Oro, la inversión que reluce en tiempos difíciles

Oro, la inversión que reluce en tiempos difíciles

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Su brillo, su robustez, su maleabilidad y su escasez, entre otras características, hacen del oro el más precioso de los metales. Desde tiempos inmemoriales, el ser humano se ha sentido profundamente fascinado por sus propiedades: presenta una gran resistencia a la corrosión, su pureza se determina y evalúa con facilidad, se divide sin dificultad en unidades de menor tamaño, fomenta y mejora las transacciones comerciales internacionales y puede ser utilizado como reserva de valor económico perenne.

Hoy, 03 de noviembre de 2020, en medio de unos mercados financieros golpeados diariamente por cientos de noticias sobre la COVID-19, el oro continua brillando más que nunca.

El oro como inversión, un poco de historia

La historia del precioso metal comenzó en el norte de África y en el Mediterráneo oriental hace alrededor de 6.000 años. Fueron los egipcios los que inicialmente obtenían el oro de los ríos hasta que descubrieron los yacimientos primarios situados en Sudán, Etiopía y Zimbabue. La inmensa fortuna egipcia acumulada gracias a la extracción de oro en dichos yacimientos despertó el interés de los asirios, los babilonios y los persas, pueblos que, en el siglo VII a.C., lograron arrebatar a los egipcios la riqueza conseguida.

A Europa, el oro llegó gracias a los fenicios, éstos descubrieron y explotaron las minas de la península ibérica que tiempo después conquistarían los romanos.

Más tarde, las primeras monedas empezaron a protagonizar los intercambios de bienes y servicios: en Roma, el áureo; en los territorios dominados por el Islam, el dinar; el florín en Florencia; el doblón español en España y en el territorio Galo, los luises franceses.

En el año 1717, Gran Bretaña adoptó el oro como patrón monetario (que ya había sido utilizado con anterioridad) gracias al esfuerzo del Director de la Moneda, Isaac Newton (“el patrón oro es un sistema monetario respaldado por el oro, el valor de cada unidad monetaria se fija en términos de una cantidad de oro concreta”). Newton estableció la equivalencia entre el oro y la plata, logrando un patrón oro estable y sencillo. En Estados Unidos, se instauró en 1879 un patrón oro con pago en especie, pero hubo que esperar hasta 1900 para que la Ley de Patrón Oro fuese aprobada. Desde entonces, el patrón oro propició e impulsó el comercio internacional, sin embargo, en 1931, Inglaterra puso fin al patrón oro desvinculando la libra esterlina del metal precioso. Dos años después, en 1933, el entonces presidente de la potencia norteamericana, Franklin D. Roosevelt, fue más allá: mediante la Executive Order 6102 prohibió a los ciudadanos estadounidenses la posesión de oro físico y les obligó a entregar a la Reserva Federal todo el metal acumulado, por cada onza troy depositada los americanos recibieron 20,67 dólares. Antes de terminar la Segunda Guerra Mundial, en 1944, tuvo lugar la reunión de Bretton Woods, allí se decidió referenciar el dólar al oro y el resto de divisas, al dólar. El sistema funcionó a la perfección hasta 1971, entonces, debido al deterioro de la situación económica de Estados Unidos, su presidente, Richard Nixon, decidió abandonar el oro como patrón monetario. En consecuencia y de forma paulatina, el resto de estados optaron también por dejar el sistema, siendo Suiza la última en hacerlo, en 1989.

¿Debería invertir en oro?

Uno de los motivos para invertir en oro es que, en tiempos de crisis, el metal amarillo es considerado un activo refugio porque cuando los precios en los mercados caen, el oro tiende a experimentar menores variaciones que el resto de activos, manteniéndose más estable. Además, es utilizado como cobertura contra la inflación, pues, a medida que se incrementa el dinero en circulación, el valor del oro aumenta también, aunque con cierto retraso.

Otra de las razones que explican que el precio del oro tienda a subir es que su demanda supera a su oferta (no obstante, debe tenerse en cuenta que, debido al valor monetario del oro, su precio no se mueve por cambios en su oferta y en su demanda como el del resto de metales). En la industria electrónica y en joyería se demanda oro constantemente, pero la cantidad de metal existente en el planeta es finita y su extracción implica asumir ciertos riesgos y costes elevados.

