Qué risas se tienen que estar echando en Europa con los españoles. Menudo sainete. Por si alguien no lo sabe aún, el cabeza de lista de Izquierda Unida, Willy Meyer, dimitió esta semana tras publicar un medio que tiene dinero en una sicav de Luxemburgo.  Tremendo crimen, ¿eh? 

No conozco a Meyer, ignoro si su carrera política ha sido más o menos brillante, pero se la ha llevado por delante la demagogia sobre las sicav, que tanto ha alimentado su propio partido, como decía ayer Delfín Pérez, y que ha encontrado eco en medios online de la cuerda ávidos de visitas y notoriedad.

También desconozco si las críticas al vehículo sicav (o, en el mejor de los casos, medias verdades) se deben a intereses espurios o a pura incultura. Por si se trata de lo segundo, voy a intentar poner mi granito de arena explicando una vez más este tema. 

Prejuicio 1: Las sicav son un instrumento de los ricos 

Las sicav son vehículos de inversión colectiva. Gente que junta dinero para invertir de manera conjunta. En España, para tener una es necesario al menos 100 accionistas y 2,4 millones de euros. Es decir, que si se juntan 100 amigos con 24.000 euros cada uno pueden montar una sicav. 

Es cierto que, en la mayoría de los casos hasta ahora, las sicav eran más bien ‘familiares’. Es decir, una familia con dinero la montaba y todos los que faltaran hasta llegar a 100 los ponía el banco con participaciones ridículas en el capital de la sicav: los denominados mariachis.

Pero también hay muchas y, cada vez más, colectivas de verdad. Como imagino que la mayoría sabéis, hay una iniciativa que ha nacido entre los inversores en Unience, en la que está pasando precisamente esto, casi 550 inversores como tu y como yo se están organizando para crear una sicav. 

Además, en la red tenemos otros muchos profesionales de la inversión que son presidentes, consejeros o gestores de sicav, y que estarían encantado de que más y más inversores se unieran. Sicavs abiertas a todos los inversores, como las de Koala Capital, Elcano Sicav, Maver 21 Sicav, en las que se puede entrar a partir de unos pocos euros.

Prejuicio 2: Las sicav son para pagar menos impuestos

Hasta hace unos años era así, pero ahora ya no. Cuando compras acciones de una sicav  y después las vendes pagas exactamente los mismos impuestos que cuando compras acciones de Telefónica y después las vendes. 

“Pero Vicente, si en la tele han dicho que sólo pagan un 1% por los beneficios” Sí, las sicav como ente, sí. Pero los dueños de la sicav pagan los impuestos que le toquen en la base imponible del ahorro, actualmente entre el 21% y el 27%. 

Pero no sólo eso, si la sicav tiene menos de 500 accionistas (la mayoría son así) tienen una gran desventaja fiscal respecto a los fondos de inversión de toda la vida: no se puede traspasar el dinero a otro fondo o sicav sin diferir el pago de impuestos, como sí podemos realizar con los fondos de inversión.

Prejuicio 3: Las sicav son vehículos oscuros y poco transparentes.

Quizá haya pocos productos tan transparentes como las sicav españolas, que una vez al trimestre tienen que mandarle a la Comisión Nacional del Mercado de Valores hasta el último detalle de sus inversiones. Una información que la CNMV después cuelga en su página en Internet y cualquier ciudadano puede consultar.

Las de Luxemburgo, que ahora entramos con ellas, no tienen tantas obligaciones de transparencia, lo que ya está provocando cierta deslocalización de estos productos. Las grandes fortunas prefieren llevarse el dinero a una sicav a Luxemburgo para que no salga en los periódicos si han comprado o vendido acciones de Telefónica.

¿Y las sicav de Luxemburgo?

En Luxemburgo los criterios son mucho más laxos que en España. No tienes que llegar a 100 (no te tienes que inventar mariachis) y el mínimo son 300.000 euros. El único límite real aquí es de ‘costes’. No tiene sentido lanzar una sicav en Luxemburgo por menos de 5 millones de euros, como mínimo minimísimo, porque los gastos de abogados, constitución, auditorias y operativa serán demasiado grandes proporcionalmente, mucho mayores que en España.

A cambio, por las plusvalías de cada operación dentro de la sicav se paga sólo el 0,01%, pero ojo, al vender las participaciones hay que tributar exáctamente igual que en las sicav españolas o las acciones. Hasta un 27% con la fiscalidad vigente.

La realidad es que la enorme mayoría de los fondos de inversión internacionales tienen formato sicav luxemburguesa. Y, entre las españolas, cada vez más. 

¿Y por qué los lanzan las gestoras allí? Para pagar menos impuestos, ¿no?

Pues no, lo hacen por la flexibilidad operativa que ofrece Luxemburgo y porque se ha convertido en un estándar internacional. Se da la curiosa circunstancia de que, para que un inversor internacional entre en un fondo de un gestor español, le resulta prácticamente imposible hacerlo a través del vehículo español por nuestra esclerosis regulatoria. En cambio, les resulta muy sencillo hacerlo vía sicav luxemburguesa.

¿Por qué la gente tiene sicav entonces?

A las grandes fortunas, porque les permite tener el control de la política de inversión. El gestor invierte donde ellos quieren. Esto no lo pueden hacer en un fondo de inversión, donde quien manda es la entidad gestora y el inversor sólo es partícipe.

Además, en el pasado existían rendijas por las que los dueños de las sicav podían colarse sin casi pagar impuestos por las plusvalías, haciendo una reducción de capital en vez de una venta de las acciones. Este ‘truqui’ consentido desapareció con los cambios normativos recientes. Ahora hay que pasar por caja al vender, sí o sí. 

A quienes no somos grandes fortunas, porque nos permite invertir de manera colectiva con otros ahorradores, en base a una estrategia o una filosofía de inversión que nos gusta y que pensamos que obtendrá una buena rentabilidad para nuestros ahorros.

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