Empezar a invertir ahorros
Independiente, joven y con los primeros ahorros estables en tu cuenta bancaria. Esta descripción es una de la que más se repite entre las personas que se empiezan a interesar por el mundo financiero y por empezar a invertir. Son, sobre todo, millenials que empezaron hace pocos años su vida laboral y cuentan con independencia suficiente y conocimientos básicos como para saber que si no ponen a trabajar su dinero la inflación se lo acabará comiendo. Hay otros perfiles, por supuesto, pero son menos. 

Aunque la mayoría de estas personas parte de un patrimonio limitado, como son sus primeros ingresos, también cuentan con una gran ventaja. Y es que, debido a su edad la capacidad de ahorro que pueden tener a largo plazo, por pequeña que sea, es muy superior a la de otros inversores más mayores. El problema es que si no cuentan con los conocimientos suficientes, una estrategia adecuada o la ayuda de algún asesor financiero que los oriente para rentabilizar su dinero pueden acabar sin sacarle ningún partido. 

 

Por este motivo, son muchos los que piensan que con cantidades pequeñas no pueden hacer prácticamente nada. Sin embargo, si nos focalizamos en el ahorro y nos comprometemos a aportar determinadas cantidades de manera periódica, tendremos acceso a un gran abanico de posibilidades en los mercados financieros dependiendo de cuál sea nuestra finalidad. Veamos por dónde empezar a invertir estas pequeñas cantidades de dinero

¿Qué hacer con mis ahorros?

Si estás pensando en rentabilizar tus ahorros a largo plazo lo más conveniente será empezar a invertir cuanto antes, ya que la volatilidad del mercado a corto plazo tendrá un impacto relativo para tu dinero. Lo más recomendable, si estás empezando, es invertir una determinada cantidad de dinero e ir haciendo pequeñas aportaciones periódicas que nos aseguren tener cierta rentabilidad en el futuro y capear la inflación. Además, siempre puedes ir incrementando estas cantidades en determinados productos con el paso del tiempo. 

Supongamos que vamos a empezar a invertir 1.000 euros. Si conseguimos ahorrar 300 euros de manera constante durante diez años, tendremos, durante los primeros doce meses, 4.600 euros y en 2030 habremos construido un ahorro de 37.000 euros. Con este punto de partida estaremos ante dos opciones:

  1. Dejar el dinero en una cuenta bancaria que nos de un 0% de interés. Con ello, perderíamos valor adquisitivo si planteamos un escenario en el que la inflación suba en torno al 2% cada año. Esto nos dejaría con un total de 30.232 euros.
     
  2. Invertir ese dinero. Con ella, la inflación también nos afectaría, pero si llevamos a cabo las estrategias adecuadas y obtenemos una rentabilidad media anual de entre el 7% y el 8% podríamos llegar a acumular un valor real de unos 46.000 euros (más de 56.000 euros sin descontar la inflación). Es decir, al cabo de diez años habríamos obtenido unas ganancias de en torno a los 10.000 euros.

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¿Cómo empezar a invertir dinero?

Una vez hayamos decidido dar el paso hacia la inversión y tengamos la cantidad de dinero a invertir, llegará la hora de hacerse otras preguntas. La más importante es el riesgo que se está dispuesto a asumir, es decir, ¿voy a estar cómodo si se producen caídas abruptas en el mercado? ¿Prefiero algo que me deje dormir tranquilo por las noches aunque implique menor rentabilidad? Para ello, será necesario analizar cuál es nuestro perfil inversor, que podrá ser conservador, moderado, o arriesgado. Si no sabes cuál es el tuyo, puedes analizarlo en esta herramienta que te proporcionamos desde Finect

Conoce tu perfil inversor

 

¿Dónde empezar a invertir ahorros?

