Publicado en el blog Market Insights

Tras un comienzo de año excepcional, los mercados financieros se han tomado un respiro en julio y la mayoría de las clases de activos han tenido rentabilidades “apagadas”. La Reserva Federal bajó los tipos de interés en los Estados Unidos por primera vez en once años, y el Banco Central Europeo (BCE) dio fuertes señales de que un paquete de medidas está en camino.

La renta variable de los mercados desarrollados siguió su buena marcha con una rentabilidad del 1,2 % a lo largo del mes y mejores resultados que sus homólogos de los mercados emergentes. Las acciones de crecimiento superaron a las acciones de valor en más del 1 %. El S&P 500 obtuvo nuevos máximos históricos durante el mes de julio, cerrando el mes con un alza del 1,4 % y del 20 % en el año hasta la fecha. En el Reino Unido, el FTSE 100 subió un 2,2 % en julio, impulsado por una libra débil. Los índices de deuda pública global publicaron ganancias modestas, con la fortaleza de los bonos europeos contrarrestada parcialmente por la leve debilidad de los valores del Tesoro estadounidenses. La rentabilidad de los bonos del Reino Unido a 10 años repuntó en julio y cerró el mes 22 puntos básicos por debajo, en un 0,61 %. El dólar estadounidense fue el más beneficiado entre las principales divisas, y se revalorizó un 3,9 % frente a la libra británica y un 2,3 % frente al euro.

Los inversores tuvieron que esperar hasta el último día de julio para el plato fuerte, cuando la Reserva Federal redujo los tipos de interés estadounidenses un 0,25 %. La reacción inmediata del mercado dio a entender que algunos inversores habían estado esperando un mayor estímulo, y se sintieron decepcionados por la sugerencia de Jerome Powell, director de la Reserva Federal, de que el cambio en los tipos de interés no indicaba el comienzo de un «largo ciclo de reducciones». Sin embargo, desde nuestro punto de vista, una economía lenta pero no estancada, con una inflación nacional moderada, no justifica ahora mismo una acción más agresiva. Partes de la economía de los Estados Unidos han estado mostrando algunos signos de mejoría, el mercado laboral se ha recuperado de un junio especialmente débil y el crecimiento del PIB en el segundo trimestre ha sido del 2,1 % (trimestral anualizado), superando así las expectativas de los analistas. El sector industrial sigue siendo un punto débil, y los datos del índice de gestores de compras (PMI) de julio sugieren que esta parte de la economía estadounidense está en la antesala de dirigirse hacia la zona de recesión.

La temporada de los informes de beneficios en Estados Unidos está en pleno apogeo, y más del 60 % de las empresas del S&P 500 habían dado ya a conocer sus resultados a finales de julio. Parece que el crecimiento de los beneficios de las empresas estadounidenses en el segundo trimestre será de un solo dígito. De momento, aproximadamente tres cuartas partes de las compañías han obtenido ganancias superiores a lo previsto por los analistas, aunque esto se debe principalmente a la recompra de acciones y, en parte, refleja menores escollos tras el pesimismo de los analistas. Aunque creemos que las empresas todavía pueden conseguir un crecimiento de las ganancias positivo en los próximos trimestres, las previsiones generalizadas de crecimiento de las ganancias en Estados Unidos del 11 % para 2020 parecen demasiado altas ante la actual coyuntura. 

Con pocos cambios en las perspectivas de las relaciones comerciales entre EE. UU. y China durante este mes, los inversores se centraron más en la economía china en el mes de julio. Los datos de crecimiento del segundo trimestre destacaron la ralentización de China, pero los datos de las ventas minoristas y la producción industrial mostraron algunos signos de estabilización. No hay duda del empeño de Beijing por mantener la estabilidad de su economía, aunque los efectos de las políticas de estímulo podrían tardar en notarse.

La política del banco central parece dispuesta a favorecer a todos los activos durante la segunda mitad de este año, aunque esto podría ya reflejarse en los precios de mercado. Las perspectivas para la renta variable podrían mejorar si las medidas políticas impulsan una mejora en los datos económicos, pero el riesgo de pérdida aconseja ser prudente. En renta variable, es posible que los inversores deseen centrarse en compañías con balances financieros sólidos, ya que podrían estar menos expuestas a la desaceleración del crecimiento que otras similares con un apalancamiento más alto. A pesar de unos rendimientos históricamente bajos, consideramos que la deuda pública sigue jugando un papel importante en las carteras, dada su posibilidad de repuntar si la confianza se deteriora. Estrategias alternativas como los fondos de inversión libre macro globales y las infraestructuras básicas también pueden merecer ser considerados por los inversores que buscan un contrapeso para sus carteras en este momento del ciclo.

 

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