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El dilema del inversor: ¿necesitan los fondos sostenibles una desintoxicación digital?

El dilema del inversor: ¿necesitan los fondos sostenibles una desintoxicación digital?

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Katherine Davidson, gestora de carteras de renta variable global e internacional

Se culpa a las empresas tecnológicas de problemas que van desde los elevados índices de depresión entre los jóvenes hasta el aumento de ideas extremistas. La gestora de fondos Katherine Davidson considera que una desintoxicación digital debería estar sobre la mesa.

¿Por qué las carteras sostenibles necesitan un detox digital? Vemos dos problemas principales: la adicción y la polarización.

1. El opio de las masas: la adicción

Las plataformas aumentan su valor para los anunciantes maximizando la participación de los usuarios: cuanto más tiempo pases en sus sitios webs, más anuncios podrán colocar. Y cuanto más sepan de ti, más podrán afinar su segmentación y más ganarán.

Como explican los expertos, los servicios se han diseñado para crear un "bucle de retroalimentación impulsado por la dopamina". La dopamina, la sustancia química que hace sentirse bien y que está relacionada con el comportamiento adictivo, se libera a través de las interacciones sociales positivas y la aprobación de nuestros compañeros. 
Muchos de nosotros somos literalmente adictos a nuestra tecnología. Un estudio realizado en EE.UU. sugiere que una persona media coge su teléfono más de 2.600 veces al día. Esta ‘adicción’ afecta a la calidad de nuestro sueño e incluso se ha relacionado con un mayor riesgo de accidentes de tráfico. La presión por la aprobación social y los ejemplos irreales que se muestran en las redes sociales también se han atribuido al aumento de la incidencia de la depresión, los trastornos alimentarios y el suicidio, especialmente entre los jóvenes.

2. Reglas de juego: la polarización

El nivel de interacción será mayor si la plataforma te ofrece contenidos que te resulten atractivos: puede tratarse de cosas en las que hayas mostrado interés previamente o contenidos que sean interesantes para"gente como tú".
Todos tendemos a buscar fuentes y compañías que reafirmen opiniones que ya tenemos. Las personas de diferentes convicciones políticas compran diferentes periódicos o ven diferentes canales de televisión, donde los columnistas y presentadores representan sus puntos de vista. La tecnología ha llevado esto a la enésima potencia. Esto es importante para la sociedad.

Hay numerosos estudios que sugieren que la polarización política se ha intensificado desde los años 90, especialmente en Estados Unidos.

Las redes sociales no son la única razón, pero es posible que contribuyan de forma significativa a esta polarización. Se podría decir que las empresas tecnológicas pueden ser culpables de la incitación al odio e incluso de la violencia política, pero en nuestra opinión creemos que esta visión es demasiado simplista. Las complejidades de las divisionesgeopolíticas y sociales no pueden atribuirse a un solo factor.

Pero lo que sí es cierto es que las redes sociales han proporcionado una plataforma para contenidos perjudiciales y han permitido, y potencialmente fomentado, su difusión más allá y de forma más amplia de lo que era posible anteriormente.
¿Pueden las empresas tecnológicas seguir siendo una fuente positiva?

Las empresas tecnológicas han desempeñado un importante papel en la deflación de los precios de los bienes de consumo, promoviendo la innovación y reduciendo las barreras de entrada para las pequeñas empresas.
En los últimos años, las grandes empresas tecnológicas también han liderado las reglas medioambientales y la reducción de emisiones.

En este sentido, vemos dos vías importantes para mitigar el impacto negativo de la tecnología: la regulación y la educación.
En cuanto a la regulación, el entorno es cada vez más hostil. Europa ya ha tomado medidas graduales para reducir los poderes de las grandes empresas tecnológicas y el cambio de administración en EE.UU. podría dar paso a una mayor actividad reguladora. El reto para los reguladores es que se trata de modelos de negocio muy difíciles de regular. Pero hemos llegado a un punto en el que hay que hacer algo, aunque sea imperfecto.

Esta responsabilidad podría consagrarse por derecho

Se corre el riesgo de socavar el modelo de negocio ligero en capital y altamente escalable que hace que la tecnología sea tan atractiva para los inversores. Estos negocios son cada vez más intensivos en mano de obra, no sólo por el número de trabajadores que necesitan (Facebook ya tiene más de 15.000 empleados en Estados Unidos), sino por los salarios necesarios para atraer a personas que ejerzan como moderadores de contenidos.

En nuestra opinión, la educación es aún más importante. El mejor enfoque es probablemente el mismo que empleamos con otras fuentes de daño potencial como las drogas y la bebida: hablar abierta y honestamente sobre los riesgos que conllevan. Incluso hay argumentos para incluir la "higiene en Internet" en el programa escolar. Cuanto mejor comprendamos todos, y especialmente los jóvenes, las técnicas que utilizan las plataformas, más podremos protegernos.

¿Necesitan los fondos sostenibles una desintoxicación digital?

El documental de Netflix The Social Dilemma presenta a las empresas tecnológicas como villanos que destruyen el tejido social. 

Esto resulta convincente, pero la realidad tiene más matices. Estamos de acuerdo en que los efectos psicológicos de las redes sociales pueden ser perjudiciales, con modelos de negocio que se alimentan de la adicción y la polarización.
Pero esto no significa que las empresas tecnológicas -y sus productos- sean todas tóxicas. Como muchas cosas, las redes sociales pueden ser beneficiosas y agradables si se consumen con moderación.

Sin duda, se podría hacer más en términos de regulación y educación, pero no podemos confiar sólo en las soluciones que nos vienen dadas “desde arriba” (top-down solutions). A fin de cuentas, los inversores sostenibles tienen un papel que desempeñar a la hora de exigir responsabilidades a estas empresas y fomentar un cambio positivo cuando sea posible.

Una desintoxicación digital es demasiado extrema y poco realista. Pero una revisión digital periódica podría ser el justo medio.
Las referencias a las empresas son sólo ilustrativas y no constituyen una recomendación de compra o venta, ni una opinión sobre el valor de las acciones de la empresa.

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