Chiringuitos financieros: un negocio en auge

Chiringuitos financieros: un negocio en auge

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Raro es el día en el que no aparezcan noticias avisando sobre nuevos chiringuitos financieros. Esta semana, la CNMV alertaba sobre 44 entidades no autorizadas para prestar servicios de inversión ubicadas en diferentes países de Europa. En la noticia pueden leerse los nombres de estas "entidades" dedicadas a la estafa y el engaño, figurando auténticas copias como JP Morgan Chase, Axa Investment Managers o ICM Capital Limited. Normalmente, los chiringuitos cogen una marca comercial ya asentada en la industria del brokerage y le cambian alguna letra o parte del nombre, pero hacer un plagio directo es la gota que colma el vaso.

Sin embargo, pese a vivir en la Era de la Información, tampoco consigo finalizar una semana de trabajo sin hablar con alguien que ha sido víctima de un chiringuito o, sin todavía ser consciente, está metido en uno. Durante los cuatro años que llevo trabajando en el sector he visto cómo las empresas de servicios de inversión hacen por posicionarse y crear una imagen de marca que permita ganarse la confianza del potencial cliente, desde la parte regulatoria, pasando por la creación de un buen equipo de profesionales y colaboradores externos, hasta la visibilidad en medios de comunicación y redes sociales o el apoyo público a la divulgación de la cultura financiera y bursátil. Y es por eso por lo que me parece increíble que a alguien le baste un banner en Facebook o una llamada a horas extrañas desde un número oculto para captar inocentes a los que robar el dinero.

Cuando hablo con un potencial cliente, grata sorpresa es cuando me pregunta por temas regulatorios, como el número de registro de mi entidad en la CNMV, banco depositario con el que trabajamos, sistema de compensación de inversores o, directamente, que le repita mi nombre y apellidos para ver si cumplo con las exigencias de MiFID II. La mayoría de las personas interesadas en los servicios de un intermediario financiero hacen preguntas necesarias, pero no importantes. Generalmente suelen ir referidas al apalancamiento, abanico de productos, las comisiones o el tipo de plataforma que utilizamos. En un modelo de negocio basado en la confianza, considero imprescindible que el inversor se centre más en la parte regulatoria antes de pasar a hablar de lo meramente comercial.

Las últimas estafas que veo que se producen suelen aprovechar el desconocimiento total del potencial inversor por activos como las criptomonedas. Dicen que trabajan con algún avanzado algoritmo de IA que hace arbitraje o alguna tontería similar y suelen ofrecer varios tipos de cuenta en función del capital aportado con rentabilidades garantizadas de un 3 % diario e incluso más si traes a otras personas. Una de las más recientes es Inexx Networking, la cual debe estar dando ya sus últimos coletazos: no permite el reembolso de fondos y pide capital adicional para recuperar el dinero “invertido”. Me he cansado de intentar razonar con personas metidas dentro de esta estafa piramidal de que rentabilidades superiores al 300 % en un año, de forma consistente y segura, NO existen. Hoy seguro que se están acordando de mí.

Además del desconocimiento absoluto sobre un activo relativamente nuevo, o de los no considerados como tradicionales, se hace patente la ignorancia manifiesta sobre las rentabilidades históricas que han brindado las diferentes categorías de activos tradicionales como la renta variable, la renta fija o el oro. Sin saber esto, es ya imposible pedir a alguien que memorice alguna otra referencia adicional como las rentabilidades anualizadas conseguidas por auténticos genios de la gestión de activos como Warren BuffettPeter Lynch o Joel Greenblatt. Usain Bolt tiene el récord de los 100 metros lisos en la categoría masculina con un tiempo de 9,58 segundos. Si yo les dijese que corro los 100 metros lisos en menos de nueve segundos, ¿me creerían?

En la última década, hemos tenido unas 4.500 sociedades no autorizadas a prestar servicios de inversión en Europa. En el caso del inversor español, la CNMV pone a su disposición abundante material para adquirir unos conocimientos financieros básicos: fichas del inversor y guías del inversor. Dentro de las guías, hay una en relación con los chiringuitos financieros y también un breve decálogo para evitarlos el cual me limito a exponer aquí:

  1. ¿Está la entidad autorizada para prestar servicios de inversión y registrada en la CNMV?
  2. Adoptar una actitud activa: PREGUNTA.
  3. Señales de alarma: captación de clientes, presión psicológica, urgencia de la inversión.
  4. No dejarse engañar por la sofisticación de algunas páginas web.
  5. No existen las altas rentabilidades sin riesgos.
  6. ¿Comisiones y gastos?
  7. ¿Existe el producto que ofrecen?
  8. No solicitud de información por parte de la empresa: prueba de identidad, residencia, procedencia de los fondos o conocimientos financieros.
  9. No realizar aportaciones adicionales para recuperar el capital inicial.
  10. Ponerlo en conocimiento de la CNMV y denunciarlo en la Policía.

Lamentablemente, fruto del éxito que han tenido los chiringuitos financieros en nuestro país, la CNMV ha alertado de un nuevo fraude orientado a inversores que ya han sido víctimas de una o varias estafas: las recovery rooms. Básicamente, se hacen pasar por una plataforma de afectados y prometen recuperar el capital perdido ya sea con nuevas inversiones o bien cobrando por unos servicios de asesoría legal. Normalmente, suele tratarse de la misma empresa que hizo el fraude ya que tiene la base de datos de todos los afectados. Las recovery rooms pueden incluso directamente hacerse pasar por la CNMV. Hay que tener en cuenta que el regulador nunca va a contactar directamente con nadie ni tampoco lo va a hacer una plataforma de afectados si no ha sido el propio estafado el que se ha puesto en contacto con ellos.

La única forma de combatir esto es formarse y creo que hay suficiente información en canales oficiales para aprender a diferenciar entre una empresa de servicios de inversión y un chiringuito financiero, entre fantasía y realidad.

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