Las tensiones geopolíticas y la incertidumbre sobre la política monetaria han dominado los titulares últimamente, lo que ha provocado que vuelva la volatilidad a los mercados. Entre el 24 de julio y el 7 de agosto, el S&P 500 cayó un 4% y el índice VIX, un indicador comúnmente utilizado para medir la volatilidad, subió un 41%. Pero, ¿podría una volatilidad elevada ser algo bueno?
 


Nosotros pensamos que sí. La volatilidad ha estado cerca de mínimos históricos y los mercados llevaban más de 1.000 días sin una corrección del 10%. Los inversores se inquietaban acerca de la complacencia, mientras que otros evocaban la famosa expresión de Alan Greenspan, “exuberancia irracional”, a la hora de describir el escenario.

La reciente correción en los mercados es una señal bienvenida, que demuestra que los mercados no están trepando de forma distraída una pendiente que termina en un acantilado. Más bien al contrario.

Los inversores están tomando nota de lo que sucede en el mundo que les rodea y  reduciendo el riesgo de burbujas y de una asignación de activos equivocada típicamente asociada con la mayoría de los colapsos en los mercados.