La seguridad, la cobertura ante la inflación y la evolución de su precio no son las únicas ventajas del oro, deben destacarse también las siguientes:

  • Es un activo líquido: convertir el oro en efectivo en cualquier divisa resulta fácil y rápido. Por normal general, siempre hay compradores dispuestos a adquirir el metal amarillo.
  • Conserva su valor: el oro posee un valor inherente que suele mantenerse constante a pesar de las variaciones de su precio. A diferencia de las divisas, el oro no puede ser devaluado.
  • Ayuda a diversificar la cartera: incluir en la cartera un elemento como el oro permite diversificar eficientemente porque, además de ser un activo diferente, a menudo su precio evoluciona de forma distinta a como lo hace el de los valores bursátiles y el de los activos monetarios.
  • Se almacena con facilidad: una cantidad reducida de oro puede ser de gran valor, no es necesario poseer elevadas cantidades de oro físico para acumular un valor significativo.
  • Existen muchas alternativas para invertir en oro: desde oro físico hasta ETFs, pasando por futuros, por certificados de depósito y por fondos de inversión.

Pero no es oro todo lo que reluce y, en este caso, igual que ocurre con cualquier otro activo, además de las ventajas, hay que tener en cuenta ciertos inconvenientes entre los que se encuentran los siguientes:

  • No proporciona ningún tipo de renta: la rentabilidad depende de la diferencia que existe entre el precio de compra y el precio de venta del oro.
  • El oro físico ocupa espacio: a pesar de que se almacena con facilidad, para poder adquirir y almacenar oro, el inversor debe disponer de un espacio físico y de las medidas y condiciones adecuadas para su conservación y vigilancia.
  • Es un producto volátil: invertir en oro requiere asumir riesgos. Aunque es considerado un activo refugio en momentos de crisis, la cotización del oro, especialmente en el corto plazo, puede experimentar variaciones importantes.

¿Cómo debería hacerlo?

Las posibilidades para invertir en oro son numerosas. Principalmente se dividen en dos tipos: compra de oro físico e inversión a través de productos financieros.

  • Compra de oro físico: el oro físico puede adquirirse comprando monedas o lingotes, su cotización varía día a día y su precio es diferente según el lugar de compra. Los lingotes son emitidos por bancos y refinerías y, en función del banco emisor, su liquidez y su valor cambia. Por ejemplo, los lingotes de Commerzbank se venden más fácilmente y a un precio superior que los ofrecidos por un banco de un país menos desarrollado. Dos de las ventajas de la adquisición de oro físico es que permite disponer de la titularidad efectiva del metal y que su cotización es más estable que la del oro adquirido mediante productos financieros, sin embargo, es necesario hacerse cargo de su mantenimiento y custodia.
  • Inversión a través de productos financieros:
    •  - ETFs: invertir en oro mediante ETFs consiste en adquirir un ETF que replique la evolución y el comportamiento del precio del oro. En este caso, el metal no se posee ni se almacena. Se trata, probablemente, de la alternativa más rápida para adquirir oro. Un ejemplo de inversión en oro a través de ETF lo constituye el iSHares Gold Trust.
    •  - Fondos de inversión: para invertir en oro utilizando fondos de inversión deben adquirirse participaciones de un fondo cuya cartera esté compuesta por compañías dedicadas a la extracción y producción del metal amarillo. El fondo Ninety One Global Strategy Fund - Global Gold Fund es un ejemplo de fondo de inversión en empresas relacionadas con el oro.
    •  - Certificados de oro: los certificados de oro son productos de inversión cotizados sin fecha de vencimiento que imitan la evolución del precio del oro, son, en realidad, documentos que prueban que un sujeto posee una cantidad determinada de oro sin que necesite conservar y custodiar el oro físico poseído.
    •  - Futuros de oro: los futuros de oro son contratos que otorgan el derecho a comprar o vender oro a un precio determinado en una fecha futura. El riesgo soportado al adquirir futuros es elevado, por ello, solo son recomendables para inversores experimentados, con tolerancia al riesgo y con capacidad para asumir pérdidas importantes.
    •  - CFDs de oro: los CFDs o (Contracts for Difference) Contratos por Diferencia de oro son productos derivados consistentes en un contrato por el que se establece que, en una fecha futura (cuando el contrato finalice), el vendedor pagará al comprador la diferencia existente entre el precio del oro cuando vence el contrato y el precio del metal cuando se formalizó dicho contrato. Si el precio al vencimiento del contrato fuese inferior al precio del oro cuando se formalizó el acuerdo, el comprador abonaría la diferencia al vendedor. Igual que ocurre con los futuros, son productos de riesgo elevado no aptos para inversores con escasa experiencia, aversión al riesgo o incapacidad para hacer frente a grandes pérdidas.

¿Cuánto oro debería contener mi cartera?

