4 ETFs que pueden beneficiarse si el bono a 30 años EEUU se calma y baja del 5%

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El bono de Estados Unidos a 30 años cerró julio en el 5,27%, tras haber tocado el 5,28%, su nivel más alto desde 2007. El pasado 13 de agosto, el Tesoro colocó 25.000 millones de dólares en deuda a ese plazo con una rentabilidad del 5,216%: la mayor en una subasta de 30 años desde 2001.  La deuda total del Gobierno estadounidense ha rebasado los 40 billones de dólares, más del doble que hace una década. En los últimos días el bono a más largo plazo de EEUU ha llegado a tocar el 5,33%, para quedarse ahora en torno al 5,18%.

Para quien tenía deuda estadounidense de largo plazo en cartera, esa cifra ha sido un castigo. Precio y rentabilidad se mueven en sentido contrario, así que cada subida del rendimiento se ha traducido en pérdidas para los ETFs que replican ese tramo de la curva. Han roto bastantes carteras conservadoras por el camino.

Y ahí está la vuelta de tuerca: los productos que más han sufrido con el 5% son exactamente los que más pueden ganar si ese 5% acaba siendo el techo. Cuanta más duración tiene un fondo, más pierde cuando los tipos suben, pero también más gana cuando bajan. El mercado lleva meses discutiendo si el bono largo estadounidense está en un punto de agotamiento o si todavía le queda camino por encima de ese 5%.

Qué pasa con la deuda de EEUU

La señal de alarma llegó el miércoles pasado. Con los rendimientos en máximos de casi dos décadas, el Departamento del Tesoro anunció que duplicaba el tamaño máximo de sus operaciones de recompra de deuda a largo plazo, pasando de 2.000 a al menos 4.000 millones de dólares por operación. Al ritmo actual, según el informe de Robeco, esas compras podrían sumar unos 66.000 millones de dólares anuales, en torno al 15% de la oferta bruta de bonos estadounidenses a 20 y 30 años.

"El aumento de los niveles de deuda soberana, el fuerte incremento de las emisiones de bonos corporativos relacionadas con la IA y la persistente preocupación por la inflación vinculada a los costes energéticos" explican el movimiento en el tramo largo, señalan Marc Seidner, CIO de Estrategias No Tradicionales de PIMCO, y Pramol Dhawan, jefe de Mercados Emergentes de la gestora, en un análisis publicado esta semana. Más allá de recompras varias, su conclusión sobre lo que puede frenar el ascenso es incómoda: "La reducción del déficit es el único ancla duradera para las rentabilidades del tramo largo".

Con el déficit del año fiscal 2026 ya en 1,8 billones de dólares a falta de dos meses para cerrarlo, esa ancla no parece cercana. El detalle que explica la tensión está en la pendiente de la curva. El bono a 2 años ronda el 4,20%, el de 10 años el 4,65% y el de 30 supera el 5,18%. Esa diferencia no habla solo de expectativas de tipos oficiales: habla de la prima que exigen los inversores por prestar dinero durante tres décadas a un Gobierno con inflación pegajosa y déficits persistentes.

"Salvo que se produzca una desaceleración económica inesperada, esperamos que esta mayor prima por plazo persista", avisan desde PIMCO. Traducido: la pendiente de la curva se queda, y con ella la ventaja relativa del tramo corto.

Warren Hyland, gestor de carteras de Muzinich & Co., lo pone en una imagen que se entiende sola: "Intentar poner techo a las rentabilidades en el entorno actual es como tratar de subir por una escalera mecánica que baja". Su lectura del atasco: "Entre la oferta soberana y la corporativa, está llegando al mercado un volumen muy elevado de duración en un momento en el que este ya tiene dificultades para absorberla". Y su pregunta incómoda para Washington: "Cabe preguntarse por qué Estados Unidos mantiene un déficit del 6% en una economía en situación de pleno empleo".

Los mercados, eso sí, no están señalando una crisis de solvencia. El coste de asegurarse frente a un impago estadounidense mediante credit default swaps ha vuelto a caer hasta el entorno de los 38 puntos básicos. "Cuarenta billones de dólares de deuda no representan por sí mismos un punto de inflexión macroeconómico", matiza Christian Scherrmann, economista jefe para Estados Unidos de DWS. Lo que sí está cambiando es el precio de financiar esa deuda, y ese precio es el que cobra quien compra bonos hoy.

Pero...¿y si todo amaina? ETFs que pueden beneficiarse

La duración mide cuánto se mueve el precio de un bono (o de una cesta de bonos) cuando cambian los tipos de interés. Una regla aproximada: un fondo con duración 16 pierde en torno a un 16% si los rendimientos suben un punto porcentual, y gana algo similar si bajan un punto.

Para el inversor que llevaba años esperando que la renta fija volviese a pagar, el movimiento tiene dos caras. Los fondos y ETFs con más duración han roto muchas carteras en lo que va de 2026, porque cuando la rentabilidad sube el precio del bono baja y en el tramo largo esa relación es brutal.

