Este año ha sido espectacular en los mercados. Eso es así. Subidas del 35% en el Nasdaq, de casi el 30% en el S&P 500, del 26% en la bolsa alemana... del 30% en Italia o cercanas al 40% en Rusia y China. Casi podría decirse que la española ha sido de las peores de la clase, con una subida del 13% para el Ibex 35 por ahora.

Si me hubieran preguntado hace un año, me habría parecido casi imposible, pero ahí están los números. 

Y, como cada año, llega el momento de sacar conclusiones como inversor para intentar aprender y mejorar en la gestión de mis inversiones. 
 

1. Podía haber sido mejor, pero la cautela (¿excesiva?) me lo impidió

Es curioso, habiendo tenido una rentabilidad total mejor y con la cartera en máximos, tengo la sensación de que 2019 ha sido un año mucho peor para mi que 2018. 

A estas alturas del año pasado, tenía la sensación de haber acertado de pleno, cuando a lo largo del segundo trimestre recorté el riesgo de la cartera. En concreto, llevé prácticamente a liquidez la parte que tengo a un plazo de 2-5 años, las inversiones que quiero tener a mano por si en algún momento necesito tirar de ellas. Y el nuevo ahorro que debería ir a este saco lo mantuve en cuenta corriente.

Como he mantenido esa parte de mi cartera así prácticamente todo el año, ahí no he disfrutado en absoluto de los días de vino y rosa de las acciones.  Sí lo he hecho la parte de muy largo plazo, que no toqué en 2018. Y también con el plan de inversiones mensuales automaticas que empecé a mitad de año, aunque ahí de momento hay muy poquito dinero.

En 2018, la decisión de ir reduciendo el riesgo en cartera la tomé por la sensación de que la rentabilidad esperada de los índices a largo plazo era muy limitada y no me pareció que con la caída de finales de año hubiera sido suficiente. Espere una caída adicional para ir reduciendo liquidez que no se produjo, porque la corrección se detuvo en los niveles donde se movían los mercados hace justo un año.

¿Una cautela excesiva? Esa es la sensación que tengo, para qué nos vamos a engañar. Esperaba un escenario mucho peor que no acabó de producirse, que hubiera dejado rentabilidades esperadas a largo plazo mucho más acorde a la media histórica en los índices. Esa sensación negativa lucha en mi interior con la positiva de haber vivido con total tranquilidad el aumento de la volatilidad de hace un año, sabiendo que no afectaría a las finanzas familiares. 


2. Riesgo de correr detrás de los precios en mercados así

Tengo claro que las emociones son nuestro peor enemigo como inversor, pero aún así cuesta dominarlas. Una nueva que he descubierto este año en mí y que realmente hasta ahora no había sentido es la de 'ay, que tenías que haber aprovechado las caídas tan gordas de final de 2018 para aumentar algo el riesgo...' 'ay, que a ver si no hay recesión y en realidad las rentabildades esperadas de los activos son mucho mayores...' 'ay, a ver si esta vez sí que va a ser diferente de verdad y el ciclo económico se prolonga varios años más...' 

Y, como en baloncesto cuando tienes la sensación de haber fallado un tiro fácil, corres el riesgo de cometer 'la falta de la frustración' segúndos después. Lo que en el terreno de las inversiones se llama aumentar de nuevo el riesgo más de lo que deberías y comprando aún más caro.

Es evidente que si estoy teniendo estas sensaciones es que mi método de inversión no está funcionando del todo bien y hay que retocarlo. Y en esas estamos.
 

3. Si el plan no está del todo definido, las emociones atacan más

Para evitar esas sensaciones y la toma de decisiones basada en emociones, para mí resulta indispensable tener un plan y ceñirme a él. En la parte de largo plazo, sí lo hago de este modo y creo que está funcionando. 