Una vez sepamos cuál es nuestro perfil inversor podremos acudir a los mercados financieros a través de diferentes productos que se adaptarán a nuestras necesidades y objetivos de inversión. Algunos de ellos son los siguientes: 

1. Invertir en fondos de inversión

Una de las opciones más interesantes pueden ser los fondos de inversión, que nos permitirán acceder a activos y mercados que no siempre están a nuestro alcance. Se trata de productos que pueden ser contratados por inversores experimentados y también por aquellos que están empezando, pues están gestionados por expertos en la materia. Los fondos de inversión son una buena manera de tener una cartera compuesta por diferentes activos de distintas zonas geográficas y sectores, ya que su funcionamiento está basado en la inversión colectiva, es decir, agrupa el capital de muchos ahorradores y lo diversifica. 

Existen diferentes tipos de fondos que se adaptan a cada perfil inversor. Podemos encontrar desde productos para perfiles más conservadores (fondos monetarios o garantizados) hasta para los más arriesgados, que son los fondos que invierten en acciones de renta variable. Además, los fondos tienen otra ventaja para quienes empiezan a invertir a través de ellos. Y es que son activos líquidos que se pueden liquidar en pocos días en caso de necesitar el efectivo. Este es un punto importante para los inversores menos experimentados y con menos ahorros, ya que si en un momento dado se presenta un imprevisto y necesitan el dinero podrán rescatarlo de manera rápida. Además, también suelen tener flexibilidad a la hora de comprar participaciones, pues los límites mínimos de inversión suelen ser reducidos (desde 100 euros o el valor de una participación, por ejemplo). 

Dependiendo del tipo de fondo que elijas podrás obtener una mayor o menor rentabilidad. A nivel general, los productos que suelen obtener los mejores rendimientos son los de renta variable. Aquí puedes ver cuáles son los mejores fondos de 2021. Recuerda que rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras. Por eso, siempre es recomendable analizarlos a largo plazo. 

Eso sí, si es la primera vez que inviertes en este tipo de productos, lo mejor será que lo consultes con un asesor financiero para que te oriente.

 

2. Invertir en renta variable

Si estás dispuesto a asumir un mayor riesgo sobre tus inversiones, la mejor forma de obtener una mayor rentabilidad es a través de la renta variable. Invirtiendo directamente en acciones de bolsa se suele obtener un rendimiento muy superior al de cualquier otro activo. No obstante, este mercado suele experimentar una mayor volatilidad, por lo que será preciso diversificar y mantener la calma en caso de que se produzcan caídas bruscas. Lo recomendable es que, si no estás acostumbrado a invertir en bolsa, no inviertas todo tu dinero a la vez y en un solo activo. Hazlo con aportaciones periódicas, invirtiendo pequeñas cantidades de dinero, a largo plazo y diversifica. 

3. Invertir en crowdfunding

Se trata de una de las fórmulas más recientes en el mundo de la inversión. A través de crowfunding puedes invertir en acciones de empresas emergentes o start-ups que no cotizan en bolsa ni en otros mercados regulados. Este modelo te permite apoyar a emprendedores y hacer crecer sus negocios. No obstante, aunque te puede reportar grandes beneficios si sale bien, también es una de las opciones más arriesgadas, ya que algunos de los nuevos negocios que surgen a diario acaban en quiebra. 

En la actualidad existen diferentes plataformas a través de las que puedes invertir en crowdfunding. Algunas de la más conocidas son Kickstarter, Lánzanos, Crowdcube o Indiegogo, por ejemplo. 

4. Invertir en planes individuales de ahorro sistemático (PIAS)

Si lo que buscas es rentabilizar tus ingresos para tener un buen colchón cuando llegue la hora de la jubilación, otra de las opciones más atractivas pueden ser los PIAS o Planes Individuales de Ahorro Sistemático. Se trata de seguros individuales de ahorro a largo plazo que permiten completar la pensión tras la jubilación y que, a diferencia de los planes de pensiones, no es preciso esperar a los 65 años para disponer de ellos, por lo que tienen mayor liquidez. 

Uno de los principales requisitos que exigen estos productos para estar exentos de impuestos es que las aportaciones no puedan superar los 8.000 euros anuales ni los 240.000 en toda la vida del plan, por lo que se trata de un producto adecuado para pequeños ahorradores. Eso sí, a diferencia de los planes de pensiones, las aportaciones a estos planes no desgravan fiscalmente. 

