Vuelvo a mi faceta de “traductor” de obras cumbre de la literatura sobre finanzas (debido al aburrimiento que me provoca este mercado que me ha dejado en parte fuera), que es la que prefiere xiscom. El libro sobre el que versa el presente artículo lo leí hace dos años con bastante desgana. Como admirador acérrimo de Buffett me era muy difícil sentir atracción por la figura de Soros. La verdad es que no pueden ser dos individuos más distintos. Mientras que el primero está especialmente dotado para prosperar en el sistema capitalista debido a factores de Oportunidad y Legado, el segundo basa su éxito inversor en un modelo conceptual de invención propia (con el que fracasó a la hora de formularlo a un nivel abstracto) que le ayuda a predecir el comportamiento de los precios. Mientras que la prosa de Buffett es a la literatura lo que una pieza de Mozart a la música, el estilo de Soros es el de un filósofo, que ha de leerse levantando frecuentemente la vista del texto para reflexionar sobre lo leído. Mientras que el Oráculo es un prodigio de erudición técnica en cualquier ámbito de las finanzas, Soros reconoce su falta de formación como analista financiero y su dificultad con las matemáticas. Mientras que el primero se sirve de la figura de Mr. Market para hacer grandes apuestas únicamente en momentos en que el sentimiento sobre un activo es extremo, el segundo se sirve de los procesos que la tendencia desata para montarse en la ola.

Otra gran diferencia entre Buffett y Soros, es que el primero (o más bien sus seguidores, más papistas que el papa) cuenta con el tiempo y la paciencia como corrector de desequilibrios en los precios de los activos mientras que el segundo, dado su estilo de inversión, es capaz de decir en dos días si sus apuestas están en lo correcto o no. Tenemos pues los valores puritanos del aplazamiento de la recompensa a un lado frente al hedonismo del estímulo inmediato por otro.

Sobre el estilo de Soros, él mismo comenta en Soros on Soros:

“Yes. It is rather unusual, because we use leverage. We position the fund to take advantage of larger trends –we call this macroinvesting- and then, within those larger trends we also pick stocks and stock groups. So we operate on many different levels. I think it is easier if you think of a normal portfolio as something flat or two-dimensional, as it name implies. Our portfolio is more like a building. It has structure; it has leverage. Using our equity capital as the base, we construct a three-dimensional structure that is supported by the collateral value of the underlying securities. Let’s say we use our money to buy stocks. We pay 50 percent in cash and we borrow the other 50 percent. Against bonds we can borrow a lot more. For $1000 we can buy $50,000 dollars worth of long term bonds. We may also sell stocks or bonds short: we borrow the securities and sell them without owning them in the hope of buying them back later cheaper. Or we take positions –long or short- in currencies or index futures. The various positions reinforce each other to create this three-dimensional structure of risks and profit opportunities. Usually two days –one up day and one down day- are sufficient to tell us how the fund is positioned”      

En mi opinión lo que hace Soros es mucho más difícil ya que para funcionar necesita de una comprensión certera de la situación macro, mientras que Buffett se protege de su propia ignorancia centrándose únicamente en inversiones que están dentro de su círculo de competencia. El modelo de Buffett es replicable y su difusión está limitada por “ alguna perversa característica humana” y quizás Soros es como el Casanova que nos cuenta Talleb en “El Cisne Negro” y ha llegado a donde ha llegado sin arruinarse por pura suerte.    En conclusión,   si de dos superhéroes se tratara, los poderes de Soros molan más.

LA TEORÍA DE LA REFLEXIVIDAD

La mayor aportación del libro es la enunciación de la Teoría de la Reflexividad. Según esta teoría, el equilibrio en los mercados no existe. Parte de que los mercados son siempre sesgados y pueden influenciar los eventos que anticipan. Según esto, el precio de los activos es función de la tendencia subyacente y del sesgo prevalente (que a su vez está influido por el precio de los activos). Cuando el precio de los activos afecta a los fundamentales se inicia un proceso reflexivo, cuando no es así podemos dar por   válida la hipótesis del mercado eficiente.

Un ejemplo de proceso reflexivo podría ser el de la bolsa americana, la Fed intenta una reflotación del precio de las acciones que provoca un aumento del efecto riqueza, que incrementa el consumo, lo que hace que los fundamentales de las empresas mejoren y así sigan subiendo el precio de las acciones y se perpetúe el círculo virtuoso.

El alza de un proceso reflexivo (más vulnerable cuanto más lejos de su inicio se encuentra) suele culminar con un proceso a la baja mucho más rápido y destructivo, como los ocurridos al final de cada ciclo expansivo del crédito (siendo el ciclo crediticio-regulatorio otra de las entradas a tener en cuenta para aplicar la teoría de la reflexividad): descenso del precio de los activos hipotecados como garantía de los préstamos, que activa covenants, que incita a ventas forzadas, que deprimen aun más el precio de dichos activos.

La reflexividad es, en mi humilde opinión, la síntesis del Keynesianismo y la Escuela Austriaca en lo que explicación de los mercados se refiere. Todo un logro del pensamiento filosófico aplicado a las finanzas y un modelo conceptual que no debe faltar en el arsenal analítico de cualquier inversor que se precie.

CONTINUARÁ

P.D.: McCoy se une al club gasístico. Recordad, lo vísteis primero en este miniblog.