una estrategia más agresiva sobre el comercio con China, si así lo decide.

La cuestión crucial es si querrá llegar a un acuerdo con Xi Jinping o no. Aunque continuar con la retórica dura sobre el comercio no va a
perjudicarle políticamente de forma directa, sí dañará a la economía global y a la de EEUU, lo que podría dejarle más vulnerable en 2020.
Es posible que también calcule que, si llega a un acuerdo con China, podría afirmar que ha conseguido un resultado mejor que el que
ningún otro presidente de EE.UU. podría haber logrado, y seguiría teniendo muchos elementos a los que culpar si algo va mal en la
economía, a los demócratas del Parlamento, a los inmigrantes ilegales y, cada vez más, a la Reserva Federal.

El tema del comercio es claramente la gran incertidumbre tanto para la economía global como para la inversión. Si 2019 llega con una
importante escalada de la tensión comercial con China, sin solución a la vista, sería algo muy negativo para los valores de EE.UU. y
globales y podría llevar a una subida del dólar y a tipos de interés más bajos.

Si, por el contrario, el presidente cierra un acuerdo con China, el entorno de inversión sería una ralentización del crecimiento de EE.UU. en
relación con el resto del mundo, debido a la falta de más estímulos y a la escasez de trabajadores. En este entorno, es posible que los
valores de fuera de EE.UU. recuperaran la ventaja que tenían en 2017 y perdieron después, cuando la economía de EE.UU. experimentó un
fuerte, aunque temporal, aumento del crecimiento.

 

 

 

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