5. Invertir en deuda pública para los más conservadores

Si lo que quieres es empezar a invertir casi "sobre seguro" también puedes valorar la posibilidad de invertir en deuda pública, aunque estarás sacrificando la rentabilidad que te pueden ofrecer otros productos. La compra de títulos de deuda pública consiste en la adquisición de deuda del gobierno de un determinado país. Es decir, le prestamos un dinero que luego nos devuelven con unos intereses.

Aunque el riesgo de este tipo de inversiones es mucho más reducido, lo cierto es que las rentabilidades también lo son. Por ello, si partimos de un patrimonio pequeño, una rentabilidad de este tipo no resulta tan interesante si la comparamos con otros productos de inversión. No obstante, en estos casos resulta siempre necesario evaluar el contexto económico. .

Dentro de los bonos, otra alternativa es la inversión en deuda de empresas. Las rentabilidades de los bonos corporativos suelen ser algo superiores, aunque también implican un poco más de riesgo. 

¿Cómo empezar a invertir pequeñas cantidades de dinero?

Uno de los problemas a los que se enfrentan muchos jóvenes inversores es a la barrera de las cantidades de inversión. Aunque en la actualidad ya es posible invertir en productos con comisiones cada vez más reducidas y con mínimos muy bajos, también existen otras alternativas para quienes quieren empezar a invertir dinero poco a poco y no quieren que las comisiones se coman toda su rentabilidad. 

1. Invertir en fondos indexados

Los fondos indexados son fondos de inversión cuyo objetivo pasa por replicar directamente el comportamiento de un índice bursátil concreto (Ibex 35, FTSE 100, S&P 500…). La estrategia de este modelo de inversión reside en recoger, en la misma medida, tanto las subidas de un índice como sus caídas, en vez de intentar batirlo. No obstante, en muchas ocasiones su comportamiento puede mostrar ligeras diferencias sobre su activo de referencia. 

La inversión en fondos indexados forma parte de la conocida como gestión pasiva y requiere, por tanto, de una menor actividad por parte del equipo gestor. La propia naturaleza de los fondos índice los hace diferir considerablemente de los fondos tradicionales de gestión activa, que son gestionados por las entidades gestoras con el objetivo de obtener una rentabilidad superior al mercado en el que operan. 

Esta gran diferencia entre los fondos indexados y los fondos de inversión tradicionales en lo que respecta a la gestión es la que beneficia considerablemente a los fondos índice, que se benefician de comisiones muy reducidas al requerir una menor implicación por parte del equipo gestor. Si quieres saber más sobre fondos indexados puedes leer esta guía. 

2. Invertir en ETFs o fondos cotizado

Otra de las opciones para empezar a invertir con bajas comisiones son los ETFs o fondos cotizados. Este producto es una mezcla entre fondos de inversión y acciones de bolsa, ya que es un fondo de inversión que se compra y se vende como una acción en vez de suscribirse y reembolsarse con participaciones como lo haría un fondo tradicional. 

Al igual que los fondos indexados, también utilizan la gestión pasiva para replicar un determinado índice de bolsa, por lo que sus costes son mucho más baratos que los de los fondos tradicionales. 

3. Invertir con un roboadvisor

Si queremos invertir a través de fondos índice o cotizados pero no contamos con los conocimientos suficientes, una de las mejores opciones para empezar a invertir es hacerlo mediante los roboadvisors. Estos son gestores automatizados que se apoyan en algoritmos para invertir en fondos (generalmente indexados) y dar servicio a inversores con patrimonios más pequeños, que pueder ir desde los 500 euros. En este artículo puedes ver una comparativa con los roboadvisors más baratos del mercado. 

¿Cuánto puedo ganar invirtiendo a largo plazo?:

DISCLAIMER: Ten en cuenta que rentabilidades pasadas no son garantía de rentabilidades futuras. Este artículo aporta sólo información sobre el comportamiento de diversos productos financieros y no constituye ninguna recomendación de compra. Tampoco constituye una proposición de asesoramiento financiero. Desde Finect creemos que cada inversor debe conocer bien los riesgos, informarse y comparar entre distintas opciones antes de contratar ningún producto o servicio financiero.