La industria textil que, produce cerca de 100 millones de toneladas de fibras cada año, tiene enormes consecuencias para el medio ambiente y el cambio climático. El motivo es que al fomentar su crecimiento, se producen aproximadamente 1.200 millones de toneladas de CO2 equivalente por año. Sin embargo, los consumidores se están dando cuenta de este hecho y están modificando sus hábitos de compra. 

Por supuesto, esto tiene consecuencia tanto para la industria como para los inversores. Veámoslo en cifras:

- El 66% de los consumidores dice que está dispuesto a pagar más por bienes sostenibles, en comparación con el 55% en 2014 y el 50% en 2013, según los datos de Nielsen.

- Los Millennials siguen estando más dispuestos a pagar extra por las ofertas sostenibles: casi tres de cada cuatro encuestados en los últimos hallazgos, un aumento de aproximadamente la mitad en 2014.

- En los mercados emergentes, se ha encontrado que más del 65% de los consumidores emergentes buscan activamente la moda sostenible.

¿Qué pasa con los textiles?

Incluso si nos centramos solo en las emisiones de carbono y el consumo de agua, la producción textil es una de las industrias más contaminantes a nivel mundial.

- Carbón

La industria textil produce más carbono que los vuelos internacionales y el transporte marítimo. La producción de 1 tonelada de textiles genera 17 toneladas de CO2 equivalente, en comparación con las 3,5 toneladas de plástico y menos de 1 tonelada de papel.

Más del 60% de los textiles se utilizan en la industria de la ropa, y una gran parte de la fabricación de prendas de vestir se produce en China e India, países que dependen de centrales eléctricas alimentadas con carbón. Esto aumenta la huella de carbono de cada prenda.

Por otro lado, los materiales producidos también tienen un efecto notable en las emisiones de la fabricación. Se estima que una sola camiseta de poliéster tiene emisiones de 5,5 kg CO2, en comparación con 2,1 kg CO2 para una hecha de algodón.

Por tanto, si la industria continúa en su trayectoria actual, para 2050, podría utilizar más del 26% de carbono "permitido" por el Acuerdo de París para mantener los aumentos de temperatura global hasta el objetivo de 2°C.

- Agua

La producción de textiles (incluido el cultivo de algodón) utiliza alrededor de 93 mil millones de metros cúbicos de agua al año, lo que representa el 4% de la extracción mundial de agua dulce. El algodón, aunque es menos intensivo en carbono que el poliéster, es la fibra que más agua necesita para producirse.

No obstante, más allá de la producción, lavar la ropa en lavadora necesita unos 20 mil millones de metros cúbicos de agua por año a nivel mundial. 

Todo ello provoca una situación incongruente, ya que muchos de los principales países productores de algodón están bajo un alto nivel de estrés hídrico, incluidos China, India, Estados Unidos, Pakistán y Turquía. En China, entre el 80% y el 90% del tejido, el hilo y las fibras de plástico se fabrican en regiones con escasez de agua o con estrés hídrico.

Además, se reconoce que la producción textil genera grandes volúmenes de agua que contiene sustancias químicas peligrosas para el medio ambiente. A modo de ejemplo, el Banco Mundial estima que el 20% de la contaminación industrial del agua a nivel mundial es atribuible al teñido y al tratamiento de textiles.

¿Cuáles son las soluciones?

Hay varias formas en que la industria textil puede abordar estos problemas. Los productores de fibra que tienen fuentes sostenibles (es decir, que tienen fuentes certificadas y controladas), cuentan consistemas de "ciclo cerrado" que evitan el desperdicio y tienen un procesamiento sostenible de biomasa (que idealmente funcionan con fuentes de energía renovables), disponen de las mejores huellas de carbono. Estas “bio refinerías” generan celulosa, productos químicos de base biológica y energía.

También se está innovando en la forma en que se tiñen los textiles para ahorrar agua, productos químicos y energía. La impresión digital es un ejemplo.

Por otro lado, uno de los cambios más efectivos podría ser promover el uso de fibra “celulósica” a base de madera. Las fibras sintéticas se usan más que las fibras naturales, y entre estas, el algodón es la que tiene más presencia. El algodón y el poliéster dominan el mercado de la fibra y representan el 85% de toda la fibra utilizada en la ropa. La producción de algodón es muy intensiva en agua y pesticidas, mientras que el poliéster y el nailon tienen una huella de carbono muy pobre. Los sintéticos tampoco son biodegradables.

El modal absorbe un 50% más de agua por unidad de volumen que el algodón y consume menos agua en la producción. También es resistente a la contracción, mantiene el color cuando se lava con agua tibia, es transpirable y suave al tacto. La fibra modal es un nombre genérico que se utiliza para hablar de viscosa / rayón y comprende el 90% de todas las fibras celulósicas. Se produce de acuerdo con un proceso de viscosa modificado y tiene mejores propiedades textiles, por lo que es una fibra genérica separada.