FINECT · DATOS MORNINGSTAR, AGOSTO 2026

A más duración, más daño acumulado: rentabilidad anualizada a 5 años

Rentabilidad media anual a 5 años de cada ETF, en la divisa de la clase indicada. Fuente: Finect con datos de Morningstar.

Pero ese mismo elemento convierte a estos ETFs en un instrumento direccional que puede aprovecharse de que este repunte en los bonos a largo plazo se calme. Eso sí, una advertencia: no son el refugio tranquilo que muchos inversores asociaban a la deuda pública estadounidense. El daño acumulado es medible: los productos de mayor duración de la categoría acumulan pérdidas anualizadas cercanas al 8% a cinco años, por lo que si los rendimientos continúan subiendo, puede haber más dolor acumulado.

A continuación repasamos cuatro ETFs cotizados en Europa que dan exposición a ese tramo largo de la deuda estadounidense, ordenados de menor a mayor sensibilidad a los tipos. Conviene recordar que rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras y que, en este caso concreto, una alta sensibilidad funciona en las dos direcciones: lo que amplifica las ganancias si los tipos ceden, amplifica también las pérdidas si seguimos viendo récords y subidas al alza en esos rendimientos.

4. Invesco US Treasury Bond 7-10 Year UCITS ETF

El menos agresivo de la lista. Replica el Bloomberg US Treasury 7-10 Yr, un tramo intermedio de la curva con una duración efectiva en torno a 7 años. Es la vía para quien quiere exposición a una eventual bajada de rendimientos sin comprar el tramo más volátil.

Esa moderación se nota en los números. En 2026 pierde (esta clase) un -0,36%, y a cinco años acumula un -1,33% anualizado, muy lejos del castigo que han recibido los fondos de mayor plazo. Su nivel de riesgo es de 3 sobre 7, el más bajo del grupo.

En tamaño es de los grandes: el fondo maneja 2.334,5 millones de euros, de los que 1.273,8 millones corresponden a esta clase en dólares con reparto de dividendos. Los gastos corrientes se sitúan en el 0,060%.

3. State Street SPDR Bloomberg 10+ Year U.S. Treasury Bond UCITS ETF

Aquí ya entramos en terreno de duración más larga. Sigue el Bloomberg US Treasury 10+ Yr, que agrupa toda la deuda estadounidense con vencimiento superior a diez años, incluidos los bonos a 30 que están en el centro del debate.

Es también el más barato del grupo, con unos gastos corrientes del 0,050%. Su rentabilidad en 2026 es del -1,99% y a cinco años arrastra un -6,79% anualizado, con un nivel de riesgo de 5 sobre 7.

Con 114,3 millones de euros de patrimonio, es con diferencia el más pequeño de esta selección. Cotiza desde febrero de 2016 y reparte dividendos, al menos en esta clase analizada.

2. Amundi US Treasury Bond Long Dated UCITS ETF

Mismo tramo de curva que el anterior, con el índice Bloomberg US Long Treasury Index como índice de referencia, que está compuesto por bonos del Tesoro estadounidense con vencimientos restantes superiores a 10 años. En formato de acumulación: los cupones se reinvierten dentro del fondo en lugar de repartirse.

Los números son casi calcados a los del SPDR, algo esperable en dos productos que replican prácticamente el mismo universo de bonos: -2,65% en 2026 y -7,15% anualizado a cinco años. El riesgo también es de 5 sobre 7 y los gastos corrientes, del 0,060%.

En patrimonio se sitúa en un punto intermedio, con 446,3 millones de euros en el conjunto del fondo y 78,9 millones en esta clase concreta. Está gestionado por Amundi desde julio de 2021. Sus mayores posiciones en cartera ya son bonos de EEUU al 5%.

1. iShares $ Treasury Bond 20+yr UCITS ETF

El más puro de todos y, por tanto, el más expuesto. Replica el ICE U.S. Treasury 20+ Year Bond, es decir, solo bonos con más de veinte años por delante. Es el producto que mejor recoge lo que pase con esa cifra del 5% y el que aparece de forma recurrente cuando el mercado apuesta por un giro en los tipos largos.

También es el que peor lo ha pasado entre los denominados en dólares: -2,75% en 2026 y -8,17% anualizado a cinco años, en la clase analizada de acumulación y dólares. Nivel de riesgo, 5 sobre 7. Ese historial es precisamente el reverso de su potencial: la misma sensibilidad que ha provocado esas pérdidas es la que amplificaría las ganancias en un escenario de caída de rendimientos.

En volumen no tiene rival dentro de esta lista. El fondo gestiona 4.847,9 millones de euros y esta clase concentra 2.389,0 millones. Los gastos corrientes son del 0,070% y está gestionado por BlackRock.

La divisa también juega

Todos los productos anteriores están denominados en dólares. Para un inversor en euros eso añade una segunda apuesta encima de la de tipos: si el dólar se debilita, puede comerse buena parte de lo que gane el bono.

La alternativa es la clase con la divisa cubierta. El iShares $ Treasury Bond 20+yr UCITS ETF EUR Hedged replica exactamente el mismo índice, pero neutraliza el movimiento del tipo de cambio a costa de asumir el diferencial de tipos entre Estados Unidos y la eurozona, que hoy juega en contra. El coste de esa cobertura juega eso sí mucho a largo plazo en este tipo de ETFs cubiertos por divisa y pueden mermar su rentabilidad.

