Dentro de la desesperación en la que se mueven algunos dirigentes europeos, de vez en cuando salta el rumor de que China va a comprar determinada cantidad de deuda o que va a rescatar las economías europeas

La última vez fue la semana pasada, cuando desde Italia, en la previa de una subasta de deuda muy floja, en la que la demanda apenas superó la oferta a pesar de las altísimas rentabilidades, se soltó la 'información' de que el todopoderoso gigante asiático iba a echar una mano comprando bonos. 

Cualquiera sabe, pero la verdad es que China no se encuentra 'sobrada' para andar rescatando por ahí, por muchas reservas que tenga.

Su bolsa, por ejemplo, está casi peor que la nuestra. El índice CSI 300 cae más de un 50%, que se dice pronto, desde los máximos que tocó hace más de cuatro años. Hoy ha marcado nuevos mínimos en más de un año, desde julio de 2010 y está a punto de retroceder hasta niveles de principios de 2009.

 

Además, aunque sus cifras macroeconómicas son grandilocuentes, lo cierto es que la mayoría de los chinos siguen siendo pobres. El PIB per capita anda por el puesto 100 del mundo, más o menos... España o Italia andan por el 25, más o menos.

Por no hablar de los problemas internos que tiene la economía china derivados de su gigantismo, que hoy por ejemplo ha llevado al primer ministro, Wen Jiabao, a anunciar que tomará nuevas medidas para controlar la inflación. El mismo Jiabao el otro día también reclamó mayor rigor a Europa en el control de sus deficit... ¿No tiene guasa que diga esto el líder de una economía con tipo de cambio de su moneda controlado por el Gobierno?

Más allá de todo esto, como comentaba el otro día Juan Ramón Caridad en un artículo en El Economista, se encuentra el "precio" que costaría la hipotética salvación a Europa, ya que, como decía, no se trata precisamente de una ONG.

Más nos vale poner la casa en orden, pero precisamente para no depender de la 'ayuda', así lo llaman, china.