Determinar qué porcentaje de la cartera debería ser invertido en oro es una cuestión bastante personal a la que no se le puede dar una respuesta única y precisa, ya que es necesario considerar, al menos, el perfil y las circunstancias personales del inversor y la situación que atraviesa el mercado. No obstante, numerosos expertos, entre los que se encuentra Tomás Epeldegui, Director General de Degussa España, aconsejan destinar un 10% del patrimonio a la inversión en este metal precioso.

¿Cuándo debería adquirirlo?

Para conseguir la máxima rentabilidad posible al invertir en oro, es recomendable comprar el metal precioso cuando comiencen a detectarse las primeras señales de inflación y de depreciación de la moneda nacional (especialmente del dólar), señales tales como la caída de precios en los mercados de valores, el conflicto y la agitación política y la decisión de imprimir dinero por parte del Banco Central.

También en tiempos de crisis e incertidumbre económica, como se ha mencionado anteriormente, el oro actúa como un activo refugio, como un importante instrumento de cobertura. Todo lo contrario ocurre en las fases de auge del mercado: el valor del oro se reduce significativamente.

Otro momento apropiado para invertir en este material es el momento en el que se espera que aumente la demanda de oro en las industrias que utilizan el metal amarillo en su proceso productivo, por ejemplo, en el sector de la joyería o en la industria electrónica.

Es necesario, por tanto, anticiparse a la depreciación del billete verde, a la inflación, a las recesiones y crisis económicas y al crecimiento de la demanda en la industria, con el objetivo de comprar oro antes de que su valor comience a incrementarse.

Pero si identificar cuándo se devaluará la moneda o cuándo se incrementará la demanda resulta demasiado complejo, siempre podría ser útil aplicar una estrategia de compra y retención, adquiriendo oro cuando su precio haya caído y vendiéndolo cuando su cotización se haya disparado. Debido al carácter cíclico del precio del oro, a lo largo del ejercicio, el precio suele reducirse en mayo, junio y julio.

¿Dónde debería comprarlo y venderlo?

Si el inversor opta por invertir en oro adquiriendo productos financieros tales como fondos de inversión o futuros, puede utilizar brókers y plataformas electrónicas, acudir a un banco o contactar directamente con la gestora del fondo de inversión en el que esté interesado. Para llevar a cabo la venta, solamente deberá deshacer sus posiciones utilizando el mecanismo escogido en el proceso de compra.

Sin embargo, si el inversor prefiere comprar oro físico puede hacerlo a través de tiendas online (como Venta de oro CMC o Andorrano Joyería), de vendedores físicos (como Degussa Metales Preciosos) o de bancos (como Credit Suisse). La venta puede ser algo más complicada, sobre todo en el caso de monedas y de joyas, porque el dinero que se paga por ellas puede variar bastante según el lugar de venta. Existen casas de subastas especializadas y numerosas páginas web, entre las que se encuentran eBay y Catawiki, que ayudan al inversor a estimar el valor de sus monedas.

¿Y qué ocurre con los impuestos?

El oro de inversión está exento del Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA) en la Unión Europea, el inversor solo tributará a través del impuesto sobre la renta (IRPF) por las plusvalías obtenidas al vender el metal por un precio superior al precio al que lo adquirió. Si no realizase ninguna otra operación, no estaría obligado a declarar el oro que poseyese porque el oro de inversión no está sujeto a tributación.

Pero, ¿qué es el oro de inversión? La legislación vigente, Ley 37/1992, de 28 de diciembre, del Impuesto sobre el Valor Añadido, define qué se considera oro de inversión distinguiendo entre lingotes y monedas de oro:

  • Los lingotes considerados oro de inversión:
  • Las monedas consideradas oro de inversión:
    •  - Son de ley igual o superior a 900 milésimas.
    •  - Fueron acuñadas después del año 1800.
    •  - Son o han sido monedas en curso legal.
    •  - Se comercializan por un precio que no supera en un 80% el valor de mercado del oro contenido en ellas.

 

El oro se ha convertido en uno de los protagonistas de la crisis que sufren los mercados, alcanzando máximos históricos y superando por primera vez los 2.000 dólares por onza. Hasta el Oráculo de Omaha se ha decidido a apostar por el metal amarillo: Berkshire Hathaway, el conglomerado liderado por Warren Buffet, adquirió una participación de 564 millones de dólares en el segundo mayor grupo minero de oro del mundo, Barrick Gold.

Todo parece indicar que el oro jamás dejará de brillar, por ello, quizá, lo más sensato sea no perder nunca de vista su brillo. Para hacerlo, se han recogido una serie de artículos con información muy útil y valiosa:

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