El Lyocell es una fibra hecha del polímero natural celulosa que se encuentra en la madera. Es 100% biodegradable, y una subcategoría de rayón. Se fabrica en un proceso de circuito cerrado, lo que significa que el agua y los disolventes no tóxicos se reutilizan.

Las fibras celulósicas como el lyocell y el modal consumen mucha menos energía que las fibras sintéticas y, en consecuencia, producen menos emisiones de carbono que las principales alternativas en el mercado. Tampoco tienen los problemas de extracción de agua que posee el algodón.

Utilizar este tipo de fibras podría limitar el impacto climático derivado del ciclo de vida de los textiles y la ropa. La mayoría de las emisiones de ciclo de vida de la ropa provienen de la fase de "uso". Siideamos un escenario el el que una camiseta de algodón tiene 50 usos y analizamos la cantidad de emisiones en cada fase del ciclo de vida, vemos que la fase de “uso” de la ropa es la actividad que más emisiones genera.

Se estima que el lavado y secado de ropa solo representa 120 millones de toneladas de CO2 equivalente. Los productos de secado rápido, capaces de mejorar la eficiencia del aparato a través del lavado a baja temperatura, podrían ofrecer una mejora importante en las emisiones asociadas con las fibras existentes.

Por otro lado, los electrodomésticos también se están volviendo más eficientes, lo que ayudará a reducir las emisiones de carbono.

Finalmente, el hecho que la fase de “uso” de la ropa sea determinante a la hora de definir el impacto que tiene esta industria en el cambio climático quiere decir que, en el momento en el que consigamos extender la vida útil de estos productos, podremos lograr un fuerte ahorro de emisiones de carbono. ¿Cómo hacerlo? Por ejemplo reciclando poliéster o algodón usado reconvirtiéndolo en nuevas fibras ya que este proceso genera muchas menos emisiones que hacer la fibra desde cero.

¿Lo que se está haciendo?

Los textiles son una industria que contribuye cerca del 10% a las emisiones globales de carbono. Vemos un potencial considerable para reducir esto al concentrarnos en las fibras celulósicas, utilizar la impresión digital y mejorar la conservación de los recursos, así como también centrarnos más en el reciclaje y las emisiones en uso.

El cambio, alentador, parece más probable ahora que nunca. También hay un creciente impulso en China, que desde hace un tiempo se ha centrado en la construcción de una cadena de suministro más ecológica dentro de las industrias de la moda y textiles. En enero, el Consejo Nacional de Textiles y Ropa de China reveló ambiciones nacionales para forjar una nueva imagen bajo tres nuevas etiquetas "Tecnología, Moda y Verde" y mencionó específicamente su intención de reforzar el control sobre los problemas ambientales.

¿Cómo me afecta como inversor?

Como inversores podemos ser parte de la solución si apoyamos a las empresas que pueden ayudarnos a avanzar en la dirección correcta para mitigar los efectos derivados del cambio climático.

Para ello, es importante analizar cómo cambiará esta industrias y evaluar qué supondrán estos cambios para el valor de las diferentes empresas con el fin de identificar qué compañías están bien posicionadas para afrontar estos desafíos y cuáles son. Así,  veremos que hay algunas empresas que no están pensando en invertir a cinco o diez años vista para operar de manera sostenible, para desarrollar la tecnología que sus clientes van a demandar, etc. Estas empresas con una visión cortoplacista verán cómo el tamaño de su negocio comienza a reducirse.

En Schroders hace más de 10 años que lanzamos el Schroder ISF* Global Climate Change, un fondo que se centra en empresas que creemos que están bien posicionadas para afrontar o aprovechar el cambio climático y el profundo impacto que probablemente tendrá en la economía local. Así, el fondo pretende hacer crecer el capital invirtiendo en aquellas empresas que reconocen las amenazas y aceptan los retos del cambio climático tempranamente, o aquellas que forman parte de la solución a los problemas relacionados con el cambio climático. Porque estamos convencidos de que estas compañías se beneficiarán en última instancia del crecimiento estructural a largo plazo que el mercado está infravalorando. 

El Global Climate Change invierte en múltiples sectores globalmente y ha gozado de una rentabilidad del 5%** anualizada en los últimos 5 años. Por lo que, aunque debemos tener en cuenta que el capital no está garantizado y que las rentabilidades registradas en el pasado no son un indicador fiable de los resultados futuros, el Global Climate Change es un buen ejemplo de que hacer las cosas bien no tiene por qué estar reñido con ser rentable.

*Schroder Investment Fund se denomina Schroder ISF en este documento

**Fuente: Schroders, a 28 de febrero de 2019 para la clase C Acc en USD.

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