Antes de empezar a invertir, asumí que ese dinero podría tener unas fluctuaciones tremendas, que tendría caídas temporales espectaculares y que a lo largo del tiempo le afectarían recesiones económicas, problemas políticos de toda índole y otros muchos problemas inesperados.  Pero aún así, está contrastado que la inversión diversificada en renta variable ha sido el activo con mejor resultado a largo plazo. El precio a pagar es la volatilidad. 

Cuando llegan los baches, me recuerdo a mi mismo que esto formaba parte del plan y pa'lante, como los de Alicante.

El problema es que, con la cartera de medio plazo no tengo un plan tan definido. Lo muevo un poco más en función de cuánto riesgo creo que debo asumir en función de las rentabilidades esperadas de los mercados. Y de mi propia sensación personal. Y ya tengo claro que no es una buena fórmula, ni para los momentos de reducir riesgo ni, como os he contado antes, para volver a aumentarlo.

4.  Automatizar y 'enfocar', cuanto más mejor

Tengo que reflexionar la mejor forma de montar ese plan, pero hay una cosa de la que este año me he convencido por completo. Automatizar a saco. A mediados de año (y a raíz de los videotutoriales de gestores automatizados que realicé), puse en práctica algo que llevaba mucho tiempo escuchando pero que no terminaba de ejecutar: invertir todos los meses, de forma automática, con una orden de suspripción pre establecida. Bueno, en realidad, todavía no es automática del todo todísimo, por cuestiones circunstanciales, pero a partir de enero ya sí.

Además, lo voy a hacer 'creando' carteras enfocadas a objetivos concretos: una para la universidad de mis criaturas; otra para las comuniones y tal que vienen; otra para cuando empiecen a irse fuera en verano a aprender inglés; otra para poder aspirar a una casa un pelín más grande dentro de unos años; otra para un viajecito que queremos hacer a medio plazo... Y a cada una de estas carteritas le voy a poner el riesgo que realmente tiene para mí conseguirlo o no. 

Por ejemplo, la 'cartera' de la univerdad de mis hijos va a tener un riesgo muy bajito, pero la de las estadías en el extranjero para los idiomas... Pues chico, si no pueden irse a Dublin que se vayan a un pueblecito... O, a malas, que se vayan a Jávea :D  Por ejemplo, con el viaje también sería más flexible en 'riesgo'... Si al final tenemos que hacer un par de escalas en vez de vuelo directo... Pues qué se le va a hacer.

Tengo que desarrollar todavía bien este plan y lo haré en los próximos días, para intentar empezar ya 2020 con todo organizado y automatizado.

5. Por mucho que confíes en un gestor, hay que diversificar

Tengo la suerte de que me encantan las inversiones, que desde hace muchos años he podido entrevistar a muchos gestores y siempre me ha gustado invertir con quienes me transmitían confianza y me convencían con su filosofía. Lamentablemente, no puedo con todos, porque mi patrimonio es escasito, pero sí con algunos. Gracias a esto, no he tenido demasiados huevos en la misma cesta en ningún momento. Y además con el tiempo he ido añadiendo algo de gestión indexada.

Pero una lección evidente de este 2019 ha vuelto a ser, como ya ocurrió en 2018, que por muy convencidos que estemos del buen hacer de un gestor, hay que tener el dinero repartido entre varios. Todos pasan por rachas, mejores y peores. Y, en algunos casos, las malas se prolongan también un buen tiempo. Diversificando, probablemente evitemos vender cuando ese mal momento esté a punto de pasar, porque no tendremos tanto peso emocional encima de haber elegido el caballo perdedor. 


Bueno, y eso es todo. La verdad es que quería ser más breve con este post pero me he alargado, es lo que tienen las reflexiones. 

En general, pensándolo bien, estoy muy contento del sabor agridulce que me ha dejado 2019. Me ha ayudado a conocerce mejor, a ver que haber leído tanto del tema emocional no me vacuna contra las malas decisiones basadas en sentimientos y que necesito automatizar más, enfocando mi cartera a objetivos concretos y alcanzables, y apoyarme más en herramientas tecnológicas para mejorar la gestión de mis finanzas. 

¿Cómo lo véis vosotros?