Qué tendría que pasar para que la apuesta funcione

La condición es sencilla de enunciar y difícil de anticipar: que estos niveles por encima del 5% actual sea el máximo del ciclo. Para eso hace falta que la inflación estadounidense se modere, que la Reserva Federal deje de coquetear con la idea de volver a subir tipos y que el mercado recupere apetito por financiar déficits a treinta años.

De momento, el escenario apunta en otra dirección. El consenso ha borrado las bajadas de tipos previstas para 2026 y varias casas de análisis señalan el 5,50% como el siguiente nivel de referencia si la inflación se mantiene firme. La reacción del mercado a la intervención del Tesoro, con las ganancias evaporadas en una sesión, apunta en el mismo sentido.

Si se cruza por ejemplo el posicionamiento de Julius Baer con la lista anterior, el producto que encaja con la preferencia de estos analistas sería más ese Invesco US Treasury Bond 7-10 Year, el que abría la clasificación por ser el menos sensible. El ETF más aburrido de los cuatro, el que menos se juega con el 5%, es justo el que las gestoras están dispuestas a tener en cartera.

Advertencia: las gestoras no están comprando el tramo largo

Aquí llega el contrapunto incómodo para quien vea en estos ETFs una oportunidad evidente: las casas de análisis que han valorado la intervención del Tesoro coinciden en no ir al extremo de la curva.

Robeco considera que un Tesoro activo puede influir en los rendimientos a corto plazo, pero que sus acciones no atacan la causa de fondo. La aritmética que maneja es contundente: un déficit estimado en el 6,3% del PIB en 2026 con una economía y un mercado laboral relativamente fuertes, y una deuda pública que acaba de superar los 40 billones de dólares, el 123% del PIB. Su conclusión de cartera es explícita: "Mantenemos cautela con los bonos gubernamentales a más largo plazo", señala la gestora en su informe, donde detalla posiciones de steepener en gilts británicos y deuda alemana.

Desde Julius Baer, Dario Messi, director de Análisis de Renta Fija, y Afonso Borges, analista de Renta Fija, leen el anuncio como una señal de que el Tesoro está incómodo con el coste de financiación y podría recortar antes de lo previsto la emisión a plazos largos. Aun así, su posicionamiento no cambia: "Esto no es un detonante para añadir vencimientos muy largos", escriben. Su preferencia sigue estando en el tramo de 5 a 10 años, y preferiblemente en deuda corporativa de alta calidad.

"Seguimos viendo valor en el extremo corto de la curva de los bonos del Tesoro de EEU., por ejemplo, en los vencimientos de entre 2 y 5 años, que ofrecen tanto un carry positivo como una posible revalorización del precio en caso de que la Fed mantenga los tipos estables durante el resto del año", explica Joseph Purtell, gestor de Neuberger. La ventaja es evidente: se cobra un cupón parecido sin exponerse a la duración que ha destrozado a los ETFs anteriores.

¿Y ETFs de deuda pública de EEUU de menos duración?

A modo de ejemplo, entre los fondos a menos duración hay productos de deuda pública estadounidense ultracorta que llevan 2026 en positivo mientras el tramo largo pierde. El Vanguard U.S. Treasury 0-1 Year Bond UCITS ETF gana un 2,90% con unos gastos del 0,050%; el State Street SPDR Bloomberg 1-3 Month T-Bill UCITS ETF, que compra directamente letras a tres meses, se anota un 2,98% con el mismo coste. El caso más ilustrativo es el WisdomTree USD Floating Rate Treasury Bond UCITS ETF, con un 3,07%: al llevar cupón flotante, cobra el tipo corto sin que la subida de rendimientos le pase factura en precio. Los tres figuran con un nivel de riesgo de 1 sobre 7, frente al 5 sobre 7 de los ETFs de tramo largo.

Un escalón por encima, en gestión activa y crédito, aparecen otros nombres. El PIMCO US Dollar Short Maturity UCITS ETF acumula un 3,42% en 2026 y maneja 2.312,5 millones de euros, con las letras a tres meses como referencia y una cartera gestionada de forma activa. El Pictet Ultra Short-Term Bonds USD suma un 2,92% en su clase P, con el tipo efectivo de los fondos federales como referencia.

Estos productos comparten con los anteriores el mismo problema de divisa, porque están denominados en dólares y un inversor en euros asume ese riesgo igual. Y tienen el reverso obvio de su virtud: si el 5,18% acaba siendo el techo y los rendimientos ceden, el tramo corto apenas capturará esa subida de precio. Quien compra letras a tres meses cobra el cupón del momento y poco más. La elección entre un extremo y otro de la curva no es de calidad de producto, sino de qué escenario se está dispuesto a comprar.

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Este contenido se ha elaborado bajo un criterio editorial y no constituye una recomendación ni propuesta de inversión. La inversión contiene riesgos. Las rentabilidades pasadas no son garantía de rentabilidades futuras.


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